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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Proyectos de hombre

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 28 de mayo de 2006, 23:08 h (CET)
Somos muy proclives a la colocación de etiquetas. No sólo utilizamos adjetivos calificativos, tendemos a dejarlos colgados sobre las personas de referencia, a pesar de que sabemos de la imposible clasificación permanente de las personas. Existen muchos matices en ellas, se producen constantemente cambios y, por lo tanto, no parece propio eso de fijar los calificativos.

Sin embargo, en ocasiones son útiles para nuestros esquemas mentales, nos permiten los razonamientos basándonos en esos conceptos previos; aunque esa utilización sea momentánea. Aunque se trate de simples comparaciones para una mejor apreciación de las diferencias entre unos y otros.

Si dejamos aparte al que pudiéramos referirnos como hombre ANTIGUO, comprendiendo como tales a los protagonistas de la mera supervivencia, esclavos, guerreros, medievales o muchos otros; es interesante detenerse en la observación de otros estilos de ejercicio como humanos. No se trata de menosprecio a lo antiguo, sino de simple atención a formas más próximas al siglo XXI.

Los ensayistas de toda laya o condición, también la literatura o el cine, se han prodigado en estudios y referencias sobre el hombre BURGUÉS. Digamos que enfrascado en la búsqueda de su seguridad, mantuvo una laboriosidad de gran nivel y fue capaz de constituirse en adalid de determinadas virtudes sociales. Ahora bien, esa estructura en pos de la estabilidad no se libró de ciertas deficiencias, excesivas normas, estructuras sociales acartonadas, no demasiadas inquietudes y tendencia a una excesiva actitud acomodaticia.

Como la vida sigue ofreciendo variaciones, evolucionan las ciencias y los conocimientos nuevos nos abruman; eso convirtió en muy difícil la permanencia de los burgueses en aquellas formalidades mencionadas. Avasallados unas veces, atónitos ante la sucesión de acontecimientos, o simplemente, sobrepasados por la vorágine. En estas tesituras pueden quedar englobados en la pura melancolía, mera lamentación, o acaban transformados en otras tipologías de seres humanos, como algunas de las que voy a comentar.

Les invito a leer el trabajo de Fernando Bayón en la revista Anthropos, primer número de este año. Efectua una amena aproximación al hecho burgués, con referencias a la obra de Thomas Mann, y sus vivencias ambientadas en lo germánico. Allí nos recuerda una cita del autor alemán que hace referencia a la siguiente figura humana a la que quisiera referirme, el hombre GÓTICO.

Escribe Thomas Mann: "¿Sabéis quién ha llegado? ¡El hombre gótico! ¿No habéis oído hablar aún del hombre gótico? Entonces estáis mal al corriente. El hombre gótico es el hombre de la nueva intolerancia...el hombre fanático". En ese elemento apreciamos como, lejos de superarse el efecto burgués por una mayor inquietud, por una hipocresía menor, por un mejor conocimiento de las cosas; ¡Nada de eso!, se abandonó la rutina por la desfachatez y la desvergüenza. Prescindimos de las convenciones que llamábamos ridículas, para embobarnos con otras totalmente arbitrarias, rígidas, que nos dejan estupefactos. Una vez ubicados entre fanáticos, no cabe otra, el dominio lo ejercerá el más fuerte; aquí crece el desamparo de las personas ante esas actitudes increíbles. Los hubo, haylos y no veo posible prescindir de esos iluminados.

Los ropajes con que se adornan son multicolores, pueriles en ocasiones, pero nefastos y desconsiderados para con los demás. Pasen y vean, profesionales mediocres, politicastros, asi como un enorme muestrario visible para todo aquel que quiera observarlos. Lo triste es que resulta más cómodo no enfrentarse a ellos, mirando a otra parte.

Por ende, nos avasallan las informaciones, avances científicos alucinantes nos aturden y ya no sabemos donde está el meollo de cada asunto. ¡Tantas referencias! ¡Tantas curiosidades! ¡Tanta gente vociferando! Aunque luego se digan pocas cosas con fundamento, eso pasa con frecuencia. Entramos ya de lleno en la siguiente figura del hombre DISPERSO. Aquí, allá y en todos los frentes; aunque no lo encontraremos demasiado fácilmente en ninguno. Qué curiosa paradoja, en una época globalizante por excelencia -no se habla de otra cosa en los diferentes medios-; cuesta demasiado encontrarse con la entereza de la persona humana. De ahí la escasez de criterios y el funcionamiento a fuerza de impulsos erráticos.

Así va gestandose el hombre CRISPADO. Abrumado por los puyazos de cualquier tipo que le caen encima desde todas las esquinas. Inseguridad laboral, hipotecados hasta la médula, estructuras de enseñanza cada vez más alejadas de la persona, frivolidad ambiental y en los medios, o tantas otras realidades insatisfactorias. Sin criterios y abrumados, no será extraña una reacción intempestiva, con los nervios dispuestos a electrizarse al menor contratiempo. Los límites educacionales, el atemperamiento cultural, quedan muy desmejorados entre la espontaneidad asilvestrada que se va generalizando. Es un tono vital fácil de observar en los diferentes ambientes a los que nos aproximemos.

¿Dónde hallaremos el nuevo eslabón y más satisfactorio? ¿En qué dirección debemos caminar? ¿Será cuestión de gestar un nuevo proyecto? Son tantas las maneras de medrar y falsificar las cualidades, que asustan nuevas propuestas. ¿Qué nos vendrán a proponer ahora? Se tiende a permanecer aturdidos e irreflexivos, y para disimularlo nos disfrazamos con alguno de los títulos mencionados.

Quizá no sea tanto cuestión de un nuevo especímen, sino de un razonamiento más equilibrado. No dejarán de originarse distorsiones, amenazas o hecatombes; pero de forma similar tampoco tienen por que desaparecer las señales creativas, las mejores cualidades e incluso los mejores sueños.

En todo caso, si se crea un nuevo hombre, que no nos lo creen entre golfos o mequetrefes de la alta gestión y finanzas. Que dejen la elaboración a una existencia humana más sencilla y auténtica.

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