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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Debate colosal

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 4 de junio de 2006, 22:06 h (CET)
¡Mucho ojo! La vanidad y la estulticia de los hombres no disponen de las limitaciones adecuadas. Por eso, es frecuente que adquieran proporciones desaforadas. Máxime, por una curiosa tendencia, la de una fijación pertinaz por los GRANDES TAMAÑOS. ¡Ah, la grandeza! Pasó de ser una cualidad encomiable a confundirse con un frívolo muestrario caracterizado por las dimensiones a lo grandioso, sólo se enseñan las cosas grandes. Y aún no es la peor esa fijación indeseable como asiento de las preferencias. El Más rico, el más poderoso, el más bestia, el más...

Estos dias vivimos inmersos en esos debates parlamentarios propios de la revisión anual sobre el estado de la nación. No se habla y escribe de otra cosa. Cada cual se manifiesta allí como el mejor, el más grandioso, ya estamos con los más grandes. No se aprecia ningún tipo de autocrítica, ni en unos ni en otros. Tampoco sirven las oposiciones, porque de tan radicales, fanáticas o intolerantes, pierden su credibilidad más genuina. ¿DEBATE y DIÁLOGO? Me inclino a definirlo mejor como una exposición de monolitos sin ninguna relación entre sí.

Frente a esa obsesión por lo grandioso, la vida cotidiana se encarga de la demostración, de la muestra habitual, de las pequeñeces propias de la relación entre las personas. Así, las cuitas de las familias, los avatares laborales, los grados diferentes de enseñanza, como tantas otras cuestiones, desgranan las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos. ¿Se adaptan aquellos grandes debates a esas circunstancias? ¿Dónde radica la grandeza? ¿Los debates son el punto culminante? No será mala cosa el planteamiento de estos interrogantes. ¿Hay divorcio entre el supuesto gran debate y la realidad social?

Nuestro sin par Francisco de Goya era muy perspicaz ante esos comportamientos, algunas de sus obras reflejan de manera magistral estas realidades. Traigo a colación en estas líneas a una de sus obras inquietantes, "El coloso". Domina la imagen de un enorme gigantón, sin rasgos identificativos más precisos, como por encima de la realidad circundante, enfrentado al cosmos y en una actitud enigmática. ¿Dónde está situado? ¿En qué se apoya? Una de las lecturas sugiere la indefinición o soledad de ese gigante; el tamaño no le permite una concreción más atinada, por eso se refleja como un emigma, incluso con un tanto de aspecto terrorífico.

Tanto la figura del coloso, como la realidad que le rodea, presentan una notable escasez de rasgos definitorios. En vez de una claridad histórica y narrativa se refleja la inseguridad propia de la realidad humana. Aquí, en este terreno de las inseguridades, no aparece tanta diferencia entre los colosos o los normales.

Desde estas reflexiones, vuelvo al debate político aún calentito. Ante las grandilocuencias sin grandes oradores, presunciones y miserias, terquedades u orgullosas manifestaciones, no puedo dejar de lado la figura del coloso referido. En ese panorama dominan las pretensiones y se desdibuja la realidad social. ¿Hasta qué punto nos sentimos identificados con esas disquisiciones de salón?

Si nos referimos al lamentable relato de la INMIGRACIÓN. ¿Qué hemos aprendido sobre las labores de apoyo en los lugares de hambrunas y miseria? ¿Observamos al gobierno u oposiciones plenamente implicados en ese escalón? En un asunto tan importante tengo la sensación de lejanía ante una labor en común muy necesaria y de imperiosa necesidad. Aprecio demasiadas trabas ante personas necesitadas dispuestas a unos trabajos poco solicitados por los europeos en general. ¿No puede afrontarse de mejor manera el estudio y manejo de esta situación? ¿Debemos conformarnos con el desbarajuste de reproches mutuos entre un grupo político u otro?

Contrasta otro tipo de inmigración, la que me atrevo a denominar mafiosa, netamente relacionada con los ASALTOS VIOLENTOS, robos y demás atrocidades. ¿Vds. cómo valoran este nivel de inseguridad? ¿Nos vemos arropados por una preocupación paralela a nivel gubernamental? Por más que lo intento no distingo una reacción proporcionada a la envergadura de esas violentas actuaciones. Se mandan unos policías más a la zona de más reciente implicación y silencio administrativo. Pasarán a otra zona menos afectada y comenzará de nuevo la protesta. A mi modo de ver, situación angustiosa con mísera respuesta por parte gubernamental.

En cuanto a EDUCACIÓN y UNIVERSIDADES, ¿Acaso estaban ustedes pensando en la excelencia universitaria? ¿Dónde están los proyectos para mejorar los objetivos de la enseñanza? Con esas carreras universitarias de 3 años, con esa benevolencia a la hora del paso de un curso al siguiente, o con esa pobre respuesta a la violencia escolar; ¿Qué les parece? Únicamente nos situaremos en un horizonte de mediocridad y frustración. Estoy deseando todos aquellos signos indicativos de un auténtico progreso educacional, de la excelencia universitaria y demás; más no consigo detectarlos en las proximidades. ¿Interesan estos detalles a los colosos del debate nacional?

Observemos otro tremendo problema muy actual y extendido. Lo denominaría DESMESURA de los INTERMEDIARIOS. De tan frecuente y afectando a tantísimas personas, me asombra que no se desarrolle una auténtica protesta masiva y revolucionaria. ¿A qué me refiero? No necesitamos más que una observación sencilla en nuestros entornos. Si usted cultiva una fruta, el precio pagado al agricultor en origen se transforma en cifras abusivas de 10, 20 ó más incrementos, de cara al consumidor. ¡Ningún coste razonable explica esos desatinos! Pueden dirigirse a otros trabajadores, pescadores, negocios de la construcción, bancos, etc. A estos asuntos se les corresponde con el más perverso silencio.

Es decir, a los supuestos colosos los veo despistados, descentrados y hasta perversamente idos, alejados de los auténticos problemas. De esa manera, y continuando con nuestro Goya, los debates me recuerdan aquella obra del "Duelo a garrotazos". Absortos en su furia, prescinden del entorno, se acometen sin reflexión y son el centro de la escena. Queda el detalle nefasto, ambos luchadores se hunden en el barrizal. Pues eso, ¿todos en el barrizal?

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