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Vértigos limítrofes

Por la muerte, por las desventuras, por las innumerables ignorancias, circulamos en las mismas fronteras del abismo. La retórica o la dialéctica no logran despegarnos de dichos horizontes
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 26 de abril de 2019, 11:37 h (CET)

No es suficiente con que nos hayan contado cuentos atravesados por múltiples argumentos; las razones sólo abarcan porciones pequeñas de la existencia. Por otra parte, los focos de nuestras vidas particulares alumbran en territorios ignotos, abiertos sí, pero inasibles, siempre como proyectos, promesas o esperanzas. De ahí, esa vivencia emocionante, VERTIGINOSA, de estar situados al borde de los abismos, aferrados a realidades inseguras, con la desorientación de quien es sabedor de sus excesivas ignorancias. Esa inquietud temblorosa es insaciable, una vez instalados en este mundo no podemos escabullirnos de las sucesivas circunstancias, tanto si permanecemos pasivos, como si nos cargamos de iniciativas.

Las actitudes reposadas no parecen plausibles bajo el incordio de los barullos circundantes, el apremio para las decisiones es acuciante. Aunque sean falsos, recurrimos a datos concretos para estabilizar los ánimos; preferimos esta enajenación frente al ajetreo de la realidad exigente. Veamos si no el caso de la HISTORIA. Es una construcción artificial. Refleja aspectos parciales por la incapacidad para un abordaje completo o por las maneras de quienes la elaboran. Lejos de aportarnos soluciones, aduce una serie de complejidades nuevas, cuyo desciframiento será crucial si pretendemos una mínima comprensión de lo sucedido. Los registros rotundos adolecen de un simplismo ridículo y nos dejan a merced de la marea.

En relación a los comportamientos actuales, el dinamismo de la época aligeró el contenido de los hábitos considerados como apropiados. Las costumbres se desperdigaron, cada sector adopta las propias, e incluso cada individuo; vertebrados por el aire displicente de sus actuantes. Son tendencias potentes. Nos abocan a una dispersión incesante de los fenómenos CULTURALES, se ve de todo, en cualqier parte, con justificaciones adobadas al gusto de cada afectado. En una disgregación de rasgos paradójicos. Desaparece la cultura colaborativa en aras de esa diversidad, cada sujeto tatiende sus cuitas a su aire, mientras proliferan los intentos de imposición de culturas manipuladas. El azoramiento del individuo no encuentra atenuantes.

En ocasiones, las percepciones sencillas nos permiten la variación radical de las conductas. El pequeño detalle consigue la modificación de la evolución de acontecimientos relevantes. La aparente banalidad de gestos o conductas no garantiza su irrelevancia. En esa línea, sería muy conveniente la recuperación del sentido de la VERGÜENZA, sin duda frenaría el carrusel de actividades penosas. Dedicamos una excesiva benevolencia en el trato de los sinvergüenzas. Deberíamos avergonzarlos con mayor ahínco; las libertades no suponen la complacencia en el trato de esos caraduras en la gestión pública, en la buena cara de los aprovechados abusivos e incluso la de ciertos agresores perversos.

A fuerza de escuchar los reiterados comentarios terminamos por creerlos, aunque carezcan de fundamento. Y quienes pretenden aprovecharse de la credulidad general saben manejar muy bien esas circunstancias. No todo da igual, ni somos libres para abusar del prójimo; las libertades parten de otros orígenes. Lo referido de los sinvergüenzas, ocurre también con el HONOR y cualidades similares. Claro que existe y es fácilmente detectable sin grandes estudios; si acaso, observamos como los grandes discursos lo desvirtúan. Es menos entendible la complacencia ante las actuaciones poco honorables tan profusas, representan una culminación de la necedad degenerativa.

Los temores arraigan en los sujetos aislados o en sus agrupaciones con una gran variedad de mecanismos, con justificación o sin ella. La posible pérdida del puesto de trabajo, las enfermedades, siempre acechan, como la soledad y los abandonos. Por eso mismo llaman la atención las abundantes señales de la provocación de situaciones amenazantes de manera arbitraria y para la consecución de fines particulares insidiosos. Son de actualidad los MIEDOS estimulados a través de las redes sociales a base de mensajes ladinos. Sin importar el asunto ni los falseamientos puestos en juego. Utilizan aluviones de mensajes con peligros socioeconómicos o políticos. Al receptor apenas le queda la respuesta en resorte, precipitada.

Con el progreso han ido floreciendo actitudes intempestivas de variado pelaje. Aunque ya conocidas de antiguo, su renombre actual deriva de la proliferación de sus artes inconvenientes. Se muestran como comportamientos anacrónicos en sociedades avanzadas, pero es elevado el número de COACCIONES imperantes. El más insulso grupito intenta apurar a los desprevenidos. Colegiales sensibles, trabajadores atosigados, pérfidas crispaciones domésticas, abandonos y abusos en general. Bien diferenciados los sectores de los sufridores y de la gente dispuesta a violentar a quien se tercie; es clamorosa la indolencia del amplio grupo situado entre ellos, con escasa disposición para mejorar las actitudes.

Da igual si comentamos sobre quienes sacan fotos sin socorrer a las víctimas, sobre el rescate de niños accidentados, protagonismos políticos, gente conocedoras de las prácticas delictivas o de las vacunas. Brotan infinitas versiones alejadas del núcleo del asunto tratado, aún sin el conocimiento de las circunstancias reales, en marcha las investigaciones, escondiendo intereses subyacentes. La deformación sobreviene ante la avalancha de RUMORES, propalados con alardes mediáticos. Ocupan los espacios informativos. Quedan difuminadas las verdaderas causas, tergiversados los mecanismos y la comprobación de las auténticas complicaciones. Quienes resulten perjudicados de la ligereza de esas maniobras, ni informados quedarán.

En contraste con las supuestas liberaciones, siempre asoma la secuencia de a costa de quienes se consiguieron. La presencia de perjudicados modifica la calidad de aquellas libertades. Desde las opiniones correctas promovidas por el poder para los controles exahustivos, los criterios morales uniformistas, la razón predominante y totalitaria, la simple pujanza de los deseos propios; originan los procesos de MARGINACIÓN con diversas consecuencias, dependerán de las fuerzas y de las ambiciones activadas. Los idionmas como armas segregadoras, la educación manipulada obligatoria, la intolerancia con los discrepantes, el pensamiento unificado; desplazan con malicia a los diferentes.

Por la muerte, por las desventuras, por las innumerables ignorancias, circulamos en las mismas fronteras del abismo. La retórica o la dialéctica no logran despegarnos de dichos horizontes. Además de la razón, para este recorrido existencial disponemos en efectivo de los sentimientos, de ciertas cualidades, deseos, emociones, instinto, y la enseñanza de las frustraciones. Si renunciamos a los mencionados recursos consolidamos una auténtica RENDICIÓN de la DIGNIDAD, que es propia e intransferible; con posibilidad de sumarse a otras dignidades, pero que nunca será sustituida. Ese conjunto de las cualidades disponibles constituyen los pilares para la elaboración particular de un recorrido con sentido. Entrañan la gallardía participativa para la superación de los vértigos.

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