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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Previsiblemente previsible

Paco Milla
Paco Milla
viernes, 12 de mayo de 2006, 22:47 h (CET)
Nadie podrá disfrutar con la lectura de este texto, puesto que yo mismo lo escribo de mala gana y está mal parido. Difícilmente podrá ser disfrutable, pero... yo no califico, únicamente narro.

No hace mucho y con el titulo “Lorena... foca y ballena” relaté cómo una joven de 17 años se “aplicó” la eutanasia voluntariamente ante el rechazo social que sufría por su aspecto, poco acorde con el modelo de estética actual.

Pero la semana pasada ocurrió algo sobre lo que quizás deberíamos recapacitar todos, no ya por lo bestialmente brutal del caso, sino por lo fácil que es que cualquiera de nosotros nos podamos encontrar en dicho trance:

Gijón, matrimonio de sesenta, feliz y triunfadores, con una hija de treinta, directora de banco y con prometedora carrera profesional.

Llegado el sábado se dirigen a Luarca a un cabo de año (aniversario de fallecimiento) y a la vuelta, el conductor se adormece y se pasa al carril contrario.

Resultado: su esposa y su hija mueren en el accidente, quedando él levemente herido.

Cuando aparece el caso en el periódico, lo comentamos en el bar debajo de casa (en el mismo barrio donde habitaban los implicados).

De cuatro personas presentes en el bar, tres somos partidarios de la idea de que ese hombre difícilmente va a ser capaz de conciliar el sueño nunca más durante su vida y del infierno que vivirá cada vez que intente cerrar los ojos.

Transcurre una semana y el señor es dado de alta. Le envían de vuelta a su casa a “disfrutar” del resto de sus días, pero a la mañana siguiente aparece ahorcado.

Ayer fue el funeral. El barrio está conmocionado, pero capto que nadie o muy poca gente quiere hablar de ello.

Recapacito sobre ello (que la vida nunca me lo reserve) pero llego a la conclusión de que yo hubiera hecho lo mismo.

¿Por qué y para qué luchar después de haber perdido lo que más querías en la vida? ¿Es esto eutanasia? Para mi sí, eutanasia pura y dura, pero en libertad nadie decide por ti, decides tú mismo.

Haces balance, te sale negativo y cierras la tienda. Así debería ser también con quienes en plenas facultades mentales (que no físicas) llegan a la misma conclusión.

Entre los derechos de las personas está (sea legal o no) el derecho a una muerte digna.

Pero lo complicaré mas: ¿una madre tiene derecho a decidir sobre la vida del feto y esa misma madre no tiene derecho a decidir sobre su propia vida 40 años después, enferma y desahuciada? ¿Me lo explican?

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