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¿Qué ocurrirá entre Irán y EEUU?

Piotr Goncharov
Redacción
miércoles, 17 de mayo de 2006, 22:35 h (CET)
Washington ha aceptado el desafío de las autoridades oficiales de Teherán que anunciaron la disposición a defender su programa de desarrollo del sector nuclear civil incluso con empleo de la fuerza armada.

La Casa Blanca lo hizo con tanta habilidad y tan oportunamente que cuesta trabajo distinguir los tejemanejes y las verdaderas intenciones.

El jueves pasado, la Cámara de Representantes del Congreso de EE.UU. votó unánimemente por encomendarle al jefe del Pentágono presentar al Congreso el informe clasificado sobre los posibles guiones de empleo de la fuerza armada contra Irán. El informe debe contener todas las variantes disponibles, incluidos los casos en que “el empleo de las FF.AA. norteamericanas pueda ser justificado, así como cualesquiera escollos o limitaciones para tal empleo”.

El Pentágono había elaborado desde hace tiempo todos los posibles guiones de empleo de la fuerza armada. Después de la victoria de la revolución islámica en Irán (1979), Estados Unidos perdió un aliado estratégico en Oriente Próximo. Y desde entonces, el Pentágono siempre tiene a mano este plan de intervención militar.

Ya al día siguiente después de la resolución tomada por la Cámara de Representantes, el semanario ruso “Revista Militar Independiente” (RMI) publicó un plan de operación militar contra Irán. Según datos que obran en poder de RMI, los golpes contra instalaciones nucleares y otros objetivos sospechosos de Irán serían asestados por seis grupos, de los que en su conjunto formarían parte de hasta 70 cazas, aparatos de aviación naval y bombarderos B-2A dotados de 216 misiles de crucero y 200 toneladas de bombas como mínimo, entre ellas GBU 43/B, destinadas a destruir construcciones a gran profundidad.

Lo más probable es que dicho plan del Pentágono fue preparado por el propio semanario. Ello no obstante, según muestra la práctica, los datos proporcionados por esta respetable edición, en este caso concreto los relativos a la composición de las agrupaciones militares constituidas en torno a Irán, no deben suscitar dudas. Datos similares han aparecido últimamente en las páginas de prestigiosas revistas estadounidenses y occidentales.

Al dejarse involucrar en el juego, Washington, igual como Teherán, se propone manifestar su disposición a no reparar en recursos para acabar con el programa nuclear iraní. Ahora el problema estriba en quién, quién será más astuto, más artificioso, quién, al fin y al cabo, logrará imponer sus condiciones de capitulación pacífica. Estas condiciones son harto conocidas. Irán exigirá reconocer su derecho a desarrollar en pleno volumen el programa propio de energía nuclear con fines civiles. EE.UU., como es de suponer, presentará exigencias diametralmente opuestas. Pero consiste en qué va a suceder si una de las partes no acepta la capitulación pacífica. Este es el intríngulis principal.

Por regla general, la pregunta suele plantearse en esta forma: ¿Qué va a suceder, si Estados Unidos atolla a Irán? Se sobreentiende que Irán no renuncia a su programa nuclear, mientras que EE.UU., siendo el principal adversario de este programa, primero logra movilizar a la comunidad mundial a imponer las sanciones a este país y, luego, comienza una operación militar.

Comúnmente, a título de respuesta se ofrece un guión apocalíptico para Estados Unidos e Israel. Irán destruye 400 objetivos estratégicos en la tierra prometida, toda la infraestructura petrogasífera en la zona del Golfo Pérsico, bloquea el estrecho de Ormuz hundiendo allí dos petroleros, comienza la guerra en Irak, donde Estados Unidos se enfanga definitivamente. Y, por último, se mencionan los 40 mil kamikazes, dispuestos a inmolarse para destruir objetivos israelíes y norteamericanos por doquier. Naturalmente, se impone la conclusión de que para EE.UU. la operación militar contra Irán equivale a suicidio, y la Casa Blanca simplemente no se atreverá a emprenderla.

Las evidencias vienen a apuntar que las autoridades de Teherán consideran como verídico tal pronóstico. No es casual que el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Alí Larijani, conversando con periodistas, dio una respuesta negativa a la pregunta sobre la eventualidad de una acción militar norteamericana, alegando justamente estas conclusiones de expertos. Probablemente, basándose en tales conclusiones, las autoridades de Teherán por poco provocan a EE.UU. a tomar medidas radicales, incluida la operación militar.

Así las cosas, sería lógica plantear esta pregunta: ¿Qué va a suceder, si Irán atolla a EE.UU.? Máxime que las últimas declaraciones de los máximos dirigentes iraníes simplemente no le dejan a EE.UU. (desde las posiciones de la Casa Blanca, desde luego) posibilidades algunas de evitar la guerra con la República Islámica. ¿No habrán sobreestimado los iraníes la precisión de los analistas que consideran de inadmisible para EE.UU. la operación militar contra Irán.

En opinión del experto ruso Alexei Arbatov, en caso de que Irán practique el enriquecimiento industrial de uranio, se enfrentará con esta disyuntiva: bomba nuclear en manos de Irán u operación militar contra este país. En este caso, como de costumbre, Washington tendrá que elegir entre dos males, el mayor y el menor. Cae de su peso que para Washington, el mal mayor será la bomba nuclear en manos de Irán. Y si Washington no entabla contactos directos con Teherán, la opción por el mal menor de hecho está predeterminada, cree el estudioso ruso.

Mientras tanto, según comunica la bien informada revista norteamericana Newsweek, al presidente de Estados Unidos ya se le dio a conocer el pronóstico pesimista de la eficacia de un eventual golpe aéreo contra los objetivos nucleares de Irán. En este contexto, aludiendo indirectamente al subsecretario de Estado de EE.UU., Nicholas Burns, la revista no descarta los tan anhelados contactos directos. En tal caso, lo fundamental para Washington será arreglárselas para guardar las apariencias al hacer las inminentes concesiones a Teherán.

A juzgar por todo, tanto Teherán como Washington están igualmente preocupados por lo que pasaría cuando Irán haya atollado a EE.UU.

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Piotr Goncharov es analista, para RIA Novosti.

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