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¿Se podrá desplegar la misión de paz de la ONU en Darfur?

Valentín Yúrchenko
Redacción
viernes, 26 de mayo de 2006, 21:43 h (CET)
Es una misión difícil de cumplir, pero muy necesaria: así se puede calificar el proyectado envío de las fuerzas de paz de NU en fechas próximas a la región sudanesa de Darfur, situada en la frontera con Chad y la República Centroafricana.

El problema es que allí no esperan la llegada de fuerzas de paz: pese al acuerdo de arreglar el conflicto por vía negociada, la población local no se propone aún deponer armas. Continúa la guerra de todos contra todos, y los “cascos azules” podrán convertirse en blanco para cada bando que participa en el conflicto. Al mismo tiempo, es muy difícil imaginarse cómo se podría, sin injerencia de las fuerzas foráneas, poner fin al derramamiento de sangre que dura muchos aсos en la región.

El conflicto en Darfur es secuela de muchos problemas importantes y contenciosos de índole económica, étnica, social y política que siguen pendientes de solución. La insuficiente atención del gobierno central a los problemas de la región, la connivencia evidente de las autoridades con los árabesudaneses, la negativa de Jartum a invertir recursos necesarios en el desarrollo de Darfur que, además, incita la política orientada a arabizar de manera violenta a la población negroide, estimularon el descontento de la mayor parte de la población de Darfur. La situación se ha visto degradada por la fuerte sequia que azotó la región en 2000 y afectó a más de 700 mil habitantes; como resultado de esta, se vieron secadas grandes áreas agrícolas y se produjo la epizootia del ganado. Pero el gobierno no adoptó medidas suficientes como para liquidar las secuelas del desastre natural, lo que acentuó más aún el descontento de la población.

A principios de 2003 la lucha de los habitantes no árabes de Darfur (en lo fundamental, pertenecientes a los grupos agrícolas tribales) por sus derechos se transformó en guerra de guerrillas desplegada por el “Movimiento de Liberación del Darfur sudanés”. La guerra contra los rebeldes fue protagonizada por las milicias armadas de árabes nómadas janjaweed (“diablos a caballo”) que realizaban constantes ataques contra los granjeros negros. Por supuesto, estos últimos no los dejaron sin respuesta. Solamente este mayo se logró detener en parte el derramamiento de sangre gracias a la presión a Jartum ejercida desde fuera.

El Acuerdo de Paz entre el gobierno de Sudán y la principal fracción del Ejército de Liberación Sudanés (controla hasta el 75% de las fuerzas armadas rebeldes) está orientado a cesar el fuego, desarmar las milicias “janjaweed”, integrar unos 5000 rebeldes en el ejército gubernamental y conceder una amplia autonomía interna a la región de Darfur. Tendrá que ser pagada la compensación a las víctimas de la violencia.

Sin embargo, no todas las fuerzas rebeldes firmaron el Acuerdo, y hasta ahora se producen con frecuencia colisiones armadas en el área. Prosigue el reclutamiento por los grupos rebeldes de nuevos efectivos entre refugiados. Son sumamente vagas las perspectivas del desarme de las “janjaweed”, ya que desde antaсo esta gente posee armas y es poco probable que consienta en entregarlas. Además, en el contexto del caos imperante en Darfur, numerosos grupos de bandidos intensificaron sus operaciones. Tienen su propia lógica de acciones y poco les importan los acuerdos de paz firmados, el gobierno, los rebeldes y las fuerzas de paz.

En este momento, en Darfur se encuentran las fuerzas de paz de la Unión Africana (unos 7 mil efectivos), pero su mandato expira el 30 de septiembre próximo. Tendrán que sustituirlas los “cascos azules”. Como resultado de duraderos debates y presiones directas desde fuera, el gobierno de Sudán declaró que aceptaría el despliegue en Darfur de un contingente de paz de NU, antes objetado categóricamente por Jartum. Sin embargo, si incluso se logra el acuerdo oficial, esto no significará que las autoridades sudanesas colaboren por completo con las fuerzas de paz. Aunque, formalmente, darán sin duda algunas instrucciones correspondientes.

