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Nostalgia del ciclismo

Raúl Gómez
Redacción
domingo, 28 de mayo de 2006, 02:49 h (CET)
Era el año 1992. Un grupo de chavales no mayores de 12 años se disponían a construir una carretera en la arena de un parque para jugar a las chapas. Las protagonistas, otrora tapones de bebidas gaseosas, lucían con orgullo los recortes de papel pintados con los nombres y los equipos de los corredores del Tour de Francia.

- 'Mi chapa de Chiapucci tiene la superficie más lisa que la tuya', decía uno de los niños mientras barría la arena.

- 'Bueno, pero con esta de Rominger hago unas ‘redondetas’ increíbles', les respondía otro, mientras admiraba su colección de ‘Bugnos’, ‘Fondriests’, ‘Ugrumovs’, ‘De las Cuevas’...

Aquellos niños habían aparcado su afición futbolística para meterse en el pellejo de aquellos corredores, empujados por la fiebre que desató en España Miguel Induráin y por una fantástica cobertura de todos los medios de comunicación en torno a la ronda francesa.

Chiapucci e Induráin camino de Val de Urons, Chiapucci llegando sólo a Sestriere después de tres horas de escapada, Induráin doblando a Chiapucci en las ‘cronos’, las veintiuna rampas del Alpe d’ Huez con Bugno como ganador, el Tourmalet, la Magdelaine, la Croix de ferre, la tete de la course… palabras, logros demasiado importantes, demasiado emocionantes como para no estar representado en una chapa, en una proyección de la ilusión de unos cuantos críos ¿verdad?

Esos niños, hoy algo más creciditos, recuerdan con mucha nostalgia aquella época. Una época en la que la palabra EPO sonaba a chino; una época en donde las portadas de los periódicos se llenaban con las gestas de Virenque, y no con bolsas de sangre almacenadas en clínicas clandestinas. Una época en donde se podía tener más ídolos aparte de los Futre, Michel o Koeman sin temor a descubrir que el personaje en cuestión era un dopado, un tramposo.

Con la misma inocencia que recuerdo aquel olímpico verano quiero pensar que el ciclismo no está acabado, pero me lo ponen difícil.

Entre tanta perturbación en torno a este deporte, que últimamente parece que ha rozado un nuevo cenit negativo, quiero recordar que no todo está manchado, que se conserva una esencia de competición pura y noble, que los guerreros sobre dos ruedas pueden conmover a la gente con sus gestas; no todo es ‘doping’.

Levantemos entre todos la imagen del ciclismo, volvamos a transmitir ilusión, llenemos de nuevo los parques de niños con chapas… y que nosotros podamos verlo.

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