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Opinión
Etiquetas:   Punto crítico  

'Precarios': La carne de cañón del I+D+i made in Spain

Raúl Tristán

jueves, 25 de mayo de 2006, 21:15 h (CET)
La investigación en España sigue siendo una asignatura pendiente.

Nuestros becarios, esa clase de personas a la que deberíamos mimar, alimentar con celo, cuidar con extremado mimo, son gentes de excepcional valía intelectual, pero aún más valía humana.

A veces son jóvenes, otras no tanto y, en muchas ocasiones, tienen importantes cargas familiares.

Pero nuestro Estado sigue sin querer ser consciente de que el futuro del país reside en gran medida en esas prodigiosas mentes, en esos receptáculos de sabiduría, en esos hombres y mujeres que saben que su trabajo jamás será tan valorado (ni tan bien pagado) como las cuatro patadas a un balón que da un futbolista, o las entrevistas concedidas por los tres exabruptos que lanza un inepto “nuevo famoso del corazón” y, a pesar de ello, se lanzan sin red al campo de la investigación.

En España se presume mucho empleando, por doquier, las siglas de moda que forman parte del título de este artículo. Unas siglas generalmente vacías de contenido, pues nuestro país permite, bajo el auspicio de su ineptitud, que se vacíen de su preciado contenido los escasos centros de investigación repartidos por nuestra geografía.

España maltrata a sus investigadores, los deja pudrirse con precariedad laboral, sueldos de miseria, inseguridad, hastío por luchar contra corriente...

No son futbolistas, ni toreros, ni famosos de medio pelo. No chupan cámara 24 horas al día y, sin embargo, sus jornadas de investigación a veces se alargan y alargan y sobrepasan las horas, las semanas, los meses, los años... sin ver su nombre en los periódicos, sin ver su rostro en la pantalla...

Nadie les saludará por la calle, ni les pedirá un autógrafo.

Son donantes anónimos de una de las mayores riquezas de la humanidad, de esas que deben de ser compartidas para que puedan seguir creciendo: el saber.

Son el alma mater de un trabajo duro, no recompensado mas que con la interna satisfacción del deber cumplido. Pero con esa satisfacción no se come, no se vive, no se alimenta una familia.

Nuestro gobierno debe hacerse eco de sus reivindicaciones, escucharles, apoyarles.

Todo el dinero y esfuerzo que se pongan en ello, por más que pueda parecer excesivo o un derroche, algo infructuoso, será en realidad bien poco. Todo será poco.

Nuestros investigadores deben de quedarse en su país porque en él encuentren el clima adecuado para desarrollar satisfactoriamente su actividad. Y eso es algo que debe garantizar el gobierno de la Nación, los de las CCAA, los gobiernos locales...

Aunando los esfuerzos de todos conseguiremos, algún día, que nuestros “cerebros” no se acaben fugándose al extranjero, o desanimándose hasta abandonarlo todo.

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