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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Emigración, seguridad ciudadana y convivencia

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 2 de junio de 2006, 00:02 h (CET)
Desde hace algún tiempo el tema de las emigraciones viene ocupando tiempo y espacio en todos los medios de comunicación mientras todas las encuestas muestran la preocupación de los ciudadanos españoles por este tema de difícil solución y que puede llegar a agravar la convivencia en las tierras de España, a no ser que se tomen las medidas oportunas.

Últimamente, desde algunas tribunas públicas, el Sr. Acebes concretamente, se ha intentado trasladar a los españoles una conexión entre emigración y delincuencia. Y aunque las últimas detenciones efectuadas por los cuerpos de seguridad, tanto estatales como autonómicos, han sido, en su mayoría, de ciudadanos de países del Este de Europa es muy peligrosa esta asimilación entre emigración y delincuencia. Afirmaciones de este calado pueden dar lugar a extender la xenofobia entre la ciudadanía y a propiciar la aparición de políticas “lepenistas” por estas tierras.

Recuerdo un viaje a París a principios del 1975 donde me extrañó ver que la mayoría de las personas que barrían las calles parisinas eran de raza negra. Ahora y aquí paseando por las calles de cualquier ciudad española observamos que muchos de los obreros de cualquier construcción u obra callejera son gentes llegadas de allende nuestras fronteras y que la mayoría de nuestros ancianos son acompañados por mujeres con claros rasgos latinos. Como todo, tarde pero llega, el fenómeno de la emigración también se ha instalado entre nosotros.

Las pateas han dado vía libre a los cayucos. Ahora los desheredados de la tierra ya no vienen desde nuestro vecino Marruecos. Hoy se juegan la vida luchando contra las olas del océano viniendo de más lejos, desde la profunda África negra donde el hambre y las guerras hacen que su esperanza de vida no sobrepase los 45 años. Ante tan negra perspectiva no dudan en jugarse vida y hacienda para intentar llegar a una vida mejor. Pero son muchos más los que llegan, con visado de turistas, desde Latinoamérica a nuestros aeropuertos o los que atraviesan las fronteras por caminos recónditos de Gerona procedentes de los antiguos países de la órbita comunista.

Estoy convencido que la mayoría viene en busca de trabajo y una vida mejor, pero entre ellos también se mezclan los sicarios del narcotráfico y los miembros de las mafias búlgaras y rumanas. Y aquí es donde las autoridades deben ponerse las pilas y tomar las medidas convenientes y si se hace necesario cambiar el Código Penal cambiese. No es posible que España sea un paraíso para los delincuentes, tanto los de cuello blanco como los que utilizan subfusiles y tácticas militares para atemorizar a la población.

Pero también es necesario establecer medidas de integración para aquéllos que tan sólo tiene la intención de encontrar un trabajo. Y hay barrios en las grandes ciudades en los que la población foránea supone un alto porcentaje. Estas gentes acostumbradas a otros modos de vida, generalmente hacinados en pequeños pisos, pueden llegar a producir choques con los vecinos de siempre. Se de lo que escribo, vivo en un barrio de gente trabajadora que ahora ve que muchos propietarios alquilan, a precios astronómicos, sus pisos a latinos y en escasos 60 metros se hacinan hasta tres familias que no abandonan sus costumbres: gritos, peleas y la música alta hasta altas horas de la madrugada. No se trata de que abandonen sus costumbres pero si de que se integran en las nuestras. Unos y otros podemos salir ganando con el multiculturalismo.

Se que a algunos este artículo les parecerá poco o nada políticamente correcto pero tenemos entre las manos una bomba a punto de explotar. Emigración si, pero con los necesarios controles. Nosotros también hemos sido emigrantes, a veces con papeles y otras sin ellos. Recuerdo, al respecto, unos versos que hace tiempo escribí y que dicen:

“No volem recordar que fa poc temps encara
escombravem carrers d’Alemanya o Suissa”

“No queremos recordar que hace poco tiempo todavía
barríamos calles de Alemania o Suiza”.

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