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Los medios de comunicación, la gran baza de Pedro Sánchez

“Los medios de comunicación son la entidad más poderosa de la tierra. Ellos tienen el poder de hacer culpable al inocente e inocente al culpable. Porque ellos controlan la mente de las masas” Malcolm X
Miguel Massanet
sábado, 11 de mayo de 2019, 09:59 h (CET)

La proverbial habilidad de las izquierdas de saber orientar la opinión de las masas hacia aquellas tendencias ideológicas en las que les interesa situarlas, según convenga a sus propios fines, no tiene discusión; algo que, para sus competidores de la derecha, continúa siendo la asignatura pendiente que, por muchas veces que se les recuerde o por mucho hincapié que se ponga en hacerles reflexionar sobre la necesidad de tomarse en serio la imperiosa exigencia de comunicarse con sus votantes, para tenerlos informados de todo lo que puede relacionarse con su actividad política, sus proyectos, sus logros, sus éxitos y todo aquello que, de una manera u otra, pudiera relacionarse con las actividades del partido o que lo pudiera afectar respecto a la valoración de los ciudadanos sobre él .Especialmente, en todo lo relacionado con aquellas medidas imprescindibles para luchar contra todas las insidias, acusaciones, calumnias e injurias que se pudieran maquinar desde la oposición o cualquiera de los partidos del arco parlamentario, relativas al desprestigio del partido en cuestión, sus directivos o cualquier persona relacionada con él, a quienes maliciosamente se pretendiera descalificar, injuriar o vejar o, en el caso de que la acusación fuera cierta, poner inmediato remedio para hacer que la normalidad legal se restableciera.


Algo que, evidentemente, los soberanistas catalanes han sabido poner en práctica cuando han intentado internacionalizar sus problemas con la nación española; esparcir el victimismo que los caracteriza por todo el mundo que los ha querido escuchar; hacer bandera de una democracia que, en realidad, no existe tal y como ellos intentan pintarla, en todas las medidas que vienen utilizando como coartada para procurar ir en contra de la Constitución del país, aprobada mediante referendo por todos los españoles y por una gran mayor mayoría de los votantes, pero que, para su conveniencia, como medio de justificar lo injustificable ( un levantamiento contra la unidad del Estado español), les importa un rábano si es o no verdad lo que digan, mientras les sirva para atraer hacia sí el favor de la mayoría de ciudadanos europeos que puedan.


Contra estas posturas, contra la evidencia de que, el 99% de los medios de comunicación de Cataluña, están comprados por los independentistas y dirigidos por ellos o por las izquierdas políticas infiltradas en todas las redacciones tanto de las radios, los periódicos y revistas como en la práctica totalidad de las cadenas televisivas, incluida la TVE, un ente en el que un gran porcentaje de sus colaboradores y periodistas del medio, son de evidentes tendencias izquierdistas y, alguno de ellos ni se toman la molestia de intentar disimularlo. Por el contrario, los escasos medios de los que disponen aquellos que intentan, en clara desventaja, mantener los principios constitucionales, esforzarse en que no se pierda nuestra herencia romano-cristiana y evitar que España pase a formar parte de estas naciones dirigidas por estas izquierdas extremas, descendientes de aquellos tiranos soviéticos que acabaron con todos los derechos de los ciudadanos rusos, convirtiéndolos en meros esclavos del régimen soviético de la KGB y los dictadores estalinistas.


Y aquí tenemos al señor Pablo Iglesias, hoy convertido en un feminista de tomo y lomo, que no ha tenido inconveniente en feminizar su partido, pasando de Unidos Podemos a Unidas Podemos, en un ejercicio de la mayor hipocresía dirigido por la señora Inés Montero para atraer hacia sus filas a las feministas, algo que hubiera sido innecesario debido a que, la mayoría de ellas, ya se han declarado afectas al comunismo bolivariano. Un señor que ha tenido que recurrir al oficio de pedigüeño, de adulador del “gran jefe” Pedro Sánchez, de propagandista de una coalición con el partido PSOE, vencedor en las pasadas legislativas, a pesar de que los resultados obtenidos en las urnas por Podemos han demostrado el gran bajón experimentado, respecto a elecciones pasadas. Sin embargo, Iglesias es un gran comunicador y goza de la posibilidad de tener acceso libre a cualquier micrófono de radio o cadena televisiva al que quiera acudir, desde donde tiene vía libre para vender a las multitudes todos los placebos políticos de los que dispone en sus alforjas de latiguillos comunistas.


