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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Meollo testimonial

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 15 de mayo de 2006, 21:59 h (CET)
Son muchos y variadísimos los acontecimientos o circunstancias en los que resulta muy conveniente la presencia de un TESTIGO para ratificar el hecho en cuestión. De como se articule su presencia, de forma sincera o tendenciosa, se derivará su grado de nobleza. También la amplitud de su conocimiento, superficial o profundo, redundará en su repercusión. La guerra civil, los líos urbanísticos o las corrupciones con tantas ramificaciones, requieren de ese conocimiento cercano de los hechos. Como se usen o silencien, eso vendrá despues.

No es lo mismo testigo que testimonial. Si echamos un vistazo al diccionario de la RAE, las acepciones son numerosas. Centremonos hoy en dos de ellas: 1. "Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de una cosa". 2. "Persona que da testimonio de una cosa, o lo atestigua". El testigo estático, pasivo, no atestigua nada, sólo almacena; con la inevitable presencia del olvido. Cuando pasa a dar fe de un hecho real o situación concreta, es cuando se convierte en TESTIMONIAL. Por lo tanto, primera disyuntiva apasionante. ¿Qué conviene en cada caso? ¿A que está dispuesto el sujeto protagonista? Vamos a dejar aparte los objetos inanimados como referencia de algún suceso -huella, signos, fotos-.

Se trata de una figura a la que no siempre se valora lo suficiente. Sobre todo en estos ambientes modernos, se utilizan según capricho o inclinación tendenciosa. Usar o tirar, según convenga. Sin embargo, su sencillez es abrumadora, es suficiente con haber estado allí en un momento determinado. Quizá por tan sencillo se relega con demasiada frecuencia. A poco que profundicemos, iremos apreciando como esa simplicidad se va embarullando con riqueza de matices y relaciones. La reducción de la vida a un esquema es francamente difícil. Los testigos, como parte de ella, no se prestan a los simplismos.

¿Qué ocurre con las palabras y declaraciones? Se van transformando y perdiendo por los caminos; hasta tal punto, que al darnos cuenta, ya estamos hablando de otras realidades con las mismas palabras. ¿Harán falta ejemplos? Escojamos algunos. Los diferentes terrorismos, crueles y cobardes, se les encubre como defensores de esencias, lucha por la paz, y hasta recovecos de sacristía, que de todo hay. Las corrupciones se van disimulando con rasgos democráticos mal entendidos, se las relaciona con la creación de puestos de trabajo, o se alega desconocimiento del mal. Del mismo modo podemos citar las maniobras de aculturación, con el disfraz de nuevas culturas. Qué diríamos del amplio campo del fraude laboral. Es decir, una ristra interminable de pronunciamientos, pero no pasan de brumas y connivencias, siempre en contra del más débil. ¡Nos perdimos en las PALABRAS!

Se deriva de todo ello la conveniencia de no perderse en abstracciones. Con Imre Kertesz, testigo tan involucrado en el sufrimiento ante los nazis, hemos de recuperar el "espíritu de las narraciones" para recalcar la referencia a la memoria del hecho concreto. La dignidad no estará en las divagaciones escapistas, requiere la toma de posición por las personas que posean determinados conocimientos. Con especial énfasis en los desaguisados, como en los comportamientos referidos líneas arriba ¡La necesidad de testigos es un clamor! Aunque luego debamos fijarnos en si se consideran o no las declaraciones de dichos testimonios. Si no los atendemos, pasaremos a formar parte de la trama. Como verán el asusto se va banalizando, aunque no debiéramos.

Aterrizar en lo subjetivo, lo CONCRETO, pondrá de manifiesto las muestras del estropicio, primero mental, luego de procedimiento, hasta evitar el olvido de las secuelas nefastas. Es por lo tanto una ilustración necesaria; sin ella ¿Cómo tomar decisiones correctas? De no producirse esa reacción testimonial, esa valoración del hecho concreto, la generalidad teórica abocará con facilidad a la intrascendencia de las conductas, y otra vez desde ahi cerramos el ciclo, las crueldades proliferan. Estaríamos ante el vicio de responsabilizar a entes, sin caras, sin un rostro al que responsabilizar. ¿Se necesitan testigos , o no?

También, también es oportuno prestar más atención a la necesidad de ofrecer testimonio de los hechos, ideas o actuaciones meritorios. Corremos el riesgo de la pérdida de las mejores cualidades; nos invade una globalización instalada en la mediocridad. Como un simple ejemplo, cito el desinterés por una docencia y aprendizaje de altura. De esa guisa se aminoran los valores ideológicos, sociológicos, y los mejores valores democráticos. ¿Quién impulsará este RENACIMIENTO? ¿De verdad nos interesa? Una cosa es decirlo, pero se requerirían fuertes impulsos para conseguirlo. Si ni tan siquiera hay serios intentos revitalizadores, mal panorama se nos ofrece.

¿Y si los pretendidos testigos apuestan por el SILENCIO? ¿Están en su derecho? Hemos de comprender la gran dificultad para entrar en su íntima decisión. Es una opción de ellos. En determinados momentos puede ser bueno el silencio. Sus motivos para callar irán, desde la conveniencia, fuerza mayor, temores, pasividad, tibieza, a ideas más perversas, cuando no crueles y maléficas. ¿Cómo convencerles? ¿Como disponer de argumentos eficaces? Aunque hoy se lleven, no será cuestión de medidas coercitivas; si, se llevan, ladinas y muy disimuladas. No se admite fácilmente eso de la gente que piensa por si misma. La educación y el diálogo deben ser el pivote donde insertar mejores piezas.

Hay un matiz importante en estos asuntos, un error de bulto capaz de hacernos desviar el punto de mira. Se trata de tomar la parte por el todo. Creernos en posesión de la verdad por la simple disposición de un testimonio. Este nunca puede ser total, no llega a parcibir y menos, a definir, todo un suceso. Es muy arriesgado conceder valor absoluto a un testigo. Si el gran impresionista Monet afirmaba "haber utilizado y estropeado muchos colores" porque el paisaje nunca es el mismo, que no sucederá con la COMPLEJIDAD del intelecto humano. Conviene evitar la osadía de afirmaciones excesivamente rotundas. ¡Ay de los resquicios!

Como a veces, el testigo es el ÚNICO rescoldo de una información, en esos casos se convierte en un ingrediente imprescindible. ¿Todavía se puede apelar a la dignidad? ¿El bien común nos representa? Tal parece, y así se van dibujando, unos escenarios donde priman los olvidos y marginaciones, intereses rampantes y desprecio absoluto a las cualidades. Por eso, ante los números, la economía, y el talante despreciativo hacia los demás, invoquemos a los testigos que puedan llegar a mejorarnos.

En definitiva, se requieren los testimonios meritorios y solidarios.

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