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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Dos pesetas en rojo

Raúl Tristán

miércoles, 17 de mayo de 2006, 02:13 h (CET)
De pequeño, y de algo más mayor también, coleccionaba sellos. No tenía el afán de hacerme rico con ello, aunque siempre soñaba con el día en el que, entre aquellos sellos venidos de lejanos confines del mundo, o de cartas antiguas, que mi abuelo me conseguía, y que me solían esperar todas las Navidades en mi tierra riojana, hubiera alguno de esos raros ejemplares por los que merece la pena suspirar.

Tal vez, uno de los que más buscaba, posiblemente por accesible o próximo en el arco del tiempo, era el “dos pesetas rojo”... un clásico de la filatelia española.

El resto, eran alimento para mi curiosidad: las bellas estampas de pueblos y ciudades de España, o la memoria imborrable de las colonias perdidas: Sahara, Ifni, Guinea...

También estaban aquellos interminables muestrarios de animales y plantas, o las galerías de personajes célebres, o los que periódicamente conmemoraban acontecimientos relevantes... Desde Olimpiadas, hasta el Día del Sello.

Sí, realmente para mí, los sellos eran tan sólo una cosa: cultura.

Cultura como lo eran los libros, las colecciones de insectos y plantas, los productos químicos que atesoraba junto al Quimicefa y a mi microscopio óptico, o la colección de monedas y billetes, o... cultura, cultura, cultura.

A los inversores, pequeños, medianos o grandes, de AFINSA y del Fórum Filatélico no les interesaban sus sellos, muchos no llegaron a verlos nunca, ni su simbolismo cultural, ni el legado que significaban sus temas y diseños. Tan sólo veían en ellos una forma de inversión, como otra cualquiera, o no tanto: jugosos intereses, escasas o nulas cargas fiscales... Eso que llaman Inversión en Bienes Tangibles.

Ahora, después de años y años de beneficios, de rentas tal vez incontroladas, los inversores de Afinsa y Fórum se han visto estafados. Y, ante la posible pérdida de sus actuales y futuros, reclaman al Estado. Y sí, el Estado, mediante los mecanismos pertinentes, debe velar para que las empresas no se constituyan en nidos de fraude, el Estado debe observar las auditorías, y debe perseguir las estafas. Pero señores, nada más.

Señores inversores de AFINSA y del Fórum, éstas son dos empresas privadas de inversión, y quien dice inversión dice riesgo. Toda inversión que promete beneficios fuera de lo normal (es decir, los bajísimos réditos que ofrecen las entidades bancarias), es una inversión de riesgo. Y el riesgo está en perder o en ganar, o en ganar y ...perder.

A mí, señores, si invirtiera en Bolsa, no se me ocurriría reclamar al Estado por mis pérdidas. Es algo que se asume por el mero hecho de ser consciente de dónde se está uno metiendo. De lo contrario, todo el mundo invertiría en Bolsa, o montaría negocios en países emergentes pero inestables, o abriría una peluquería en su barrio...

Bien, pues al igual que los inversores en timbre no nos hacían partícipes de sus ganancias al resto de los españoles, ahora que han perdido no debe de ser el Estado, o sea el resto de españoles, el que asuma los costes de la mala gestión de sus inversiones.

Debe castigarse a los culpables de la estafa, si la hay, y auditar todos sus bienes para establecer si es posible la capacidad por parte de estas empresas para hacer frente a las deudas contraidas con sus clientes, pero nada más.

El Estado, o sea nosotros, no debe nunca de ser el pagano de las pérdidas de quien asume los riesgos en un mercado de inversiones libre.

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