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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¿Existe el peligro a la 'invasión económica' rusa a Europa?

Vladislav Inozemtsev
Redacción
domingo, 4 de junio de 2006, 22:08 h (CET)
Desde principios de 2006, el factor que determina la actitud de los europeos hacia Rusia es el papel que juega ésta como suministradora del petróleo y gas a los países del continente viejo. Pero últimamente hay inquietud por el hecho de que Rusia, que hoy cubre el 30% de las necesidades energéticas europeas, pueda aprovechar sus posibilidades para presionar no sólo a los países vecinos, sino a toda la Unión Europea. Las últimas declaraciones del gigante gasero ruso Gasprom sobre los planes de adquirir el paquete mayoritario de acciones de la distribuidora británica de gas Céntrica –y también de algunos otros operadores en Holanda y Alemania– han provocado una verdadera histeria en Europa. La empresa energética alemana E.ON incluso anunció que renunciaba a canjear los paquetes de acciones de sus empresas subsidiarias en Gran Bretaña y en Bélgica por el 25% de las acciones de la compañía Severneftgasprom, que controla el yacimiento Gas de Rusia del Sur. Esa transacción ya había recibido el visto bueno del presidente ruso Vladimir Putin y de la canciller alemana Angela Merkel cuando se habían entrevistado en Tomsk.

¿Acaso representan peligro los planes "expansionistas" de Gasprom? Sea como sea, no saquemos conclusiones precipitadas. Los europeos tienen muchas razones para aplaudir la presencia de las compañías rusas en el mercado europeo. En primer lugar, las leyes y reglamentos vigentes en la UE no permitirán que el control de Rusia sobre tal o cual empresa europea pueda convertirse en un dictado.

En segundo lugar, el mercado de valores ruso ha alcanzado cotas críticas de tensión. Los primeros síntomas de la inestabilidad aparecieron la semana pasada, cuando el principal indicador RTS (Sistema Comercial Ruso) bajó de los 1.765 hasta 1.318 puntos, lo que redujo en más de $155.000 millones la capitalización del mercado ruso. Las compañías públicas rusas estarían dispuestas a pagar precios muy altos por activos occidentales, lo que, sin lugar a dudas, es muy atractivo para los europeos.

Y en tercer lugar, mientras los rusos ansían por establecerse en el mercado europeo, los propios europeos también tienen una excelente posibilidad de ampliar su expansión en Rusia. El hecho es que a la medida que vaya incrementando la presencia estatal en la economía rusa, las compañías privadas estarán cada vez más interesadas en una fusión con socios europeos que no son obligatoriamente más grandes y fuertes que ellas.

A modo de ejemplo se puede citar la reciente fusión de la mayor empresa siderúrgica europea Arcelor con la rusa Severstal Group. El propietario de ésta, Alexei Mordashov, no poseerá el paquete mayoritario de las acciones de la nueva empresa. Es más, le transferirá todos los activos que tiene en Rusia, EE UU, Italia y Sudáfrica e incluso pagará un suplemento de 1,25 mil millones de euros. Ni Arcelor ni la comunidad empresarial europea pueden quejarse. Tales transacciones podrían llegar a ser algo rutinario si Europa renuncia a su rígida postura y abre para las compañías rusas las puertas que tiene cerradas herméticamente.

La penetración recíproca de las inversiones nunca había elevado el riesgo de un conflicto en las relaciones entre países. Por muy profundas que parezcan las contradicciones entre Estados Unidos y la UE, la confrontación es poco probable porque, entre otros aspectos, las compañías norteamericanas poseen en los países de la UE activos por $912 mil millones, y las compañías europeas en Estados Unidos, por $1,16 billones. Además, el comercio de bienes y servicios entre EE UU y la UE se calcula en 516,3 mil millones de euros anuales: casi tres veces menos que las inversiones acumuladas por ambas partes dentro de las fronteras de una y otra.

En el caso de la Unión Europea y Rusia, la cosa es algo distinta. El intercambio comercial en 2005 había superado 163,1 mil millones de euros con la particularidad de que las inversiones europeas en la economía rusa apenas alcanzaban 72 mil millones de euros; y las inversiones rusas en Europa, unos 14 mil millones de euros. Para llegar a la correlación 1:1 se necesitaría duplicar el "intercambio de inversiones" entre Rusia y Europa. Pero incluso así, el comercio bilateral sería tres veces menos intenso que el establecido entre Europa y EE UU.

De manera que resulta exagerado el peligro de una "invasión rusa" a Europa. Tanto en la economía como en la política, el reverso de cualquier amenaza son las nuevas posibilidades y horizontes. Hoy día se están echando los cimientos de la interacción Rusia-Europa y por ello es sumamente importante no perder de vista esas perspectivas.

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Vladislav Inozemtsev, Centro de estudios de sociedades postindustriales, para RIA Novosti.

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