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Guam, ¿alternativa energética a Rusia?

Alexei Makarkin
Redacción
lunes, 29 de mayo de 2006, 21:41 h (CET)
En la cumbre de Kiev, la asociación regional GUAM (Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia) adquirió nuevos estatus y nombre: “GUAM, organización por la democracia y el desarrollo económico”.

La referencia a la democracia guarda similitud con otro proyecto parecido: Comunidad de la Opción Democrática. La única diferencia consiste en que forma parte de GUAM Azerbaiyán, país que en Occidente en modo alguno es considerado modelo de la democratización en el espacio postsoviético. Recordemos que la presidenta de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, Elsey Haastings, caracterizó en términos inequívocos los recientes comicios parlamentarios en Azerbaiyán: “Las infracciones que vimos, sobre todo en el día de la votación, nos obligan a sacar la conclusión de que los comicios no corresponden a los compromisos internacionales asumidos por Azerbaiyán”. Pero cuando se trata de problemas serios, los países consumidores de hidrocarburos
se muestran mucho más condescendientes hacia los países productores de petróleo.

Pero si la identidad democrática de la nueva organización parece tan sólo una declaración dirigida a los países occidentales, el “desarrollo económico” da mucho pábulo para reflexiones. Al inicio, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíev, manifestó que el tema central de la cumbre sería la energía. Luego, su homólogo ucranio, Víctor Yuschenko, declaró: “Azerbaiyán posee enormes reservas de petróleo, Ucrania posee posibilidades únicas de tránsito. ¿Por qué no unir estas posibilidades?”. De este modo, los países miembros de GUAM dan a entender que se proponen crear una alternativa energética a Rusia. Pero ¿hasta qué grado es viable esta alternativa?

Según Alíev, los países de GUAM constituyen un “corredor natural entre Asia y Europa, entre la cuenca del Caspio y Europa”. El mandatario azerbaiyano enfatizó que la articulación de una infraestructura de transporte predeterminaría para muchos años un feliz desarrollo económico de los países miembros de esta organización. Pero la política real toma en consideración no sólo planes estratégicos sino también perspectivas inmediatas que presentan no pocos problemas.

Yuschenko planea suministrar energía eléctrica ucraniana “al Cáucaso y más allá”. Pero en este caso concreto, Ucrania tendría que enfrentarse con un competidor como Rusia que geográficamente está mucho más cerca de los clientes y puede suministrarles electricidad en términos más ventajosos. Así que de momento, estos planes semejan las ideas de Julia Timoshenko que, siendo primera ministra de Ucrania, promovió el ambicioso proyecto de construcción, junto con la compañía Gas de France, del gasoducto desde Irán para ofrecer a Europa una alternativa al gas ruso. Ahora ni siquiera lo recuerdan. Y no sólo debido al drástico agravamiento de las relaciones entre Occidente y Teherán sino también en virtud del alto coste del proyecto.

Tampoco son viables proyectos petroleros conceptualmente nuevos con la participación de Azerbaiyán y Ucrania. Recordemos que el año pasado, en un ambiente solemne fue inaugurado el oleoducto Bakú – Tbilisi – Ceyhan (en este caso, el país que cobra por el transporte de crudo es Georgia), pero aun antes de este suceso, expertos habían advertido que las reservas del petróleo azerí podrían resultar insuficientes para un proyecto tan ambicioso. No cabe olvidar que el petróleo en Azerbaiyán se viene extrayendo todavía desde la época de los zares, y los yacimientos antaño ricos se agotaron sustancialmente. El proyecto será redituable sólo en el caso de la participación de Kazajstán, lo que procuran conseguir los norteamericanos, insistiendo en la construcción del Oleoducto Transcaspio. Pero Ucrania no tiene nada que ver con ello.

Ahora para Ucrania el principal tema energético es el relativo al gas. Y no es casual que precisamente este problema (en lo concerniente a la cooperación entre Ucrania y Azerbaiyán) no se haya mencionado en la cumbre. Parecería que hay cosas que discutir, pues el próximo año, por el gasoducto Bakú – Tbilisi – Erzerum a Europa se suministrará gas extraído del yacimiento Shaj-Deniz (Azerbaiyán). Pero echemos un vistazo al análisis de la situación hecho ya hace dos años por Alexander Medvedev, vicepresidente del consejo de dirección del consorcio Gasprom. La primera fase del yacimiento Shaj-Deniz no supera 7.000 millones de metros cúbicos, de los que 4.000 millones corresponden a Turquía y a Georgia. Queda menos de la mitad, lo que no puede ni compararse con el volumen del gas ruso suministrado a Europa. De este modo, el gas azerí podría devenir un instrumento para Saakashvili cuyo país tiene la ventaja de lindar con Azerbaiyán, pero no para Yuschenko.

Resulta que el partenariado energético en el marco de GUAM es muy hipotético. En tal caso, ¿para qué sirve esta organización? Lo más probable es que en un futuro visible ejerza la función de alternativa a los proyectos rusos en el espacio postsoviético, incluyendo el Espacio Económico Único (EEU). Por algo en la cumbre de GUAM se acordó crear la zona de libre comercio como una especie de contrapeso al EEU.

Las evidencias apuntan a que Europa no arde en deseos de admitir en su seno a los neófitas postsoviéticos, pero estudia gustosamente las variantes intermedias de coaliciones internacionales prooccidentales, una de las cuales es GUAM. Pero hay mucho trecho entre las declaraciones de intenciones y su materialización práctica en proyectos energéticos concretos, relacionados con las perspectivas no sólo de los vecinos Azerbaiyán y Georgia sino también con las de otros países de esta alianza.

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Alexei Makarkin es Director General adjunto del Centro de Ingeniería Política, para RIA Novosti.

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