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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Camino de casa de la abuelita

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
viernes, 19 de mayo de 2006, 02:18 h (CET)
Lalaralalá, Lalaralalita, voy a la casita de la abuelita, canta caperucita por el camino donde acecha el lobo. Camino que debe ser igual de largo, complejo y sinuoso que el del Gobierno de los Rubalcaba y Zapatero, el Congreso de LLamazares y el parlamento de Ibarreche, pasando por Otegui y la mesa de la tabla de los redondos de solomillo y ternera.

Ha llegado el principio del fin del lobo terrorista, mascullaba una caperucita roja que iba a casa de la abuelita republicana y de izquierdas. No sabía que el lobo se sabía el camino del bosque de memoria, lo que duraba y el aullido que tenía dar, cómo, cuando y donde, porque al final él era el lobo. Se come a la abuelita, pero también dice que se quiere comer a la roja caperucita, se quiere quedar con la casa de la abuelita, la de la vecina de la abuelita y la de toda la familia de caperucita. Caperucita en el camino no puede contactar con su madre, que está perdiendo el pelo de tanto decir que no importa que venga el lobo porque es bueno.

La madre le quiere decir que aunque no hay problema, que tenga cuidado con el camino porque es "largo, duro y difícil", que el principio del fin del mal lobo no ha llegado aún a su punto de partida. Partida de replanteo para ser un buen vecino de la abuelita. Cuento del buen lobo que fabrica su casa adosada a la de la abuelita guardandado las normas, y los domingos va a la misma parroquia donde asiste ella. Como todo cuento de la caperucita roja postmoderna tiene varios finales, pero en todos ellos el lobo deja siempre en el camino su camada de lobeznos.

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