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Las fosas del recuerdo

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 19 de mayo de 2006, 02:18 h (CET)
Hace algunas semanas la Comisión Europea decidió condenar el régimen franquista en el ámbito mundial eligiendo para realizar la condena el próximo día 18 de Julio, fecha en la que se cumplirán setenta años del levantamiento de los generales africanistas contra la Republica. También los parlamentarios españoles van a declarar este año como “Año de la Memoria” con el fin de que todos recordemos aquellos hechos que llenaron a España de luto y dolor. Y mientras esto sucede Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, sigue empecinada en querer que los valencianos tan sólo conozcamos la historia de los suyos, la de los vencedores de aquella guerra incivil. Ahora, a toda prisa y casi con nocturnidad y alevosía se ha empeñado en construir un millar de nichos encima de donde fueron enterrados centenares de valencianos fusilados entre abril de 1939 y 1945.

Durante largos años los perdedores tan sólo fueron eso: perdedores. Los que se habían levantado en armas contra la legalidad vigente ocuparon literalmente el país. Los puestos de trabajo en los organismos oficiales fueron para ellos, todavía recuerdo aquellos ordenanzas y oficinistas de bigote recortado y camisa azul que pululaban por los edificios, la mayoría también ocupados a sus legítimos propietarios, donde se asentaban los antiguos sindicatos verticales. Las plazas de las ciudades ostentaban monumentos a los caídos en la guerra, pero tan sólo a los de un bando ya que los perdedores seguían siendo invisibles y en las fachadas de todas las iglesias del país lucían una gran cruz con toda una serie de nombres de “caídos por Dios y por España” pero en aquellas listas siempre faltaba una mitad, la de los perdedores que para la dictadura triunfante no habían caído ni por Dios ni por España. Y mientras los que habían perdido una pierna o un brazo en el lado ganador eran “Caballeros Mutilados” con derecho a medalla y paga entre otras prebendas los mutilados perdedores eran “el jodido cojo rojo” al que, a veces, ni el derecho a mendigar le quedaba ya que le podían aplicar la famosa Ley de Vagos y Maleantes.

Con el fin de la guerra no llegó la paz sino la victoria y ya se sabe que los ganadores no suelen ser generosos con los vencidos. Así que en Valencia durante más de seis años se estuvo fusilando a republicanos, masones, algún que otro judío y librepensadores sólo por el hecho de no ser “adictos al Régimen” como se decía por aquellos tristes y oscuros días. La mayoría fueron enterrados en fosas comunes en el cementerio de Valencia y en algunos casos, los menos, los familiares sabían que allí estaban los restos de sus deudos a los que podían recordar. Incluso en algún caso, como en el del abuelo de la escritora Fany Rubio la familia pudo colocar una pequeña lápida grabada con un poema de la escritora. Recuerdo que ahora ha desaparecido.

Ahora, con la excusa de que ya no quedan restos humanos en aquella fosa la Alcaldesa de Valencia comienza a construir a toda prisa mil nichos justo encima de ella para evitar que estos muertos puedan ser recordados mediante la instalación de un memorial que nos recuerde siempre aquel horror. Las autoridades valencianas han tomado el camino del desprecio y el rencor y frente al reconocimiento de la memoria histórica, ellos quieren dejar a nuestros muertos bajo el triste silencio del olvido. La excavadora de Rita Barberá se ha puesto en marcha para hacer con los muertos lo mismo que a hecho con los vivos del Cabanyal: desalojarles cual ocupas sin derechos. Afortunadamente un juzgado ha ordenado la paralización cautelar de las obras.

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