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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Educación del espíritu

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 17 de mayo de 2006, 22:35 h (CET)
Finalizada la segunda guerra mundial, humeando todavía las ciudades arrasadas por los bombardeos, con el propósito de finalizar de una vez por todas la barbarie humana, nace la UNESCO. El principio que tiene que poner fin a los despropósitos del hombre es la educación: "Las guerras nacen en el espíritu de los hombres, es en el espíritu de los hombres en donde se han de levantar las defensas de la paz".

El propósito de la UNESCO de trabajar a favor de la paz mundial por medio de la educación es muy noble y merecedor de nuestro encomio. Pero es ineficaz por la sencilla razón de que la educación del intelecto sólo es una capa de barniz que se extiende sobre el corazón humano que es perverso por naturaleza. Con lo terminado de exponer no me estoy refiriendo a que la educación sea del todo inútil. Quiera el Señor que alcance niveles dignos en tantos países en los que la escolarización adquiere cotas prácticamente inexistentes y, en países como el nuestro, que goza de un buen sistema educativo, mejore la calidad de la enseñanza que se imparte en las aulas. Sería de desear que este progreso pusiera fin al ausentismo escolar con todas las consecuencias negativas que acompañan al hecho de que jóvenes y adolescentes deambulen por las calles sin nada que hacer, dejándose llevar por sus instintos primarios.

Regresemos al tema de la guerra que nos preocupa en estos momentos. Para encontrar solución a sus horrores y a los grandes sufrimientos que siempre acompañan a las acciones bélicas, sean cuales sean las extensiones territoriales, hemos de acercarnos a la fuente de donde nacen: el corazón humano.. El lector debe entender que al emplear el término "corazón" lo hacemos en un sentido metafórico, refiriéndonos a lo que la UNESCO denomina "espíritu del hombre", es decir, aquella parte íntima del ser humano que no se puede analizar en un laboratorio y que hace que el hombre se distinga de las bestias.

El escritor sagrado se plantea la pregunta que nos hacemos todos y a la que no sabemos dar respuesta: "¿de dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?" Haciendo una pregunta a sus lectores nos da la respuesta a nuestro interrogante. "¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?". El escritor sagrado nos transporta a nuestras pasiones. ¿Dónde se originan éstas? Jesús nos da la respuesta: "de dentro del corazón de los hombres salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen y contaminan al hombre" (Marcos, 7:21-23). A pesar de que Jesús no utiliza la palabra "guerra", lo hace de una manera implícita porque nombrando esta serie de maldades que salen del corazón humano pone al descubierto diversos aspectos que siempre van unidos en la incubación y engendramiento de las guerras. Originándose éstas en el corazón del hombre, miremos de encontrar la medicina que cure tendencias tan perversas.

El apóstol Pablo no habla de dos maneras de andar: según el espíritu y según la carne. Camina en el espíritu aquella persona que habiéndose convertido a Cristo es guiada por el Espíritu Santo. Anda según la carne quien no se ha convertido a Cristo. Las dos maneras de andar conducen a resultados diferentes. Las obras de quienes andan según la carne son: "enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones…". El resultado de andar según el Espíritu es: "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza". El resultado de ambas formas de caminar evidencian que en tanto andemos según nuestra naturaleza carnal no convertida a Cristo no se podrán evitar las guerras, su multiplicación y la devastación y horror que siembran a su paso. Es evidente que la conversión a Cristo con las obras que acompañan ser dirigidos por el Espíritu Santo es imprescindible para eliminar de cuajo a las guerras y el dolor que producen en quienes las sufren en sus propias carnes. Desgraciadamente prevalece el caminar carnal. Los hombres se dejan guiar por sus instintos carnales y menosprecian a quienes buscan andar en el Espíritu. Las palabras que el presidente Roosevelt dijo al boxeador Joe Louis exponen el espíritu que prevalece a la hora de poner fin a las guerras. "Joe, necesitamos músculos como los tuyos para vencer a Alemania".

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