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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Un debate anodino

Raúl Tristán

jueves, 1 de junio de 2006, 23:59 h (CET)
Este pasado martes día 30, tocaba asistir a la representación en teoría más importante de las que se escenifican en el gran teatro en que suele convertirse el Congreso: el debate sobre el estado de la Nación (española, claro).

Tras escucharlo atentamente en la radio, no podemos decir que tal debate nos haya aportado un mayor conocimiento de la situación política, económica o social de nuestro país. Lo que hemos oído no ha dejado de ser una copia barata de aquello a lo que ya nos tienen acostumbrados nuestros democráticos representantes durante el resto del año.

Sin embargo, siempre se puede destacar algo, o como mínimo reflexionar sobre ello, y así vamos a hacerlo.

En primer lugar, quiero destacar las tablas con las que nuestro Presidente ha ido haciéndose a medida que avanzaba en el periodo de su mandato. Nada hay de la imagen que se nos quería vender del político inocentón, incluso panoli, del Bambi, del débil al que uno fácilmente puede pegar un revolcón en la arena política. Pero ojo, no digo esto alabando su figura, quede claro, pues las artes en las que Zapatero ha sabido ser maestro, experto sin igual, son las del engaño, el disimulo.

Bajo su aspecto inocentón, próximo al de las famosas palabras de Rajoy cuando lo calificó de “bobo solemne”, se esconde un personaje muy alejado de la máscara de concordia, de consenso y de talante con la que ha querido adornar su figura. Hemos tenido, a lo largo de estos escasos años, muchos momentos en los que se ha demostrado por activa y por pasiva la falsedad e hipocresía que escondían sus planteamientos.

Zapatero es un gran político, no me cabe ahora la menor duda, cuando al principio no me lo parecía. Pero señores, hay que admitirlo, zapatero está dotado de algunas de las mejores armas que puede esgrimir un político. Entre ellas, esa aparente disposición para el diálogo, que no ha sido nada más que eso, apariencia. Zapatero sabe adornar sus palabras, debatir con calma, sin alterarse, con la lección bien aprendida, con datos en las manos. Sabe decir a la gente lo que quiere oír, aunque luego no cumpla nada de lo prometido.

Zapatero tiene un discurso placentero, relajado, tranquilo, pero si se analiza se encuentra huero, vacío, viudo, es totalmente infértil o, en todo caso, si de él puede nacer alguna planta esta es la de la discordia, la revolución, la disensión. Sí, porque en estos pocos años de su Gobierno hemos visto abrirse, sin tener que hacerlo, debates innecesarios o para los que España aun no se encontraba preparada.

Llevamos mucho tiempo arrastrando el lastre con el que cargamos nuestras espaldas al iniciar una propuesta de estatuto para Cataluña. Como si en este país no hubiera nada más importante para el bien común. Tras él, otras comunidades han corrido a hacer lo mismo. Diferencias de financiación, discriminación lingüística... La España de las desigualdades está servida.

Se ha abierto el melón de la reforma de la educación, para cerrarlo en falso, o en un estado peor al que se encontraba. Se ha creado un Ministerio de la Vivienda que no ha dado fruto alguno, por más que haya servido para regalar zapatillas a los jóvenes. Hemos priorizado, en la esfera internacional, las relaciones con países cuyos mandatarios se alejan bastante de lo que podríamos considerar como cánones democráticos, y sin embargo no hemos alejado de Europa. Hemos visto impulsar una Ley de “papeles para todos”, en contra de los criterios de la Unión Europea, y que lejos de solucionar el grave problema de la inmigración ilegal nos ha supuesto por el contrario un incremento de la misma, con un efecto llamada de consecuencias desastrosas, entre las que podemos citar la presión que sufren las Canarias y el exponencial aumento de la inseguridad ciudadana. Hemos visto hacer Leyes antitabaco que no han sido tales (la gran mayoría de los establecimientos permiten fumar), o manipular la legislación a su antojo en un intervencionismo exacerbado en el caso de la OPA a Endesa por Gas natural, con un marcado carácter de precio político pagado a Cataluña a través de La Caixa.

Así podríamos seguir por espacio de folios y folios, pero no es el momento. El caso es que zapatero se ha mostrado como un excelente animal político, en el terreno de la dialéctica, del arte de adornar sus palabras, de aparentar desayunarse todas las mañanas con el espíritu sesentero de los hippies: paz y amor. Pero tras ese rol que se ha adjudicado se esconde un político que ha hecho caso omiso de la sociedad, que se ha saltado los consensos, que ha dividido a los españoles en procatalanes o anticatalanes, que ha optado por aliarse con los nacionalistas (a los que después ha apuñalado por la espalda), que ha dejado “cadáveres” como Maragall, Carod, Bono... Después de haberlos utilizado en beneficio propio.

Podemos decir que el balance de estos años es negativo.

Por otro lado está el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Rajoy no ha logrado despegar.

A los primeros intentos de vuelo autónomo, abortados por la desgraciada omnipresencia de Aznar, siguieron etapas en las que se ha visto “escoltado” por sectores de extrema derecha y del nacional catolicismo de su partido. El PP ha intentado transmitir una imagen de modernidad, de liberalismo centrista, que no ha calado por culpa de las propias bases, que conforman una gran mayoría de gentes de pensamiento para nada moderado, para nada centrista, para nada liberal.
Tampoco ha habido imagen de unidad en el PP. Prueba de ello son las disensiones internas que ponen en un brete a Rajoy cada dos por tres. Su cabeza pende continuamente de un hilo, llegándose a dudar de si será de nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno, pero dejando más que claro que no gozará del beneplácito general para una tercera oportunidad. Gallardón y Aguirre, con su particular combate de boxeo, ponen de manifiesto que se disputan algo más que la Alcaldía o la comunidad de Madrid. Lo que está en juego es un línea de partido, una forma de entender la derecha, un nuevo candidato a Presidente.

Sobre Rajoy podemos transmitir al menos dos ideas más. Una, que lo que ayer planteó durante el Debate estaba total y absolutamente cargado de razón, de realidad, de verdad, por más que Zapatero, sin entrar a debatir sus años de mandato, se limitara a hablar del pasado. Creo que la mayoría de los españoles podríamos considerar que lo que Rajoy expresó era nuestro sentir respecto de la situación actual de España. Pero Rajoy apareció nervioso, inseguro, sin el aplomo que la situación requería. Desde mi humilde punto de vista, y es la segunda idea sobre Rajoy, Zapatero da la impresión de ser el alumno que ahora es profesor y se sube a la tarima, teniendo delante a toda la clase. Rajoy, que ha sido profesor, parece un alumno atemorizado ante el catedrático hueso de turno. Eso sí, la mejor y más certera definición que Rajoy hace de Zapatero es que éste no tiene una visión de España, no tiene un proyecto político ordenado, sino que actúa a salto de mata, por impulsos, y eso es un hecho del todo innegable, todos lo vemos.

Por lo demás, un debate anodino, pues no ha sido sino la continuación de lo que a diario venimos sufriendo en este nuestro ruedo celtibérico.

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