Y aquí tenemos a la derecha. Este partido, el PP, que gracias a quienes se creyeron más listos que nadie, que no se creyeron el gran peligro que encerraba el separatismo catalán y el vasco; que permitieron, por mera intransigencia y por no escuchar sus justas razones que, una parte de él, liderada por el señor Abascal, hoy VOX, se escindiera de él, por no aceptar que la política respecto a la comunidad catalana estaba equivocada de medio a medio aunque hoy, haya algunos de estos que siempre estarían dispuestos a claudicar ante el independentismo por el miedo cerval que tienen a que su vida, cómoda y sin problemas, no pudiera quedar alterada por un posible enfrentamiento entre el gobierno español y la pandilla de independentista que lidera Puigdemont y su fiel vasallo el impresentable Torra y, por ello, estarían dispuestos a darles a los soberanistas todo lo que pidieran y más. Entre ellos, tiempo al tiempo, ya lo anunció el señor Iceta hace unos días, tenemos al señor Sánchez, un abanderado de irles permitiendo a los catalanes que sigan infringiendo leyes, atacando al Estado impunemente y creando problemas a España, solamente por el miedo a que pudiera peligrar su gran proeza de haber conseguido engañar a media España para que le voten, a pesar de que, con toda seguridad, su gobierno va a ser un clon del que sostuvo durante dos legislaturas, aquel nefasto gobernante que fue Rodríguez Zapatero, el artífice principal de que, en estos momentos, nuestra nación se encuentre en esta infausta situación en la que nos han metido.


Ahora son los mismo catalanes, empezando por los empresarios que tienen sus negocios en Cataluña, los que se llevan las manos a la cabeza cuando en la Cambra de Comerç catalana han sido los de la ANC, los que han conseguido hacerse con los puestos clave, en las elecciones que han tenido lugar para ocupar los lugares de la Junta Directiva de dicho organismo, de características principalmente comerciales y económicas, que se van a ver en manos de unas izquierdas que, seguramente, van a crearles graves problemas a los empresarios que deban tratar con ellos. Y es que, señores, no se debe perder de vista que, poco a poco, ocasión tras ocasión, enchufe tras enchufe, la Administración central y local de España van a quedar copados (si es que todavía no lo están) por seguidores del señor Iglesias. Ya no queremos pensar si, por añadidura, sus plegarias ante Sánchez llegaran a dar fruto y consiguiera situar, en el futuro gobierno de la nación española, a alguno de los miembros de su partido y esto les habilitara para tener la llave de alguna importante institución económica, de seguridad o laboral desde la cual pudiera poner en práctica sus políticas, las mismas que le presentó a Maduro para que pudiera hacer de su país, Venezuela, este cementerio de la democracia en el que actualmente se ha convertido.


Malos augurios corren respeto a las dos citas electorales que, todavía, le quedan al pueblo español. No se trata de que el CIS haya puesto su cuarto a espadas para anunciarnos, sin el menor recato, que lo sucedido el 28A se va a repetir, al 100 por 100, en las autonómicas y municipales, tiñendo de una nueva marea roja el mapa de España, algo que no sería de extrañar dada la proximidad de unas elecciones con las otras; lo que sigue preocupándonos más es que no vemos firmeza en los partidos que han salido vapuleados en las urnas, sino que observamos cambios evidentemente precipitados, poco meditados, capaces de causar perplejidad entre los que los votaron y dando una pésima sensación de improvisación, cuando apenas quedan unos pocos días para que las urnas se vuelvan a abrir para que se depositen los votos. Se anuncian pues (¡Ojalá nos equivoquemos de plano!) nuevos descalabros y, en este caso, la esperanza de conseguir salir de este abismo en el que parece que nos vamos a precipitar los que pensábamos que esto no volvería a suceder en España, después de la Guerra Civil de 1936, se desvanece y amenaza con desaparecer ad calendas grecas.


Nada de autocrítica por lo pasado, nada de valoración de los resultados de tres partidos que, en realidad, buscan lo mismo y comparten un 80% de sus aspiraciones y, lo peor, ningún signo de reconciliación entre ellos, de recuperar la unidad que nunca debiera de haberse desechado, para formar un frente de centro-derecha que fuera capaz de presentar una oposición, si no el gobierno de la nación algo para lo que no suman, al menos marcar de cerca las decisiones gubernamentales y evitar, en la medida de lo posible, que se produjeran cambios capaces de poner en peligro, de forma irreversible, los pilares que sostienen nuestro Estado de derecho.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos sentimos como si viviéramos una pesadilla de aquellas en que las situaciones que nos inquietan se van repitiendo y nos movemos dentro de una especie de laberinto en el que nos sentimos desorientados, sin que veamos la posibilidad de salir de él ni la esperanza de recibir socorro. Lo malo es que de la pesadilla se despierta y la normalidad regresa a nuestra consciencia, de lo que mucho nos tememos no vamos a poder despertar, es de este embolado socialista en el que, a la fuerza, nos veremos metidos.

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