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Moratoria sobre la pena de muerte en Rusia

Yuri Filippov
Redacción
domingo, 28 de mayo de 2006, 02:48 h (CET)
Ayer, el 26 de mayo, el Tribunal Supremo de la región de Rusia de Osetia del Norte ha condenado a cadena perpetua a Nurpashí Kuláev, uno de los terroristas que asaltaron el día uno de septiembre de 2004 a la escuela número 1 de Beslán. Como consecuencia de este asalto murieron 331 personas, entre ellos 186 niños. Kuláyev es el único superviviente de los 32 terroristas que participaron en el ataque. Los otros 31 fueron aniquilados durante la operación de rescate. Kuláyev ha sido declarado culpable de terrorismo, asesinato y secuestro por lo que tenía que ser condenado a la pena de muerte, pero la sentencia ha sido cadena perpetua.

La pena de muerte todavía figura en el Código Penal ruso, sin embargo, desde 1996 en Rusia rige una moratoria sobre su ejecución. Estos días Rusia comienza, por primera vez, a ejercer funciones de presidente del Consejo de Europa por un espacio de medio año. En esta calidad, Rusia acusa rasgos no habituales por completo para esta Organización: a los diez años de su ingreso, este país no ha cumplido todas las obligaciones estatutarias asumidas y, ante todo, no anuló la pena de muerte.

Si todo se hubiera desarrollado de conformidad con los planes iniciales, Rusia habría debido ratificar el Protocolo No 6 del Convenio Europeo de derechos humanos y anular la pena de muerte ya en las postrimerías del siglo pasado. Sin embargo, Moscú optó por un compromiso habiendo decidido sólo implantar moratoria sobre la pena de muerte que sigue figurando en el Código Penal como pena capital. Por consiguiente, los jueces y tribunales podrán dictar penas de muerte por la comisión de crímenes de especial gravedad, pero estas no se cumplen, ya que el presidente, en función de su derecho constitucional, emite resolución de indultar a los delincuentes.

La cuestión de la pena de muerte es una de las principales para el Consejo de Europa. De ahí que en tiempos próximos se podrá esperar exacerbación de críticas dirigidas al país-presidente del Consejo de Europa. Es muy importante recalcar que no se trata del deseo de los europeos de “pellizcar” por enésima vez a Rusia, ya que el problema de la pena de muerte no atañe solamente a este país. Los delegados a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, por ejemplo, exigen privar del estatus de observador ante esta institución incluso a EE UU y el Japón si estos últimos no anulan en lo que va de año la pena de muerte en su territorio.

De este modo, tres miembros del G8 son blanco de críticas por no haber respetado a plenitud los principios paneuropeos en materia de los derechos humanos. Procede señalar que, desde el punto de vista de los principios europeos, la situación en Rusia no es de las más clamantes. Pues, en Rusia se trata de conservar la pena de muerte en el Código Penal solamente para castigar a los terroristas. Teniendo en cuenta que ante los ojos del mundo, durante varios años, Rusia sostiene guerra contra el terrorismo, es el caso indicado para que el resto de Europa muestre tolerancia y por un período haga dejación de los principios. Pues, si la pena de muerte aplicada en el Japón o en algunos estados de EE UU se debe, en muchos aspectos, a la tradición, siendo exponente de la inercia y lealtad estatal respecto a los prejuicios populares, en Rusia obedece a las necesidades más apremiantes que dicta la seguridad del país. Durante mucho tiempo, Europa no podía comprenderlo criticando acerbamente a Rusia por su política en Chechenia. Ahora que la situación en esa república norcaucasiana está normalizada en lo fundamental, y los terroristas internacionales alcanzaron Madrid y Londres, los europeos se muestran más comprensivos en lo que respecta a Rusia.

Desde hace mucho, el terrorismo internacional sostiene una guerra con el Estado Ruso. En la lista negra de los terroristas figuran aviones y trenes dinamitados, Beslán y Dubrovka, centenares de transeúntes casuales. Por esta razón, cuando los servicios especiales dan con la pista de los terroristas o intentan neutralizarlos, en muchas ocasiones tienen que matarlos.

Indudablemente, si tal acto como el ocurrido en Beslán se repita de nuevo, y hasta ahora Rusia no está asegurada contra ello, las unidades de tarea no dispararán sobre los terroristas con las armas cargadas de ampollas somníferas para luego condenarlos a cadena perpetua de conformidad con el Protocolo 6 del Convenio Europeo de derechos humanos. En todo caso, nadie plantea así la cuestión en Rusia, ni en Europa. Procede señalar que el propio Protocolo 6 se refiere al no empleo de pena de muerte exclusivamente en los tiempos de paz. Por el momento, Rusia se encuentra en pie de guerra, sea insólita.

Sería raro y hasta rayano en hipocresía anular la pena de muerte en papel, mientras que, en realidad, Rusia se ve obligada a matar a terroristas casi a diario.

Podemos decir que el terrorismo internacional no da la posibilidad de abolir la pena de muerte en Rusia. Los 10-15 años últimos la legislación penal de Rusia fue revisada en sentido de liberalizarla, pero tratándose del terrorismo, no hay que esperar indulgencias algunas. Tal es la opinión de la mayoría de diputados del parlamento ruso. No es casual que el tema relativo al Protocolo 6 del Convenio Europeo de derechos humanos no haya sido sometido aún a votación del parlamento. Es evidente que el fracaso de la votación desembocaría en escándalo paneuropeo. Por supuesto, Rusia no quisiera ser considerada como partidaria firme de la pena de muerte, siquiera por la mera razón de que esto no corresponde a la realidad. El presidente del Comité para asuntos internacionales de la Cámara Bajad el Parlamento, Konstantín Kosachov, apunta con plena razón que si sufre fracaso la votación prematura, lo relativo a la pena de muerte deberá ser postergado por una o incluso varias generaciones políticas.

El sondeo preliminar de opiniones entre los parlamentarios demuestra que allí la mayoría se manifiesta contra la abolición de la pena de muerte para los terroristas, tanto como en el seno de la sociedad rusa alarmada en extremo frente al peligro terrorista. A favor de la pena de muerte se manifiestan menos de un tercio de la Cámara Baja. Sin embargo, tendrá que pasar mucho tiempo antes de que la mención de la pena de muerte desaparezca de la legislación de Rusia. En todo caso, al principio será preciso derrotar el terrorismo internacional.

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Yuri Filippov, para RIA Novosti.
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