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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

¡Homosexualidad cristiana!

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 24 de mayo de 2006, 20:43 h (CET)
Gene Robinson, el obispo gay anglicano de New Hampshire que fue consagrado en el año 2003 y que causó una tremenda convulsión en la Comunión anglicana mundial, el 3 de noviembre de 2005 se reunió en Londres con el obispo de Canterbury, al comienzo de su visita de cuatro día en la Gran Bretaña.

Dejando a un lado los detalles del viaje y de las conversaciones mantenidas, creo que es relevante hacer resaltar una frase que el prelado pronunció durante el viaje: "Adoramos a un dios vivo, no a uno inmovilizado en la Escritura de hace 2000 años". Quien no esté familiarizado con la Biblia le pueden parecer muy acertadas estas palabras. ¡Cuidado, son una trampa! No debemos confundir el Dios vivo de la Biblia con otro que cambia de parecer según sea la dirección en que sople el viento. Es cierto que cambia de actitud con respecto a los hombres según el camino que éstos emprendan. Dios quiere el bien de los hombres pero si persisten en comportarse inicuamente , la paciencia del Señor se termina y debe castigarlos. Dios afirma de si mismo que es inmutable. No cambia. Siempre es el mismo. Si no fuese así se parecería a nosotros que somos tan volubles. ¿Qué confianza podríamos tener en un dios tan frágil que se desconoce lo que piensa y que no se sabe a ciencia cierta que camino debemos seguir?

La inmutabilidad del Dios viviente es una fuente de consuelo para aquellos que confían en Él. A la vez es un foco luminoso que alumbra en medio de las profundas tinieblas morales y espirituales que nos envuelven. En las incertidumbres diarias, ¿dónde podemos encontrar dirección fiable si el dios a quien adoramos hoy dice blanco y mañana negro? Ante las decisiones morales y éticas que hemos de tomar a diario, ¿dónde encontraremos consejo fidedigno, limitándonos exclusivamente al tema de la sexualidad, si hace 2000 años Dios dijo que la homosexualidad era pecado y que hoy es una opción sexual legítima? ¿Cómo saber que es lo que está mal y lo que es correcto? Si Dios fuese tan inestable como lo somos nosotros, los humanos seríamos zarandeados por una impetuosa corriente de amoralidad que nos conduciría al desastre. De hecho, ya nos alcanza y perjudica por no querer prestar atención a sus palabras bienhechoras. Debemos agradecerle de que sea un Dios que no cambia porque en su inmutabilidad encontramos seguridad y confianza.

Jesús, que es el Dios vivo a quien dice adorar el obispo anglicano Robinson, pronuncia unas palabras que les descalifican por completo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mateo,24:35). Dicho de otra manera. La creación tal como la entendemos hoy dejará de ser. Las palabras del Dios eterno e inmutable no cambian. Son eternas. ¿Qué consecuencias prácticas tienen el hecho de que después de 2000 años, a los ojos de Dios la homosexualidad siga siendo pecado? Recordemos que hoy el pueblo de Dios no es una nación como lo era en el Antiguo testamento en la que la homosexualidad era un delito que se castigaba con la muerte. Hoy el pueblo de Dios está formado por personas de procedencia nacional, cultural, social y racial muy diversa. Toda esta multitud de creyentes tan dispar se constituye en pueblo de Dios por el hecho de haber sido colocados por la fe en el nombre de Jesús en la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, que no es ninguna institución eclesial concreta y que trasciende la multitud de iglesias locales existentes por toda la faz del orbe.

El Nuevo Testamento deja bien claro que los principios morales y éticos que se encuentran en sus páginas sólo son exigibles a las personas que afirmen que son cristianas. Las personas que no forman parte de la Iglesia visible, no están obligadas a su cumplimiento. Esto significa que los cristianos, a pesar que no aceptamos la opción sexual adoptada por los homosexuales y por quienes dicen que su decisión es legítima, hemos de dejarles en paz y que vivan su vida como mejor les parezca. Nos puede doler su comportamiento, pero no estamos autorizados a entrometernos por la fuerza en sus vidas.

La tolerancia y el respeto a las personas con un estilo de vida que no se ajuste a los principios evangélicos terminan cuando son cristianos quienes desobedecen los preceptos divinos. Dentro de la Iglesia hecha visible en la diversidad institucional, la tolerancia al pecado es cero. Deben tomarse las medidas necesarias, la violencia y la coerción están excluidas, para mantener la santidad en su seno y, si es posible, rescatar al transgresor. Esto significa que es el amor de Dios derramado en los cristianos el que debe imperar en la aplicación de la disciplina eclesiástica.

Con la Biblia abierta, el obispo Robinson y el resto de cristianos que le siguen no tienen cabida en la verdadera Iglesia de Cristo a la cual se accede vía arrepentimiento de los pecados y la fe en el nombre de Jesús. Lo que uno era antes de la conversión a Cristo es lanzado al fondo del mar y Dios ya no se acuerda de ello. A los cristianos les toca andar en novedad de vida. La vida vieja, con todas sus inmoralidades, ya es historia. Aplicables al tema que es motivo de reflexión hoy son las palabras con las que Jesús despidió a la mujer que fue cogida en el momento de cometer adulterio: "Ni yo te condeno, vete y no peques más" (Juan,8:11).

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