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La izquierda como una alternativa

Vladimir Simonov
Redacción
jueves, 1 de junio de 2006, 00:38 h (CET)
Ya es lugar común la afirmación de que en vísperas de la reunión en la cumbre del G8 en San Petersburgo, las relaciones de Moscú con Washington y Bruselas traen a la mente la época de la “guerra fría”. Como una prueba de peso de esta tesis se cita la invectiva que se permitió hacer el vicepresidente de EE UU, Dick Cheney, en Vilnius, acusando a las autoridades rusas de “practicar una injusta e inoportuna restricción de los derechos de su pueblo”. Cheney hasta insinuó que las críticas a la realización de la democracia en Rusia podrían constituirse en uno de los temas de la reunión en la cumbre.

Comparados con estos tétricos pronósticos, los ánimos reinantes en Moscú en víperas de la reunión de julio de los líderes mundiales parecen ser expresión misma del optimismo. Aquí reconocen que en la prensa occidental en los comentarios dedicados a Rusia predomina el tono negativo, pero expresan el convencimiento de que ello difícilmente repercutirá en la labor del foro de San Petersburgo, que va a centrar su atención en tres temas centrales ya declarados: los problemas de la seguridad energética global, la lucha contra las enfermedades infecciosas y la educación, pero no en cómo Rusia empieza a desarrollar sus instituciones democráticas.

De este parecer es, en particular, Igor Shuvalov, asesor del presidente Putin, que se ocupa directamente de preparar la reunión del G8. Shuvalov realizó en abril un viaje a Washington, sin descubrir allí ningunos indicios de que el tema de la observancia de las normas de la democracia en Rusia pueda aflorar en la reunión. “No creo que se plantee este problema”, dijo él entrevistado por un popular periódico de Moscú. Hasta le dio la impresión de que la Administración de EE UU ya quisiera hacer parar las críticas que la prensa estadounidense le dirige a Moscú después de aprobada en Rusia la ley de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) en primavera de este aсo, pero es incapaz de hacerlo.

Las críticas fueron suscitadas por una errónea interpretación de las intenciones de Putin. A Occidente se le dio la impresión de que las ONGs le irritan a Putin y él quiere taparles la boca, lo que Shuvalov ha caracterizado de “absoluta estupidez”. La línea del Kremlin se reduce a que tales organizaciones son útiles para el desarrollo de la democracia en Rusia. Contra lo que se opone Putin es contra la utilización de ellas durante las campaсas electorales por otros Estados con el fin de financiar a determinadas fuerzas políticas, como ello sucedía, por ejemplo, en Georgia y Ucrania.

La ley de las ONGs no es un dogma. El presidente ha encomendado al Ministerio de Justicia velar por que su aplicación no lleve al cierre de la actividad de tales organizaciones en Rusia. La Cámara Pública, un nuevo órgano nacional prestigioso, integrado en su mayoría por representantes de estas mismas organizaciones, dentro de poco va a presentar su informe sobre la vigilancia realizada en materia de aplicación de la ley en cuestión. Si surgen algunas dudas, se introducirán enmiendas en la labor de los organismos de poder, dice Shuvalov.

La historia en cuestión es un ejemplo de cómo a veces unas valoraciones erróneas - y a menudo preconcebidas - del proceder de las autoridades rusas provocan una avalancha de críticas en la prensa estadounidense y a veces también de parte de personalidades oficiales. Pero hasta los funcionarios del más alto rango, cuando se encuentran a puerta cerrada entre los suyos, fuera del alcance de las cámaras y micrófonos, a menudo se desvían bruscamente de la tradicional actitud crítica hacia Rusia. Shuvalov ha citado una manifestación bastante interesante hecha durante la reunión del G8 del aсo pasado por uno de los líderes: “No todos ustedes apoyan lo que hace Vladimir Putin, alegando para confirmarlo ciertas normas democráticas. Pero él procede con absoluta corrección, llevando a Rusia a una democracia real” (Shuvalov no dio el nombre de él). En Moscú esperan que el espíritu de esta manifestación se imponga también en la reunión de San Petersburgo.

En la entrevista concedida por el asesor más cercano del presidente de Rusia - tanto con el motivo de la reunión del G8 como con la de Rusia – UE – salta a la vista un tono de seguridad. Es obvio que el asesor refleja los ánimos de su jefe. Putin obra con mucha firmeza hoy día, seguro de la creciente importancia de Rusia en la palestra internacional. Él no está gastando bromas, al afirmar que no va a sacrificar los intereses nacionales de Rusia en ningún caso, trátese del ingreso en la OMC o de la ratificación del Tratado de la Carta Energética.

En la Unión Europea deben comprender los recelos de Rusia , ella no quiere quedarse “aderezada y sin novio”, si en Bruselas le dicen un día: “Muchas gracias por todo, no necesitamos más su mercancía, usted es libre y puede irse a dónde le dé la gana”.

O sea que hace falta dejar de interpretar la seguridad energética sólo desde posiciones del cliente. En un grado igual la necesita también el productor.

Un importante aspecto de la garantía de la seguridad energética “en dos sentidos” es la posibilidad de intercambiar haberes energéticos entre Rusia y Europa. Moscú no oculta estar interesado en tal método de integración en el sistema energético global. Según explica Igor Shuvalov, ese intercambio de haberes energéticos le ayudaría a Rusia en los planes de desarrollar una economía basada en conocimientos pero no sólo en petróleo y gas. Pero Bruselas se inclina a ver sólo la ruta de un sentido. Cuando BRITISH PETROLEUM adquiere haberes en Rusia, dice que ello está bien, que se trata de una inversión. Pero si GASPROM desea tener acceso a la privatización de GAZ DE France o se interesa por el precio que podría tener la compaсía británica CENTRICA, le dicen: ¡Manos quietas!, interpretándolo como una expansión agresiva de Rusia.

La feliz culminación de la reunión en la cumbre del G8 y el futuro de las relaciones de Rusia con Washington y Bruselas dependen en grado decisivo de si sus líderes logran acordar no oponer trabas a la penetración energética mutua. A juzgar por lo que dice el asesor del presidente ruso, Vladimir Putin está seguro de que ellos sabrán hacerlo.

En Rusia admiten que esta seguridad de él no provoque mucho entusiasmo en algunos de los futuros participantes de la reunión en San Petersburgo. Igor Shuvalov ya lo tiene previsto y lo comenta del modo siguiente, al hablar con políticos occidentales: “Tenemos al presidente Putin y a un seguidor suyo. Una alternativa para ellos es la izquierda. ¿Quieren ustedes tratar con ella?”

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