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Opinión
Etiquetas:   Presos de la libertad  

Vivir con el miedo en el cuerpo

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
viernes, 26 de mayo de 2006, 21:43 h (CET)
En las últimas semanas han aumentado de forma alarmante los robos en chalets y viviendas de las urbanizaciones. Los ladrones han encontrado un atraco perfecto en aquellos lugares donde la policía no llega, o tarde demasiado tiempo en hacerlo. El problema ya no es que desvalijan la casa cuando los propietarios están fuera, ahora se ha puesto de moda robar con gente dentro de la casa y actuar con extrema violencia.

La alarma comenzó desde que se conociera el asalto a la casa de Matadepera (Barcelona), donde además de inmovilizar al marido, secuestraron a una mujer y su hijo para conseguir dinero en efectivo desde un cajero automático. A partir de ahí han salido a la luz muchos casos similares y desde el Gobierno han tenido que enviar a Cataluña 367 agentes de la Guardia Civil al ser la comunidad más afectada.

Me pregunto si existe un sistema de seguridad realmente eficaz para la gente que vive en una urbanización, aislada del estrés de las grandes ciudades y sus problemas. Ahora los atracadores han optado por el robo seguro en zonas donde las alarmas suenan, pero su forma de actuar es más rápida que el envío de un coche patrulla que, por otra parte, están bastante cansados de los falsos avisos de aquellas alarmas más sensibles.

La opción más segura que se plantea es contratar seguridad privada, aunque tengo mis dudas, y el debate está abierto. ¿Quién debe pagarla? A los ayuntamientos no les salen las cuentas, pero los propietarios que pagan sus impuestos ven como el mayor de sus derechos, el de vivir tranquilos y protegidos, no se cumple. No hay presupuesto para patrullas extra, y la seguridad de los futuros atracados y secuestrados corre a cuenta de ellos mismos. ¿Es justo?

Mientras algunas personas que viven en la ciudad no están conformes con que parte de sus impuestos se destinen a la seguridad de unos pocos, que viven alejados y más tranquilos que ellos, los afectados se sienten discriminados por el trato recibido y con el miedo en el cuerpo cada vez que se van a dormir.

De seguir por este camino de violencia gratuita en los atracos vamos a terminar viviendo como los americanos, protegidos con armas de fuego y disparando ante cualquier persona sospechosa de querer atracarnos. Ya no se trata de proteger joyas y dinero negro en los sótanos, se trata de salvaguardar la propia vida, pues las mafias del Este no se andan con tonterías, y las de aquí ya están empezando a tomar nota.

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