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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Historia de cuatro hembriones

Pepe López
Redacción
domingo, 14 de mayo de 2006, 08:55 h (CET)
Amigos míos: Os voy a contar una historia más bien triste. La historia de unos embriones. Son pequeñitos, redonditos, microscópicos. Algunos tienen solamente unas horas. Los científicos los llaman con ese nombre feísimo de cigotos, pero, como son personas humanas, yo les voy a poner nombres. Aquí tenéis a Paquito, María del Pilar, Andrés y Juanito.

PAQUITO es hijo de una rumana y de un valenciano. Sus genes, el óvulo y el espermatozoide se unieron, por azar, en un tubo de ensayo de una clínica malagueña.

MARIA DEL PILAR es hija de un matrimonio zaragozano. La madre, en sus ansias de maternidad, y ante la frustración de sus deseos, acudió a varios especialistas y, al no lograr la deseada descendencia, se encomendó a la Pilarica. Acudió a una clínica y, con genes de los propios padres, se consiguió que el óvulo materno quedara fertilizado e insertado en la matriz.

ANDRES es hijo de una gallega y de un emigrante polaco. Tras las manipulaciones necesarias, los cromosomas del gallego y la polaca se fusionaron y están abiertos a la vida esperando insertarse en algún vientre.

JUANITO es fruto de la unión del óvulo de una valenciana que lo vendió a un laboratorio para que se uniera a espermatozoides de un andaluz.

¿Cuál será el futuro de cada uno? Lo van a contar ellos mismos:
PAQUITO.-Mi destino está trazado. En el laboratorio en que acabo de nacer, los hombres de ciencia que me han dado la vida, -al unir las células que Dios creó en mis padres,- me han destinado al Departamento de Investigación y allí seré objeto de mil pruebas y, entre probetas, tubos de ensayo y microscopios, acabaré mi vida y terminaré como un deshecho humano.

Y lo más triste es que los investigadores no se darán cuenta, o no querrán, darse cuenta de ello. ¡Qué infamia! Pude ser un hombre normal, crear una familia, conocer y amar a Dios con mis facultades intelectuales, pero estos malvados me han hecho un ser inútil.
Claro que Dios me ha dado un alma y le intuyo y le adoro.

PILAR.- ¡Con cuánta ilusión me esperan mis padres! ¡Con cuánto fervor pide mi madre a la Pilarica para que todo salga bien y dentro de unos meses tengamos la dicha de conocernos.! Ella me llenará de besos mientras yo saboreo la tibia leche de sus pechos.
Espero ser feliz y hacer feliz a mis padres. Tengo una inmensa alegría. Les alegraré con mis juegos y ellos me llenarán de caricias.

Pero, al mismo tiempo, tengo una profunda tristeza por saber lo que me dejo en este laboratorio. ¡Cuántas, Dios mío, cuántas criaturas que no verán jamás la luz del día y que no tendrán unos padres! Claro que Dios les dará esa dicha infinita de contemplarle cara a cara ¡y por toda la eternidad! lejos de tubos, probetas y artefactos de muerte.

ANDRES.-Estoy hecho un mar de confusiones y lleno de angustia pues no sé cuál será mi final. Ha venido a la clínica, donde acabo de nacer, un matrimonio segoviano sin hijos y me van a implantar en
el seno de la mujer con otros tres compañeros, para asegurar su maternidad.

Pero, antes de implantarnos, los doctores han de hacer un diagnóstico para ver si tenemos suficiente vitalidad. Y, aunque yo me siento fuerte, no sé, no sé. Tal vez sobre.

Si supero la primera prueba y me implantan en la segoviana, viene una segunda prueba, triste y cruenta: Si todos arraigamos, los doctores volverán a examinarnos, cuando tengamos unos días o unos meses, y si la segoviana, como la vida está tan difícil y tan cara no quiere tantos niños, pedirá que le hagan una operación que llaman, hipócritamente, interrupción del embarazo y tres de los cuatro saldremos de su vientre entre espasmos de muerte.

JUANITO.-No he tenido suerte. Sigo en el tubo de ensayo metido en un congelador a muchos grados bajo cero, esperando que alguna familia se acuerde de mí. Y, si nadie se acuerda, seré un embrión sobrante cuyo final –salvo la Misericordia de Dios- no es otro que desaparecer por el desagüe de una alcantarilla.

Epílogo
Han pasado varios años.

MARIA DEL PILAR es una linda criatura de ocho años a la que su madre lleva con frecuencia a agradecer a la Pilarica el favor que les hizo.

PAQUITO, a fuerza de experimentos que los “científicos” hicieron con él para encontrar un remedio a la enfermedad de un hermano suyo, acabó sus días partido en trozos, por la soberbia de unos hombres empeñados en crear salud y vida destruyendo la vida.

ANDRES tuvo suerte. Sobrevivió a las dos pruebas. Pero vio, con dolor, como los otros embriones que, con él se implantaron en la segoviana, a los dos o tres meses, cuando ya estaban con sus manitas y sus corazoncitos, tuvieron que salir prematuramente de la casita común expulsados por unos doctores sin conciencia.

JUANITO no tuvo un final feliz. Cansados en la clínica de tenerle en el congelador, le sacaron de él y fue a parar, con otros miles de embriones, al desagüe.

Amigo lector, que has tenido la paciencia de llegar hasta el final. Medita sobre la Ley de Reproducción Asistida que acaba de aprobar el Congreso y haz cuanto esté en tus manos, seas creyente o no, para que estos hombres infames que han aprobado la Ley no vuelvan a sentarse en el Congreso y estos crímenes no se repitan en España.

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