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La falacia de l’Estatut

Mar Berenguer Mollón
Redacción
sábado, 20 de mayo de 2006, 01:39 h (CET)
Tras meses de gestación del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, al fin ve la luz el texto definitivo tras el aprobado raspado obtenido en el Senado.

Vía televisión, nos llueven anuncios con caras sonrientes y eslóganes que parecen la solución a todos nuestros problemas. Aparte de esto, la mayor parte de la ciudadanía desconoce el contenido de ese Nou Estatut, así como probablemente el del precedente. El caso es que con tanta pelea y hazaña épica por parte del Govern, teóricamente por amor a la Senyera, nos hemos quedado en la lucha encarnizada y anecdótica por sustituir el antiguo término de “nacionalidad” por el de “nación”. En realidad, la trascendencia de uno u otro concepto, no va más allá de la carga ideológica que cada uno quiera concederle. Entonces, esta discusión deviene en un mera cortina de humo que impide a los ciudadanos conocer los verdaderos cambios que supondría este nuevo Estatuto y su verdadero alcance:

Si l’Estatut fuese aprobado en referéndum, tras su entrada en vigor, el poder del gobierno de Cataluña, emanaría del Pueblo. Hasta ahora, ha estado emanando también de la Constitución y del propio Estatuto. Realmente, ambos elementos como fuente de poder del gobierno catalán, coexisten implícitamente en virtud de norma constitucional jerárquicamente superior y habilitante para permitir al texto estatutario incorporar principios de autogobierno, así como un determinado ámbito competencial que dota de contenido a esta facultad.

El nuevo texto, enumera los principios de Autonomía, Bilateralidad, y Multilateralidad como aquellos que han de regir en las relaciones con el Estado, pero no se define un cauce real de diálogo con el Estado. Configura a Cataluña como un Estado político de referencia dentro de la UE y del Estado, pero tampoco alude a una posición concreta y consensuada respecto de estos referentes ni a los medios para lograrla.

En estos aspectos, nos encontramos con un texto eminentemente dogmático. Recoge los mal llamados derechos: al trabajo, a la vivienda, etc... La mayoría de ellos, ya reconocidos en la Constitución del 78, y simplemente funcionan como directrices a la hora de legislar, no necesitando figurar en más textos sino ser los verdaderos principios rectores de la política social y económica de nuestro país, dando lugar a leyes materiales que los desarrollen y puedan crear verdaderos créditos del ciudadano frente al gobierno o entidad competente en esa materia para hacerlos efectivos.

Traería cola el tratamiento que recibe la lengua catalana en el nuevo texto, equiparándola al que recibe el castellano en la Constitución; ambas lenguas serían cooficiales y si bien hasta ahora existe el derecho a utilizar el catalán, la aprobación de l’Estatut, impondría su conocimiento. Sabemos que Cataluña es destino de emigración, tanto desde otras partes del Estado español como desde otros países y en ambos supuestos los inmigrantes desconocen la Lengua Catalana. Según el nuevo Estatuto, Cataluña promoverá el aprendizaje del catalán aunque el texto estatutario del 79, también recogía este precepto y actualmente la realidad a este respecto es que diversos organismos oficiales ofrecen cursos de los niveles Intermedio y Suficiencia de catalán de cientos de horas y por varios cientos de euros.

Se crearía el Consell de Garantías Estatutarias, que garantiza la Autonomía Local, ya garantizada en la norma superior a l’Estatut; la Constitución. Amplía las competencias de los entes locales ampliando proporcionalmente su dotación presupuestaria, lo que probablemente resulte favorable en para un funcionamiento más eficaz y eficiente de éstas. El texto, también anuncia que otorgará a éstos un mayor papel político, ya que el Consell de Governs Locals deberá ser escuchado en la tramitación de iniciativas legislativas que afecten las administraciones locales. Pero escuchar no implica aceptar lo dicho, lo que tampoco supone un poder efectivo.

En las listas electorales, habría paridad de género; criterio arbitrario en cuanto que decide la actividad política de las personas en función de su sexo y no por su preparación ni capacidad para la vida política. Se ampliarían generosamente las competencias en Justicia. Si tenemos en cuenta el principio de Unidad Jurisdiccional recogido en la Constitución, cabría la posibilidad de que a la entrada en vigor del Estatuto, jueces de todo el Estado interpusieran masivamente recursos ante el Tribunal Constitucional, lo que saturaría, a nivel general, nuestro sistema judicial.

En el ámbito de la Hacienda, el texto crea la Agencia Tributaria Catalana y otorga competencia casi exclusiva en el ámbito tributario y facultades de redistribución de recursos desde la Comunidad, lo que obviamente beneficiaría a Cataluña, pero reinventa el Principio de Solidaridad entre las Comunidades Autónomas, beneficiando a aquellos que colaboren con un esfuerzo fiscal similar al de la nuestra; siendo ésta una de las regiones más ricas de España, esto significaría ayudar a los que menos lo necesitan, ¿Es ésta la antesala a la Independencia y la Autodeterminación?

En medio de una fuerte inestabilidad política y a las puertas de unas elecciones anticipadas, quienes tiran la piedra y esconden la mano lanzándonos un nuevo estatuto, nos venden una despótica promesa de bienestar que ni siquiera sabemos en que consiste y que está vacía de contenido; un Estatut que no significa nada a falta de leyes que virtualicen esas promesas y que tampoco necesitan de ese texto para convertirse en realidad. Contamos con un brevísimo período de tiempo para leer nuestro nuevo futuro Estatuto y votarlo en referéndum. Muchos desconocerán su contenido y decidirán su voto por inercia de manera superficial o por tendencias partidistas, como ya pasara con la malograda Constitución Europea. Un Estatuto de Autonomía, debería ser la expresión de la identidad nacional de un pueblo, contenido de derechos materializables y un camino hacia el consenso con todas las fuerzas políticas en un marco democrático.

Exijamos información, honestidad y claridad sin demagogia ni sensacionalismos, para poder votar en referéndum este Estatut con la libertad que nos enseño Tomás y Valiente en “A Orillas del Estado”: ... No como algo inerte o ajeno, sino como la transmisión de un conocimiento práctico, que permite al hombre examinar sin miedo y sin imposiciones las realidades del mundo en que vive sin tener que aceptar ideas o “verdades” que previamente no hayan sido sometidas a examen.

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Mar Berenguer Mollón es licenciada en Derecho y máster en Dirección de Comunicación.

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