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​¿Existe relación entre inmigración y delincuencia?

¿Por qué el gobierno se muestra tan remiso a informar sobre la delincuencia derivada de la inmigración?
Miguel Massanet
martes, 14 de mayo de 2019, 15:02 h (CET)

Ya sabemos que se trata de un tema políticamente incorrecto y, si se trata de intentar comentarlo cuando en España existe la opinión generalizada de aceptar la venida de inmigrantes como algo positivo, necesario e ineludible, todavía es más arduo sacar a colación un tema que, sin embargo, tiene otros parámetros que podemos contemplar cada día, pero que no se airean lo necesario debido a que hay determinados partidos de izquierdas a los que no les interesa que salgan a la luz las consecuencias negativas de la llegada indiscriminada de migrantes, tal y como está sucediendo en nuestro país, debido a que saben que los inmigrantes constituyen una fuente importante de votos para sus formaciones ( sería curioso saber cuántos inmigrantes han votado a los socialistas o a Podemos y cuantos, un número ridículos pensamos, lo han hecho para partidos más conservadores). No obstantes, si leemos algunos artículos de personas bien informadas, capacitadas para dar una opinión objetiva sobre este espinoso problema, seguramente podremos obtener una información más aséptica y menos pasional de un tema que los países y, especialmente entre las clases izquierdistas, suelen utilizar para desgastar a los gobiernos de centro derecha, cuando los tachan de poco solidarios, inhumanos e insensibles al dolor de las clases marginadas que salen huyendo de aquellos países donde sus gobernantes ( casi siempre dictadores de signo comunista) se suelen quedar con las riquezas del país para sí mismos, permitiendo que las clases menos favorecidas vivan en la miseria o deban recurrir a emigrar para buscarse la vida en otros países de acogida, como, por ejemplo, España.

Como nadie parece preocuparse de que un organismo como la ONU, tan activo en fomentar el aborto; en lo que para ellos son vulneraciones de los derechos humanos; en lo relativo a las reclamaciones feministas; en la defensa de determinados personajes proscritos de sus lugares de origen o en pedir una más correcta distribución de la riqueza, mientras ellos gastan miles de millones de dólares en pagar sueldos a funcionarios, comisiones, ayudas a iniciativas absurdas, despilfarros en sostener entidades que se viene demostrando que son inoperantes, pero que ocultan iniciativas carentes de justificación alguna, a costa de las cuales muchos se enriquecen con ellas. Hace años que, como ya sucedió con la Sociedad de las Naciones (1919-11946), constituida a finales de la primera Guerra Mundial, la ONU este termitero humano donde una multitud de funcionarios, muy bien pagados, intentan justificar sus sueldos creando problemas donde no debiera de haberlos sin que, hasta la fecha, hayan conseguido acabar o, al menos paliar, ninguno de los grandes problemas que está padeciendo la humanidad, sino más bien ir creando otros no menos importantes. Son numerosas las ONGs que han ido apareciendo, todas ellas cargadas de buenas intenciones, de personas voluntariosas e ilusas que se creen que tienen en sus manos salvar al mundo de sus pecados, pero que, sin que se aperciban de ello, llegan a constituirse en inmensos centros burocráticos, mal administrados y dirigidos por personas que han encontrado la forma de ganarse la vida gastándose el dinero de los afiliados, del que, por cierto, sólo una pequeña cantidad de lo recaudado va a parar a quienes debería estar principalmente destinado.

Uno de estos artículos, al que nos hemos referido, lo ha escrito el profesor López Recarte, una personalidad harto conocida por su solvencia personal y sus conocimientos económicos. De su lectura se pueden sacar conclusiones interesantes respecto a aquellos efectos de la invasión de inmigrantes que este país está sufriendo que, por no concordar con los que desde nuestros gobernantes se quiere que se conozcan, es difícil que podamos conocerlos a través de las informaciones oficiales, al menos de las que se dan a conocer al gran público. Por ejemplo,

¿sabían ustedes que el coste medio por alumno de procedencia inmigrante, para la comunidad autónoma que los recoge, e oscila entre los 2.600 y los3.600 euros anuales?, o que ¿el gasto de prestaciones y subsidios de desempleo fue en el 2007 de 770 millones de euros y se estima que subirá un 20% anual? La economía sumergida , difícil de cuantificar pero es evidente que existe entre el sector de la inmigración y que supone el pago de muchos trabajos con dinero negro que, como resulta palmario, no tributa y, en consecuencia, no contribuyen a las obras en infraestructuras que son precisas para una población que ha soportado aumentos de más de 3.700.000 personas (2006) y que han continuado incrementándose de forma exponencial pese a que, durante la crisis, el número de estas personas sufrió una disminución.

