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Escarmentar en cabeza ajena

El germen del mismo está en que ella se grabó en un documento de contenido claro y comprometido sentido sexual y se lo envió a la persona con la que mantenía relaciones
Manuel Villegas
miércoles, 29 de mayo de 2019, 15:30 h (CET)

España entera está sobresaltada y conmocionada por el terrible y luctuoso suceso que ha protagonizado Verónica, la mujer de 30 años que se ha suicidado por no poder sufrir la presión a la que se veía sometida especialmente en la fábrica en la que trabajaba.

Parece ser que los antecedentes de este hecho son que la referida, cuando vivía con otra persona, ella misma se grabó un vídeo el que aparecía en comprometidas acciones eróticas y que se lo envió a su pareja.

Por razones que desconocemos y que no vienen al caso, se separaron y ella comenzó una nueva vida con otro hombre.

El hecho está en manos de la Justicia que depurará las posibles responsabilidades que pueden tener quienes lo han difundido, ya que la propagación de vídeos íntimos de una persona, aunque se haya grabado con su consentimiento, está castigado por el Código Penal con prisión de distintos grados.

Procuraré ser lo más aséptico que pueda en el análisis de este aciago suceso.

El germen del mismo está en que ella se grabó en un documento de contenido claro y comprometido sentido sexual y se lo envió a la persona con la que mantenía relaciones. Ese acto es incontrovertible. Como se ha quitado la vida nunca podremos conocer si se lo mandó a otra persona. De la manera que fuese, el hecho es que el mencionado documento visual, recientemente ha llegado a dos mil quinientos, o posiblemente más, compañeros de trabajo. Ella no ha tenido fuerzas ni entereza suficiente para afrontar el hecho y ha optado por quitarse la vida, dejando sin madre a dos niños.

Sé que voy a remar contra corriente y que me expongo a que se me acuse de falta de sensibilidad, carente de sentimientos o quien sabe de cuántas cosas más, pero lo cierto es que desde antiguo se sabe que, si nadie quiere que se difunda un secreto suyo, lo mejor es no decírselo a ninguna persona.

Posiblemente ella, en su ingenuidad, lo mandó en su momento, a aquél con quien compartía vida, sin calibrar de ninguna manera las consecuencias que podría alcanzar.

Es patente hasta donde ha llegado el hecho: a la pérdida de la vida de la que cometió el error.

Es execrable, mezquino y miserable que la persona que lo ha difundido, posiblemente sin medir las consecuencias, haya cometido tal acción, pero no lo hubiese hecho si antes no lo hubiera tenido en su poder.

Hoy día, jóvenes y no tan jóvenes se hacen autorretratos (selfies para los que no quieren utilizar el español) y los difunden por las redes sociales, sin calcular las consecuencias, en muchos casos graves, que pueda originar esa inconsciente acción.

Muchos han perdido la vida al fotografiarse en lugares, excesivamente peligrosos, despeñándose por acantilados, o cayendo desde alturas inconcebibles, por el insano prurito de presumir ante sus amistades a las que querían enviar su fotografía.

Raro es el día en el que no recibimos la noticia de que unos jovenzuelos, en el colmo de su inconsciencia, han circulado con sus vehículos en dirección contraria o con excesiva velocidad, poniendo en grave peligro, no sólo su vida sino la de otras personas.

Lo insensato de esto es que presumen de ello y lo difunden entre sus amistades en un irracional acto de arrogancia, y reciben por ello, en muchos casos, la correspondiente sanción porque ha llegado el vídeo a manos de la policía.

En España hay una juventud, seria, trabajadora consciente de su responsabilidad, pero también existen muchos, en ocasiones demasiado jóvenes, faltos de cordura, inmaduros e inconscientes que, con tal de presumir ante sus amigos, llevan a cabo peligrosas acciones que les puede ocasionar perjuicios inimaginables.

Para ellos va este aldabonazo de atención. Se que la inconsciencia de la juventud es inconmensurable, pero espero que haya alguno que me lea y esta advertencia le sirva de vacuna contra tanta insensatez.

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