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Etiquetas:   Franquismo   Ultraderecha   Nacionalismo   PSOE  

Torra y su camarilla de independentistas, desmemoriados pertinaces

“La lesión que hacemos y la que sufrimos no están pesadas en la misma escala. Aesop Fables
Miguel Massanet
miércoles, 24 de abril de 2019, 11:26 h (CET)

Choca de veras el ver como hay algunos que son excesivamente tolerantes con aquellos con los que coinciden, se muestra poco riguroso al juzgar sus acciones o pretenden, en todo momento, encontrar una disculpa para sus comportamientos cuando yerran, delinquen o se equivocan en sus prácticas y, a sensu contrario, se muestran extremadamente rigurosos, intransigentes y duros cuando son sus adversarios los que incurren en aquellas misma faltas, dando con ello muestras de pertenecer a este grupo que practican la hipocresía cuando les conviene para alcanzar aquellos objetivos en los que están interesados, sin que ello, curiosamente, parezca preocuparles en absoluto ni producirles ningún remordimiento en sus conciencias.

Nada podemos decir del señor Quim Torra que no lo califique como un sujeto peligroso, fanático del independentismo catalán, capaz de mentir, calumniar o negar el derecho a los demás a opinar de forma distinta a la suya si, quienes lo intentan, residen en la comunidad catalana y “tienen la osadía” de no comulgar con sus puntos de vista acerca de lo que, para él, debería ser un axioma incontestable: la independencia de la nación catalana. Pero es que, este mismo señor, resulta ser un mandado, un simple lacayo de aquel sujeto que, huido de la Justicia, refugiado en Bélgica (tierra en la que, los intentos de secesión, no ha sido nunca una novedad), debido a que, en aquella nación, las disputas entre sus distintas etnias ha sido la causa de que se lo considera como un “Estado fallido” o, según el ex primer ministro Yves Leterme, un “accidente de la Historia”. A nadie le puede extrañar que la Justicia de aquel país viera con lenidad el que, el señor Puigdemont, se hubiera atrevido a enfrentarse al Estado español e hiciera caso omiso de la orden europea de detención, precisamente porque el sistema judicial de aquel país no estaba dispuesto a cumplir con un requerimiento que, para ellos, no estaba justificado por ir en contra de lo que ellos mismo practican. Tenemos la impresión de que todo lo que tiene de calculador, de escurridizo y de dictador el prófugo Puigdemont, le falta a su subordinado Torra, que es más espontáneo, menos inteligente, un gregario de brega y un verdadero rebelde, a quien no le importaría dirigir un ejército, si dispusiera de él, para atacar a la España democrática. A él debemos que se haya instalado en Cataluña estas guerrillas, CDR, que se mueven con absoluta libertad por el país y que, sin duda, están intentando reproducir en Cataluña aquella misión de crear una situación de inquietud, de caos ciudadano y, si se les dejaba, ir aumentando la tensión entre los catalanes, como fue, en su día, la intención de la banda criminal ETA en el País Vasco: implantar el terror y forzar al Estado a negociar con ellos alguna clase de autogobierno para los vascos. Algo que, en Cataluña, con menos intensidad y más crueldad, había intentado imponer “Terra Lliure.” con sus atentados criminales.

Un hecho curioso y, a la vez, indicativo de lo cansados que están en el resto de España de este llamado “process” y de la persistencia con la que el nacionalismo catalán sigue pretendiendo imponer, al resto del país, sus ideas absurdas sobre el propósito que tienen de romper la unidad de España. Resulta ser que, en la localidad de Coripe (Sevilla) existe, desde hace años, la costumbre de que, al finalizar la Semana Santa, se celebre una fiesta que se conoce como “la quema del Judas”, representado por un monigote que, según sus ciudadanos, representa “lo negativo de la Sociedad”. Cada año, al monigote se le disfraza como un político, imitando su imagen, su forma de vestir y demás características personales; al que se lo cuelga de una higuera y, seguidamente, se le fusila con salvas de pólvora, concluyendo la farsa con la quema del monigote. Todo ello se produce en una fiesta declarada de Interés Turístico Nacional, a la que acuden centenares de personas, bandas de música y cabezudos.

