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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Jerusalén y el éxodo

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
jueves, 1 de junio de 2006, 00:38 h (CET)
Este miércoles se celebra la efemérides del decreto de expulsión de los judíos, que deberían realizar en un plazo máximo de cuatro meses, firmado en 1492 por los Reyes Católicos. Cinco siglos de estigmatización pasados por un holocausto, no han sido suficientes para el pueblo de Israel para poder vivir en paz. El creciente multiculturalismo de los Estados Unidos fue y es adalid de la defensa del Estado de Israel, como para ser decisiva la postura de los dos grandes partidos ante este tema para poder gobernar. La proclamas para borrar Israel del mapa, del fundamentalista presidente de Irán, unido al no reconocimiento del Estado de Israel por parte del gobierno palestino de Hamás, es constante bélica en sus vecinos inmediatos.

Jerusalén (Este) como asentamiento de las tres religiones monoteístas, con la Iglesia del Santo Sepulcro para los cristianos, el Muro de los Lamentos (resto del Segundo templo de Jerusalén) para los judíos, y la Cúpula de la Roca en la Explanada de las Mezquitas para los islámicos, proyecta cuatro barrios por estos pueblos y el barrio armenio. La aspiración de los árabes palestinos para que la zona este de Jerusalén sea la capital de su Estado, se confronta con la declaración de Israel como su "capital eterna e indivisible".

Israel garantiza a los residentes en Jerusalén Este de todos los beneficios sociales incluidos la pensión y la sanidad, así como documentos de identidad para la libertad de movimiento en todo el territorio israelí. Parece lógico que el Ministro del Interior israelí, Ronnie Bar-On, inste a cuatro parlamentarios palestinos de Hamás que residen en Jerusalén Este que si no renuncian al partido no podrán continuar residiendo en la ciudad. Treinta días se les concede para decidir entre Hamás que niega Israel o estar con ellos. Sin entrar en el análisis de la ocupación israelí de 1967, el extremismo de las decisiones ante la violencia existente, es objeto de reflexión de las expulsiones por motivos de integridad nacional. La frase del ministro "resignaréis o no estaréis con nosotros", recuerda a los cincos siglos de antaño. ¿Podrán llegar algún día a entenderse las grandes religiones bajo la égida del ecumenismo, cuya siembra Benedicto XVI continúa la de su antecesor?

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