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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

Un tsunami en Barcelona

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
martes, 30 de mayo de 2006, 22:53 h (CET)
Se han cumplido dos años del maremoto en Asia, el famoso tsunami que dejo alrededor de 4.000 muertos… pero eso hoy ya no es noticia. No parece importar lo que ha ocurrido después de la tragedia ni cómo sobrevive allí la gente tras la desgracia.

Sentado sobre la arena y mirando al mar, el otro día intenté imaginar la terrible sensación de aquella gente que disfrutaba de sus vacaciones, o de los lugareños que hacían lo imposible por sobrevivir con sus posibles. Bastó una ola para romper toda la tranquilidad y arrasar con todos los sueños y las ilusiones de los allí presentes. Gente que estaba en el lugar equivocado mientras otros volvían a nacer al no haber viajado a última hora.

Por un momento vi esa ola levantando el mediterráneo, y ni siquiera la voz de Serrat podía impedir que su fuerza arrasase con la ciudad de Barcelona. ¿Se imaginan? Una de las ciudades más turísticas de Europa sumida en el caos, gente inocente que muere y otra no tan inocente saldando cuentas con su destino; pequeños camellos con los que la policía no perdía el tiempo o policías que imponían la ley con su placa y a golpe de porra. Santos e inocentes, gente que valía más de lo que pensaban y personas que se creían más de lo que realmente fueron.

De repente, todos están unidos por la desgracia. Ricos y pobres luchando por su vida, nadando contra la desesperación. De nada les ha servido el tiempo que han dedicado a su trabajo y el que han quitado de estar con su familia o amigos, el tiempo que decidieron perder de su propia vida a cambio de algo que consideraban mejor.

Poco antes del desastre una joven agobiada pone un anuncio en Internet. Busca a un chico y finalmente contacta con él, pero no se decide a conocerle en persona. Durante una semana ha leído todos los anuncios del foro, ha escrito algunos de ellos y ha respondido sólo a unos pocos; los que buscaban algo más que el resto… aquello tan normal y sencillo pero a la vez difícil, únicamente a alguien diferente. Finalmente ella decidió pasear cerca de esa playa en lugar de acudir a la cita que le propuso el desconocido.

Suena un clásico en la discoteca de moda, los turistas beben y de vez en cuando bailan. A los jóvenes españoles, y a los catalanes, no les importa la música, sólo buscan su objetivo esa noche. La discoteca se convierte en un mercado nocturno, hombres que compran y mujeres que se venden a cambio de una copa o a precio directamente, y entre las ofertas, hombres que pujan una y otra vez en la subasta del… ¿amor? Al final siempre hay un/a vencedor/a y vencido/a. Finalmente, el combate se decide en los puntos y tener tatuajes o piercings suma una buena parte de ellos, el resto se debate según la mayor cantidad de músculos de ellos o el menor número de kilos de ellas.

Aunque hay sitio para todos, Barcelona es mucha ciudad y sólo viven unos cuantos, el resto sobrevive deambulando. No importa cuantas carreras universitarias tengas, aquí sólo sale adelante el más listo, no el más inteligente. Aunque ahora que lo pienso, no hace falta ser muy inteligente ni demasiado listo para sacarse una carrera hoy en día… hasta yo podría hacerlo si me lo propusiera de verdad.

Mañana no irá nadie a trabajar, es hora de hacer un recuento de los muertos. Es la mejor excusa para volver a llenar los bares y las calles comentando lo que ha sucedido. “Que bueno era aquel” o el “Se lo merecía” irá de boca en boca, ninguno está a salvo de una critica. Nadie se imaginaba una catástrofe de esta índole por aquí, las desgracias siempre cayeron muy lejos y nunca hubo verdadera intención de preocuparse por nadie más que por uno mismo.

En realidad, por ahora no hubo ningún tsunami, pero cada día muere más gente nada más levantarse de la cama por la mañana. Cada vez se valora menos lo que se tiene, es preferible desear la abundancia de nada a conservar lo poco que se tiene. Esto no es más que el recuerdo de lo que pasó en otro continente y lo que tal vez, de alguna manera, lo que esté pasando aquí a la espera del maremoto. Quizás, si algún día llega, aprenderemos a valorar lo que tenemos, luchar por lo que nos falta y a cumplir con todo o que soñamos y no somos capaces de realizar.

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