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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

¿Y si Omagh se repitiera en España?

Jorge Hernández

miércoles, 24 de mayo de 2006, 20:43 h (CET)
15 de agosto de 1998, en la localidad de Omagh, un bellísimo municipio del condado de Tyrone en Irlanda del Norte situado a unos 130 kilómetros de Belfast y a unos 80 de Londonderry, explosiona en pleno casco histórico un coche bomba causando la muerte de 31 personas y más de 400 heridos. Una escisión del IRA llamada ‘IRA Auténtico’ reivindica su responsabilidad en los asesinatos el 18 de agosto y declara un alto el fuego al día siguiente.

Se convierte en el atentado terrorista más salvaje de los cometidos en Europa en los años noventa causando una gran conmoción en el Reino Unido toda vez que se produce en el marco del ‘proceso de paz’ iniciado por el gobierno de Tony Blair pocos meses después de haber firmado los Acuerdos del Viernes Santo. Todavía hoy se desconocen las causas reales de la matanza así como el objetivo que perseguía. Las ambigüedades de la pacificación del Ulster, así como el a todas luces injusto tratamiento de las víctimas, han sido magníficamente glosadas en la película de Pete Travis, ‘Omagh’.

La pregunta que me asola es ¿Y si ocurriera algo parecido en España?. A pesar de las diferencias notables que existen en el origen del terrorismo nacionalista irlandés y el terrorismo nacionalista vasco, no es menos cierto que existen muchas concomitancias en la relación de ambas bandas asesinas con sus respectivos gobiernos. No hace mucho dos personas resultaron heridas en Vitoria por la explosión de una bomba en un cajero automático, hace no mucho un ertzaina fue herido en Murguía por la colocación de un artefacto en un juzgado y hoy sabemos por la propia voz del gobierno vasco, que ETA se ha rearmado y fortalecido durante los últimos meses. Nadie puede asegurar en este momento por lo tanto, que cualquier bomba no pueda cobrarse víctimas mortales. Todos sabemos los efectos que tendría sobre la ciudadanía un atentado como el del Ulster y lo que es más grave es que mientras ETA exista y el gobierno de España esté en manos de unos señores que están dispuestos a ceder, la amenaza de un ‘Omagh’ hispánico gravita siniestra sobre nuestras cabezas.

Nuestro presidente compareció el otro día para anunciar el ‘inicio del principio del fin de ETA’, una actitud temeraria erigiéndose en intérprete de las intenciones de los terroristas, sobre todo en un hombre que ya no tiene credibilidad para hacer lo más difícil. ¿Por qué?. Porque él ha errado en su planteamiento: en lugar de dejar que sea ETA la que avance hacia las vías políticas, ha sido él el que se ha acercado a las tesis de ETA, haciendo gestos políticos, como el proponer que después de 40 años de muerte no haya ni vencedores ni vencidos, sin que ETA haya cedido ni un ápice en sus posiciones. El resultado lo vimos el sábado en Madrid, España está que trina porque los españoles no queremos ceder ni un milímetro y lo que usted está haciendo nos ofende.

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