Este año, como se podía esperar, el político elegido ha sido el expresidente de la Generalitat, Carlos Puigdemont. Como en años anteriores se llevó a cabo con el monigote que lo representaba toda la ceremonia prevista, incluida su cremación, tal como se había practicado en años anteriores sin que nadie se sintiese ofendido ni protestase por un acto incruento celebrado en un ambiente festivo. Pero, señores, no se contaba con esta sensibilidad extrema de la que dan muestras todos estos políticos separatistas catalanes, cuando infieren que, cualquier hecho que se celebre en el resto de España forma parte de una maquinación urdida “contra” los catalanes nacionalistas. El inefable Quim Torra ha montado en cólera y los devaluados miembros de JxCat le han seguido la corriente indignados ante un hecho de que, un prófugo de la Justicia pudiera ser, aunque fuera en tono de broma, “denigrado” por unos españoles evidentemente poco partidarios de la independencia de Cataluña. “Sencillamente hórrido -ha escrito el señor Torra- Asco extremo. Intolerable. Lo denunciaremos”.

Claro que algunos políticos son cortos de memoria y, en ocasiones, de entendimiento. No recuerdan como sus prosélitos, no hace mucho, quemaron retratos del Rey durante la Diada, han hecho mofa y befa de los españoles cada vez que han tenido ocasión y, por si fuera poco, en el carnaval de Solsona se dedican de forma figurada a apalear y disparar contra “los españoles”. Por si faltara algo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) condena a España a devolver la multa de 2.700 euros a la que fueron sancionados dos jóvenes por el delito de injurias a la corona, lo que nos indica que, la posibilidad de que la quema de un monigote disfrazado de Puigdemont, genere una condena contra penal contra los ediles de Coripe, tiene menos posibilidades darse, que las que tienen los independentistas de salirse con la suya en el tema de la independencia catalana, o sea, cero.

Recordemos el concepto que Torra tiene de los españoles: "Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros…”

Sin embargo, quienes parecen haber quedado en stand by respecto a las actuaciones, cada vez más provocativas del independentismo soberanista catalán, son los miembros del gobierno del señor Sánchez y del propio presidente que, si bien se han mostrado extraordinariamente activos en ir promulgando leyes con gran diligencia, para asegurarse el voto de aquellos que han salido beneficiados por alguna de ellas; en cuanto a proceder en contra de aquellos de los que puede que dependa el que, un gobierno del PSOE, Podemos e IU, con su apoyo del nacionalismo, pueda tener posibilidades de gobernar, en el futuro, en España, es evidente que son nulas.

El precio ya está establecido y no es un secreto para nadie. El señor Iceta, unos dicen que fue una imprudencia y otros que un globo sonda para valorar la reacción del resto de partidos, ya habló de reconsiderar las demandas soberanistas si, en unos años, los partidarios de la independencia llegaran a ser más que los de quedarse en España.

Paciencia, esto es lo que Pedro Sánchez les ha pedido a los líderes catalanes y, al parecer ya cuenta con uno de ellos, el señor Junqueras que, desde la cárcel, repite una y otra vez que la independencia de Cataluña sólo se puede lograr de acuerdo con el Estado español. Sabe positivamente que pedir una independencia cuando la mitad o más de la mitad de catalanes están en contra de ella sería suicida. Un referendo en el que, aun contando con la aprobación del gobierno de España, los resultados dieran un 50% de votos a favor y otro en contra o, incluso si la diferencia en favor de la independencia fuera corta, sería un verdadero fracaso para quienes han estado predicando que la mayoría del pueblo catalán desea ser independiente de España. También Sánchez sabe que, aún ganando las elecciones y suponiendo que cuente con los apoyos suficientes para formar gobierno, cualquier acto precipitado en orden a conceder indultos, mejoras carcelarias o, incluso, amnistiar a los políticos catalanes que están siendo juzgados por el TS, en el caso de que fueran condenados, sería un golpe definitivo contra su credibilidad, que podría reportarle graves consecuencias a él y a su partido, el PSOE.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta entender como nuestro Gobierno está permitiendo que, sujetos de la catadura de Puigdemont o del mismo Torra, sigan pretendiendo dar la sensación de que son ellos, los soberanistas, los que gobiernan en Cataluña y disponen de lo que hay que hacer y de lo que no está permitido, cuando todos sabemos que, cuando llega el momento, no tienen inconveniente alguno en pasarse por el Arco del Triunfo, las normas por la que los españoles no regimos y, lo que aún es peor, no les importa un ardite enfrentarse a nuestra Carta Magna sin que, lo que les está pasando a sus compañeros de filas encarcelados y juzgados por el referendo ilegal del 1.O, parezca haberlos desanimado en sus intentos de rebelarse en contra del Estado de derecho.

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