Pero lo que más no ha interesado de este estudio, es aquella parte que hace referencia a la influencia de estos inmigrantes incorporados a nuestra sociedad en lo relativo a la delincuencia que afecta a nuestro país. Habla el autor de que, al menos una tercera parte de mujeres asesinadas son inmigrantes. Y es evidente de que, cuando hablamos de violencia de género,, como cuando lo hacemos de robos con intimidación y con fuerza, asaltos a casas en lugares despoblados o a desmanes cometidos por bandas urbanas y por mafias de vendedores de drogas, no nos estamos refiriendo principalmente a nuestros compatriotas que, si es cierto que también los hay, no lo es menos que todo ello ha sido contagiado por todos estos inmigrantes que hemos acogido sin investigar sus actividades en el extranjero, pese a que, teóricamente, en los centros de acogida se investiga sobre sus lugares de procedencia. No olvidemos que, recientemente, han sido muchas las fugas de inmigrantes internados en centros de acogida debido a que la multitud de los ingresados sobrepasa la capacidad de aquellos y esto facilita (o los que los custodian hacen la vista gorda) que grandes grupos de descontrolados se evadan hacia otras ciudades de España, especialmente las grandes capitales donde se pueden refugiar con menos peligro de que los puedan identificar.

¿Por qué el gobierno no informa, desde que el señor Sánchez se hizo cargo del gobierno de la nación, el número de los que llegan por el sur de la península, en pateras y otros barcos, para ser recogidos en España? Evidentemente para que los españoles no nos alarmemos ante la continua llegada de cientos de ellos que son acogidos y, posteriormente repartidos entre las distintas autonomías del país. Sólo uno pocos, que logran ser identificados como ciudadanos de una nación determinada, vuelven a ser repatriados a su país.

A veces no queremos ver lo que no interesa, pero la afluencia de inmigrantes, con todas sus familias (en ocasiones muy numerosas) a los ambulatorios de la seguridad social evidencia el uso intensivo que estas personas que, en sus lugares de origen carecen de estas ventajas, hacen de dichas instituciones cuando llegan a España; lo mismo que los problemas de integración y los costes para el Estado de la enseñanza gratuita, atención sanitaria, y el “acceso generoso” a las prestaciones y subsidios de desempleo y a todo tipo de pensiones no contributivas. Por otra parte, del estudio referido se deduce que, el crecimiento de la población “no productiva” de origen inmigrante en principio era muy alta. Sin embargo, en el momento en el que el fenómeno de la agrupación familiar tenga lugar, lo que ha venido ocurriendo desde entonces, puede suponer millones de personas directamente no productivas que deberán subsistir con los salarios del que los reclamó para que vinieran a España, generalmente bajos; lo que supone que se les deberá ayudar, de acuerdo con nuestra legislación, “ con todo tipo de transferencias sociales” ¿Será el tema de los inmigrantes uno más de estos acuerdos, llamémosles “voluntariosos” , con los que el futuro gobierno socialista, va a tener que apechugar, juntamente con todos los otros que fueron promulgando durante los “viernes” de la campaña electoral, para ir atrayendo votos interesados para su formación política, el PSOE.

En países vecinos, como sucede en Francia, la radicalización y el enquistamiento social y político de una enorme masa de inmigrantes ha acabado por crear entre los franceses importantes brotes de xenofobia que, a la vez, han ido alimentando a partidos a los que alguien, con intención de desautorizarlos, los ha llamado de “ultraderecha” pero que, en realidad, no se trata más que de partidos que están recogiendo las protestas de muchos millones de ciudadanos que se sienten molestos ante la pujanza de una población con costumbres, ideologías, religiones, culturas y, algo muy importante, una forma de entender el rol de las mujeres absolutamente distinta de la que se tiene en los países europeos. Lo mismo ha ocurrido en Alemania y en Italia con las consecuencias que ya se conocen

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos viendo cómo, en Barcelona por ejemplo, la señora alcaldesa, Ada Colau, fue la primera que se ofreció con los brazos abiertos a acoger en la ciudad a cuántos inmigrantes se le enviaran, manifestando que la ciudad estaba en condiciones de hacerse cargo de ellos. La realidad, después de unos años, es que la ciudad está saturada y que los centros en los que se interna a los menores que llegan (al menos oficialmente, debido a que los que llegan escapados de otros lugares no se pueden controlar) están completamente desbordados y, en cuanto llegan a los 18 años se les obliga a abandonar el centro, tengan o no trabajo, y lugar en el que poderse alojar. A estos desahuciados de la sociedad no les queda más que buscar trabajos de los considerados como “economía sumergida”, generalmente mal pagados y que, por supuesto, no cotizan para la Seguridad Social ni se les retiene impuestos, lo que equivale a estar marginados de la sociedad. Pero los que no se conforman con una situación tan precaria optan por la delincuencia y se convierten en un peligro para los ciudadanos de la ciudad y específicamente una pesadilla para los extranjeros que visitan la ciudad para hacer turismo, que son las principales víctimas de todos estos jóvenes que han decidido vivir a costa del dinero del resto de ciudadanos. No es problema fácil de solucionar, pero lo peor es pretender ignorarlo o pensar que no existe, mientras se está permitiendo, como ha sido el caso de los manteros, que se vayan creando organizaciones criminales, en forma de mafias, que ponen en peligro la paz en las grandes ciudades españolas. Sin embargo es como predicar en el desierto porque quien debiera escuchar se niega a hacerlo.

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