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¿Lanzará Israel un ataque contra Irán?

Marianna Belenkaya
Redacción
miércoles, 17 de mayo de 2006, 02:13 h (CET)
Israel es un “régimen basado en el mal que no podría perdurar y un día quedará destruido”, volvió a declarar el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad. Tales declaraciones ya no causan sorpresa a nadie por convertirse en algo habitual, pero suscitan cierta inquietud a la luz de la situación que se está configurando últimamente en torno a Irán.

Es muy probable que lo dicho por Ahmadineyad reforzaría las posiciones de los que buscan un pretexto para ir a la guerra contra Irán. Los medios de prensa mundiales reproducen gustosamente las palabras del líder iraní, comentando la posibilidad del ataque israelí contra las instalaciones nucleares de Irán. Se da la impresión de que Israel se vería obligado a dar tal paso, cediendo ante las presiones periodísticas. Pero, ¿qué ventajas depararía a Israel tal acción?

En su artículo publicado a finales de abril en “Los Angeles Times” Rosa Brooks afirma que los anunciados suministros a la República Islámica de los misiles rusos “Tor-M1” moverían a las autoridades israelíes a emprender en un futuro próximo unas acciones activas respecto a Irán, ya que en caso contrario la “región se vería envuelta en llamas de la guerra”.

En 1981 Israel destruyó un reactor nuclear en Irak, considerando de éste pone en peligro la seguridad nacional del país. Nada le impide repetir la operación, ante las amenazas que no deja de lanzar Teherán. Importa señalar que esta idea va ganando terreno entre determinados sectores políticos de Israel. Así, el ex primer ministro israelí, Benjamín Netaniahu, en reiteradas ocasiones elogió el comportamiento de los dirigentes de Israel en 1981. No obstante, la situación actual es distinta a la que existía hace 25 años. En aquel entonces el bombardeo sobre el reactor iraquí simplemente no podría servir de detonante para una guerra regional. Los israelíes no corrían riesgo alguno, al apostar por el ataque mencionado. Pero las cosas han cambiado.

Según parece, Teherán arde en deseos de caer víctima de la agresión, mas ¿le conviene a Israel erigirse en promotor de una nueva contienda regional?

El triunfo electoral de Hamas redundó en beneficio de las posiciones de Israel en el escenario internacional. Muchos países catalogan a este movimiento dentro de las organizaciones terroristas, y nadie insta a Israel para que negocie con el mismo. La comunidad mundial ha dejado de reclamar que los israelíes hagan concesiones a Palestina y lleven adelante el proceso de paz. La situación en la zona del conflicto palestino-israelí resulta beneficiosa para Israel por lo que no hay necesidad de adoptar las medidas extremas respecto a Irán.

Tampoco cabe olvidar que al impartir en 1981 la orden de destruir el reactor iraquí, el primer ministro de Israel, Menahem Begin, tenía por norte no sólo los intereses de la seguridad nacional sino también la próxima campaña electoral en que su partido Likud tenía escasos visos de triunfar. De otro lado, una exitosa operación militar podría aportar una apreciable contribución a la victoria en los comicios parlamentarios. Pero a diferencia de Begin, el actual primer ministro de Israel, Ehud Olmert, no experimenta la necesidad de dar pasos tan espectaculares: las elecciones acaban de celebrarse, se ha formado una coalición gubernamental y, por si fuera poco, existe todo un montó de apremiantes problemas internos.

Además, Olmerti prometió a sus electores establecer hacia 2010 las fronteras permanentes de Israel, tarea bastante difícil de cumplir sin el apoyo de la comunidad mundial. En virtud de lo arriba expuesto, es poco probable que ose actuar en Irán por su cuenta y riesgo. Según ha expresado no hace mucho Shimón Peres, uno de los más viejos políticos de Israel, por lo que respecta al problema iraní, lo mejor para el Estado judío sería que tomen la iniciativa Estados Unidos y otros líderes mundiales, mientras que el propio Israel debería limitarse a llamar insistentemente la atención sobre la gravedad de este problema.

Así las cosas, es difícil que sin el consentimiento o la solicitud por parte de la Casa Blanca los israelíes se atrevan a bombardear Irán. Por lo que a EE.UU. se refiere, es bastante problemático que ahora esté interesado en un conflicto militar con participación de Israel, pues ello trastocaría las matizaciones en la política que pretenden aplicar en Oriente Próximo y tendría efectos contrarios para ellos mismos.

La abrumadora mayoría de la población mesoriental, desde altos cargos oficiales hasta la gente más pobre, las acciones de EE.UU. e Israel están indisolublemente ligadas. Nadie tiene la menor duda de que actuando en esta zona la Administración USA se guía por los intereses israelíes, y una abierta injerencia de Israel en el conflicto con Irán volvería a corroborarlo. Esto reduciría a cero todos los esfuerzos de la diplomacia norteamericana en la zona, privándola del derecho moral a esgrimir razones nobles, mesiánicas.

Por lo tanto, es muy dudoso que en un futuro próximo los israelíes sean los primeros en agredir a Irán. A propósito sea dicho, hay un aspecto más: no es el primer año que se habla de los posibles ataques aéreos israelíes contra objetivos nucleares iraníes. Pero esto no llega a suceder. Es dudoso que los israelíes crean en la capacidad de la comunidad mundial para resolver por vía negociada el problema nuclear iraní. En tal caso, ¿por qué hasta ahora no han procedido tal como en Irak? ¿La situación internacional era desfavorable? ¿No se disponía de exhaustivos datos de información y de potencial militar? ¿O la amenaza por parte de Irán no era tan fuerte?

Es cierto, los suministros de los sistemas rusos de defensa antiaérea dificultan el eventual golpe contra instalaciones nucleares iraníes, pero, según apuntan las evidencias, los israelíes se conforman con que el mundo entero, incluyendo a las autoridades de Teherán, sepa que Israel es capaz de defenderse y contrarrestar cualesquiera amenazas. Para ello no es necesario, ni mucho menos, pasar a desarrollar acciones reales. Por lo menos, de momento.

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Marianna Belenkaya, analista, para RIA Novosti.

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