Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Un hálito de vida

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 22 de mayo de 2006, 02:07 h (CET)
Un hilo tenue, sin duda. Inabarcable, finísimo. Paradoja que llevamos dentro, lo sutil como fundamento. Con origen y final, todo está entrelazado con esa invisible línea.

Desde los más cientifistas hasta los más humanistas, todos tropiezan alguna vez con esta INCÓGNITA, si quieren ustedes maravillosa, pero incógnita al fin. Al reconocerla y enfrentarnos a ella, adquiere relevancia la riqueza descriptiva, domina la enorme diversidad de manifestaciones vitales; unas veces minúsculas, microscópicas, y otras de gran tamaño. Pero conviene recalcarlo, sólo señalamos aquello que está de nuestro lado, el territorio perceptible. Al tratar de asir este concepto que es la vida, no acabamos de cerrar la mano, desaparece su significado o esencia antes de que lo podamos atrapar. En cuanto profundicemos, estaremos circulando por terreno misterioso, aunque por esa condición no debiéramos etiquetarlo como inexistente. La vida está ahí, sea cual sea su reconocimiento o interpretación.

Muy a pesar de las apariencias, no siempre son percibidos con nitidez los elementos vivos. Bastará con que dirijamos el objetovo microscópico hacia una estantería, a las hojas de un libro, a una moqueta; se pondrán de manifiesto seres vivos de CARACTERÍSTICAS INSOSPECHADAS. Sirva esta observación para muestra de ese burbujeo menos visible de la realidad biológica. A partir de ahí, la diversidad de matices se amplía hacia las células, número de células de un cuerpo, grado de dependencia con respecto del medio ambiente, rasgos genéticos o bioquímicos, o su capacidad para persistir en el tiempo. Compartimos actualidad con esa gran variedad de elementos, con muchos de sus caracteres, y con su impulso básico de subsistencia. Compañeros de viaje, ocultos, pero insoslayables camaradas.

Solemos adherirnos a uno de los prototipos de la vida, el NACIMIENTO. Como acontecimiento venturoso se recibe con satisfacción, salvo raras excepciones. Tiene una secuencia apasionante, desde los inicales gestos fetales -en la actualidad ya son de pleno conocimiento público-, pasando por las vicisitudes del parto o cesárea, hasta percibir los primeros vagidos del recién nacido. La aparición del nuevo ser, viene a plasmar la culminación de aquel burbujeo vital que mencioné. Digamos que el tenue hilo se transforma en materia más sólida y consistente. El suceso nos acerca a la contemplación de la vida, sus orígenes y aquellas incógnitas tan recónditas, tan difíciles para llegar a conocerlas en su plenitud. Estamos ante un notable aldabonazo, no iremos a discutir lo entrañable de esas nuevas realidades.

El polo opuesto, la MUERTE, lo queramos o no, también nos pone en contacto con esa sensibilidad entrañable para todos. El apagón no queda en simple desaparición. El individuo que la precedió, su ensamblaje en la sociedad, mantienen una serie notable de repercusiones. Familiares, compañeros, coetáneos. A primera vista se cortó el hilo y se terminó el barullo. ¿Se perdió toda clase de relación? ¿Únicamente hemos pasado de una nada a otra? No es tan sencillo ese paso biológico de la muerte. Convendrá tener más en cuenta la genética u otras influencias posibles, que sin ninguna duda participan en el entramado vital de todos. Por lo tanto, muere un ser, pero como una telaraña persiste entre líneas ese impulso biológico. No podremos separar tan fácilmente el fin de los principios. Se trata de otro momento culminante.

También podemos detenernos en las formas más primitivas de vida, me refiero a las CÓSMICAS -En Marte, primeros magmas, etc.- Por lejanas, no menos importantes ni menos significativas. Desde ellas, y con la evolución necesaria, se generan las variaciones que sean posibles o necesarias. Ahora bien, el hilo vital sigue pendiente de alguna colgadura, no lo tenemos asido; cuando más creemos dominarlo, existe algo más allá, una limitación a nuestro conocimiento. Y todavía no hemos entrado demasiado en las finuras físicas -quantos, caos, agujeros o desprendimientos-.

De tan racionales, podemos convertirnos en los más conspicuos AGOREROS. Como Fukuyama, permaneceremos siempre adheridos al fin de lo que sea, ahora acaba de escribir "El fin del hombre"; es curioso eso de que el final lo vaya ocupando todo; este es pensador de finales, ¿Puro oportunismo?. Tal parece que ya no existieran principios, intermedios, mutaciones y aventuras. Tampoco nos conformamos con los hombres perversos, no nos paramos en pequeñeces, son las civilizaciones quienes litigan -Hutington-. En el fondo de la caverna platónica, las verdades humanas -ciencia, razón, estructuras sociales- nos quedan insuficientes, pero ya ni siquiera soñamos, permanecemos con pocas inquietudes. Simplemente, y de manera cerril, nos dejamos arrastrar. Y con todo ello, se nos escurren de las manos, se escapan, las grandes realidades, los grandes conceptos. El hecho de que no reconozcamos esas deficiencias, no va a servirnos para mitigar la ignorancia. La tozudez de la vida seguirá por otros derroteros, la energía vital es previa e independiente de esas valoraciones o negaciones.

Es curioso, destacable en cierta manera, la actitud de aquellos individuos que permanecen INDIFERENTES a la mayoría de referencias en torno al tejido, a la urdimbre, de la vida. Baste una muestra, citemos a quienes desdeñan los cuidados para aguas, reservas naturales, tareas de conservación, etc. A base de atropellos ecológicos o centrados en un consumismo ciego, siguen fieles a su indiferencia. ¿Cómo van a preocuparse por la vida incipiente, microorganismos, animales, etc.? Si se habla del aborto, como núcleo vital no les preocupa. Su lejanía es impedimento para preocupaciones de otro calado, como creencias, talantes, o simple respeto a otras interpretaciones de la vida.

Es decir, por muchas indiferencias, obsesiones o menosprecios, se mantiene firme la tensión del hilo vital. Incluye el nacimiento y la muerte, las formas minúsculas y las más desarrolladas. Si pretendiéramos la defensa de un DERECHO HUMANO tan importante y básico como el derecho a la vida, ¿Cómo será eso posible si desdeñamos lo más básico?

Se impone un respeto más consecuente a los rasgos primarios que nos constituyen. Entre los principales, este hálito vital.

Noticias relacionadas

¿Profecías de Sánchez para el 2040? Antes habrá arruinado España

“No pierda la cabeza, nada ocurre como está previsto, es lo único que nos enseña el futuro al convertirse en pasado.” Daniel Pennac

Menosprecio hacia la vida de algunos

Todos nos merecemos vivir para poder obrar y dejar constancia de lo que uno hace

Lastres y estercolero en la Sesión de Control al Gobierno

​Para el PP, la Sesión de Pleno del Congreso de los Diputados número 156 empezaba lastrada

Rajoy, Sánchez y el mito de Ícaro

“En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él” John Fitzgerald Kennedy. 35º presidente de los Estados Unidos

El Satélite Mohammed 6 B levanta vuelo

La nación marroquí sigue su firme camino hacia la modernidad asimilando los avances tecnológicos del mundo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris