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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Culpables de xenofobia

Santi Benítez
Santi Benítez
miércoles, 17 de mayo de 2006, 22:35 h (CET)
Hans van Themsche, 18 años, lo que, al parecer, le dio derecho a comprar un arma en un país europeo, perteneciente a una familia de gran renombre entre la extrema derecha flamenca, pasará a la historia de Bélgica como la gota que colmó el vaso de una sociedad acosada por el racismo y la xenofobia, acosada por esa misma extrema derecha de la que su tía es activista junto a su propio padre. Este descerebrado, tras disparar contra Songul Koc, de 46 años, ciudadana belga de nacimiento, aunque sus padres eran de origen turco, asesinó a la joven negra Oulemata N’dye, de Mali, y a la pequeña que cuidaba, Luna Drowat, de dos años. En el momento de ser detenido dijo “Soy un cabeza rapada y busco extranjeros para matarlos”. Al registrar su casa se encontró una carta en la que se podía leer que su propósito era “restaurar el orden en la sociedad”.

Bélgica es uno de los países europeos en los que la extrema derecha ha pasado de ser un problema social a convertirse en un verdadero problema estructural. Y no ayuda en nada las políticas neoliberales del gobierno de Guy Verhofstadt que, lejos de reconducir políticas de protección social o impulsar pilares básicos como la medicina o la educación pública, los ha dejado de la mano de dios, convirtiendo a la inmensa mayoría de la juventud belga en mano de obra barata sin estudios ni visos de futuro.

El primer ministro belga calificó estos asesinatos de viles y horribles, diciendo que nadie puede ignorar ahora a lo que puede conducir la extrema derecha. Lo que no se le esconde a nadie es que estas palabras van más en la dirección de restar votos a partidos de extrema derecha como el Vlaams Belang, en el que milita la tía y padre del desecho humano que cometió los asesinatos -que, previsiblemente, conseguirá mayoría absoluta en las próximas elecciones en Amberes- que en buscar soluciones. Es más, que la juventud belga culpabilice a los extranjeros como responsables de sus frustraciones individuales y miserias sociales, en vez de al verdadero culpable, su propio gobierno, sólo le beneficia a él.

Es la misma falta de políticas sociales que existe en Francia, en donde ya se riza el rizo tanto con la radicalización de los ciudadanos franceses con ascendientes extranjeros como el auge de un lepenismo “galo”-pante. Y es que la extrema derecha, el racismo y la xenofobia es una enfermedad que se contagia con rapidez entre sociedades en las que sus ciudadanos no crecen con las suficientes armas de sentido crítico, como una educación pública de calidad. En nuestro propio país nos enfrentamos a casi catorce años de jóvenes en la misma situación. No ha de extrañarnos cosas como la quema de pisos para ciudadanos gitanos o que organizaciones xenófobas como España 2000 tengan la mayoría de sus adeptos entre jóvenes que han crecido en este periodo.

Es inconcebible que se ilegalicen partidos como batatasuna por connivencia con banda armada, cosa que me parece muy bien, y no se ilegalicen partidos xenófobos y racistas que, una y otra vez, acuden a las urnas como asociaciones políticas respetables, cuando deberían ser erradicadas del mapa político de nuestro país y, por ende, de toda Europa. Es inconcebible que la ley de partidos no les sea de aplicación en supuestos de apología del racismo. Porque es evidente que el terrorismo no es peor que la persecución de personas por su color, raza, condición u origen, la base es la misma, la xenofobia. Sino somos capaces de afrontarlo, enfrentarlo y subsanarlo, lo vamos a pagar con creces. Y lo vamos a pagar con aquello que más nos ha costado conseguir; nuestra democracia y el respeto por la diferencia.

Es de imbéciles culpar a los extranjeros de los males sociales de un país. Porque el único culpable de ellos es el votante, que no piensa en sus hijos y en su futuro al votar, o peor, que simplemente ni vota. Ese es el único y verdadero culpable de los males de su sociedad y de las carencias de su país. Porque mientras estos descerebrados no lleguen al poder, esto es una democracia, y los malos gobiernos se castigan en las urnas.

Buenas noches, y buena suerte...

Suena de fondo “Construção”, de Chico Buarque.

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