Existe un problema más. Todavía falta claridad respecto al mandato de los “cascos azules”. Los contingentes de paz de la Unión Africana asumieron la protección de las misiones humanitarias internacionales, encargadas de prestar asistencia médica, suministrar comestibles, etc. Sin embargo, ahora no se trata solo de proteger esas misiones, sino también a la población civil. A estos efectos, según cálculos más modestos, se requerirán 12 mil personas, pero, de conformidad con los criterios más realistas, habrá que desplegar al menos de 20 mil. ¿Dónde se podrá reclutarlos?

Ahora se discuten dos variantes. La primera es el paso de las misiones de paz africanas bajo los auspicios de la ONU y utilización parcial de contingentes militares procedentes de los países no africanos. La segunda consiste en negarse por completo al uso de las fuerzas africanas.

Es más preferente desplegar un contingente mixto, ya que la presencia africana, sea parcial, irritaría menos a la población local. Procede seсalar, además, que la competencia de las misiones de paz de la UA es sumamente dudosa.

Sigue siendo bajo el nivel de desarrollo de la mayoría de ejércitos de los Estados africanos situados al sur del Sahara, lo que concierne no sólo a su dotación técnica, sino también a la preparación combativa de sus efectivos y a las cualidades morales de éstos. Las fuerzas armadas de muchos países del Continente Negro están afectadas por la corrupción.

Sin embargo, pese a este cuadro lamentable, es poco probable que las Naciones Unidas puedan negarse al uso de las fuerzas de paz africanas y, además, será sumamente difícil hallar a otros deseosos de partir para Darfur. No es casual que varios expertos propongan utilizar allí compaсías militares y de custodia, máxime que tal práctica ya fue empleada en Africa. Esto permitiría evitar situaciones análogas a las de Iraq, cuando, bajo presión de la opinión pública, los gobiernos de varios países se vieron obligados a evacuar sus tropas después de que allí comenzara a crecer el número de víctimas.

La situación en Darfur no es menos peligrosa y complicada que en Iraq. No se descarta la posibilidad de que diversas agrupaciones locales intenten utilizar a los “cascos azules” en interés propio. Por esto el personal que salga a Darfur tendrá que conocer a fondo la situación política en la región, las costumbres de las tribus locales, los preceptos del Islam, etc. Pues, los contingentes de paz deberán custodiar no sólo las instalaciones, sino tratar de dirimir contenciosos entre los habitantes locales: unos ocuparan pastizales ajenos, otros, pozos ajenos, etc. En muchos casos, aquí tales incidentes precisamente provocan el derramamiento de sangre. Hay que prepararse para que la población local, al menos en los primeros momentos, se niegue a entablar diálogo fructífero con las misiones de paz y a prestar oído a sus consejos. A estos efectos, será necesario conquistar confianza, muy difícil de conseguir, teniendo en cuenta el caos reinante. Por lamentable que parezca, los “cascos azules” podrán convertirse en nuevas víctimas del conflicto en Darfur.

No obstante, sin su participación será difícil poner fin a la masacre en la región. Pero sin conseguirlo, Darfur no recibirá ayuda necesaria para su desarrollo económico. Para este verano está fijada la conferencia de donantes de Sudán llamada a concentrar antención en los problemas de Darfur. Sin embargo, no está claro aún quién se atreverá a invertir dinero en una región que no tiene, por ejemplo, recursos naturales, ni seguridad. Pero sin las inyecciones ni ayuda desde fuera Darfur no podrá salir del atolladero socio-económico. Por esta razón, los habitantes de Darfur necesitan ayuda de las misiones de paz, pero el problema es que ellos no lo interpretan aún como necesidad apremiante.

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Valentín Yúrchenko, experto del Instituto de Oriente Próximo, para RIA Novosti.

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