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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Todo lo que sé

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
sábado, 20 de mayo de 2006, 22:01 h (CET)
Hay un día en que (casi) todo el mundo reflexiona sobre su situación y hace suya la famosa expresión socrática que reza “sólo sé que no sé nada”. Como casi siempre, la disyuntiva no admite más de dos valores: remediarlo o seguir aprovechando la inercia. Remediarlo supone poner los medios para llegar a un fin al que no sabemos a ciencia cierta si conseguiremos llegar.

Es importante tener claro que quien escoja la primera opción, corre el riesgo de pensar que su ignorancia es mayor con el paso del tiempo. De hecho, la sabiduría se manifiesta de una manera tan absolutamente abstracta e indefinida, que quien sale a su búsqueda se da cuenta desde el primer momento que se ha embarcado en una empresa imposible.

No nos encontramos ante una carretera recta por la cual debamos caminar un número determinado de pasos hasta llegar al punto adecuado. No podemos calcular escrupulosamente el tiempo, los movimientos o las dimensiones. Nada humano que no sea estrictamente físico y químico puede ser analizado por los procedimientos de las ciencias exactas.

La senda se torna en demasiadas ocasiones una cinta de Moebius, en la que cuando creemos ir hacia delante en realidad estamos retrocediendo, o cuando avanzamos convencidos hacia la izquierda llegamos ilusionados al margen derecho.

Lo verdaderamente importante, podemos creer, es la solidez del camino que elaboramos para llegar al punto en que nos encontramos. Pero, ¿y si la solidez y el rigor más contrastados nos llevan de manera estrepitosa a una situación que no es verdad? ¿Y si la verdad no deja de ser, a su vez, una indefinición redundante, una nueva imagen del infinito? ¿Aun así es necesario el esfuerzo?

Pienso que sí. Porque aunque la sentencia de un gran amigo de quien escribe es firme, y hasta el más sabio acaba bajo tierra, creo que el ser humano muestra su potencial cuando utiliza aquello que cree que le hace superior al resto de animales: el intelecto.

El primer paso, empero, es reconocer que la famosa “tabula rasa” sigue estando casi totalmente en blanco.

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