Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Acuerdo entre Teherán y Washington: ¿Será posible?

Guennadi Yevstáfiev
Redacción
viernes, 12 de mayo de 2006, 00:11 h (CET)
Hay varios hechos que permiten comprender mejor el quid del examen del “dossier nuclear iraní”, realizado el 9 de mayo en el Consejo de Seguridad de la ONU.

A saber:

El 28 de abril el Organismo Internacional de Energía Atómica presentó un nuevo informe, muy esperado, sobre el programa nuclear iraní. Por un lado, su presidente El Baradei informa sobre ciertas aclaraciones complementarias hechas por los iraníes, y, por el otro, dice que siguen siendo pendientes de aclaración algunas preocupaciones y sospechas antes formuladas. Además, el O.I.E.A. no ha estudiado aún hasta el fin varias respuestas de Irán.

Por consiguiente, la noticia principal consiste en que los iraníes, como ya lo declararon abiertamente, realizan con éxito su programa (en proporciones muy pequeñas) de enriquecimiento de uranio. (Para el 1º de
mayo corriente fue registrado el enriquecimiento a nivel del 4,8%). De tal modo, ellos despreciaron por completo los deseos de la abrumadora mayoría de países, habiendo irritado incluso a quienes quisieran ayudarles a evitar enfrentamiento peligroso.

Pero no son más que deseos. Procede señalar que, bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear Irán tiene pleno derecho a enriquecer uranio con propósitos civiles, mientras que la disposición de realizar por voluntad propia las “medidas de confianza” no es compromiso jurídico, se basa en la buena voluntad y, por lo regular, no podrá durar infinitamente.

También esta vez en el informe del O.I.E.A. se manifestó el arte sin precedentes de los burócratas de esta Agencia de escribir el informe de modo que cada cual pueda hallar en éste argumentos suficientes como para fundamentar lo justo de su postura. Pero la conclusión está a la vista: faltan aún pruebas concretas sobre la existencia de un programa nuclear militar y, por consiguiente, las razones de someter la resolución sobre sanciones a la consideración del Consejo de Seguridad. Tampoco brilla por ausencia una fórmula concordada de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU tendiente a normalizar la situación en el futuro.

Sin embargo, cabe señalar que en su informe El Baradei utiliza de manera correcta, desde el punto de vista político, el concepto “completa y sostenida suspensión” de su trabajo de enriquecimiento de uranio. En su propuesta compromisoria inicial el trío europeo propuso esta variante precisamente, lo que era lógico y abría amplias posibilidades de practicar la maniobra negociadora. Pero en este momento puso manos a la obra Condoleezza Rice, y esta “golosina” desapareció de las propuestas del trío europeo, habiendo sido sustituida por el concepto “cese completo”. Creo que por esta razón sufrieron fracaso los esfuerzos intermediarios del trío europeo.

Es más, se crea la impresión de que EE UU e Irán no lamentaron demasiado el fracaso del trío europeo. Muchos analistas consideran que, pese a todas las declaraciones públicas de las principales figuras de la Administración norteamericana, Washington tampoco estaba interesado en el éxito de la propuesta rusa de crear un centro conjunto de enriquecimiento de uranio para Irán en el territorio de Rusia.

La postura contradictoria y ambigua de Irán con respecto a la propuesta rusa demuestra que Teherán tiene sus propios designios relativos a los métodos de arreglo de la situación en torno a su programa nuclear.

No sabemos bien, cuál de los círculos herméticos de la élite gobernante iraní – “dowreh”- toma soluciones respecto al problema clave, o sea, la actividad nuclear. Sólo es sabido que se trata de un grupo reducido en extremo. Pero está meridianamente claro que en esos círculos hay muchos dirigentes convencidos de que solamente con ayuda de los norteamericanos será posible dar una solución al conflicto que abarque por completo las relaciones entre Washington y Teherán. Por lo visto, la reciente transacción nuclear inesperada norteamericano-india impresionó sobremanera a las máximas estructuras de poder iraníes, habiéndoles persuadido de que, en principio, sería posible tratar de llegar a un acuerdo con Bush prescindiendo de intermediarios.

Esto es lo que Washington busca conseguir tesoneramente, evitando publicidad. EE UU no puede permitir que otros Estados, sea los aliados de la OTAN, sin hablar ya de la Rusia, resuelvan cualquier problema geopolítico global, máxime el relativo a su ex aliado estratégico e importantísimo partner en el mercado de petróleo.

Así que, por el momento, el arreglo del problema está atollado. Pero el proceso negociador que observamos y el trabajo de las fuerzas solapadas se desarrollan paralelamente.

A nuestro modo de ver, ahora son posibles dos guiones reales de avance hacia la solución del problema, y ambos, en principio, tienen carácter pacífico. Aunque nadie ahora podrá descartar por completo el intento de recurrir al uso de la fuerza armada o practicar acciones de respuesta asimétricas, lo que será el tercer guión, el más trágico para el pueblo iraní y los pueblos árabes del Golfo Pérsico y Oriente Próximo, que cubrirá de oprobio a todos sus promotores.

Conforme al primer guión, será plenamente posible no tanto la toma de una resolución del CS de la ONU, como la advertencia sui generis a Teherán sin amenazas algunas de recurrir al uso de la fuerza, según reza el artículo 7 de la Carta de la ONU. El citado artículo sirve de base para el proyecto de resolución de EE UU y otros países occidentales y para las amplias sanciones económicas que durante varios decenios está aplicando Washington sin éxito visible. Pero el mencionado proyecto de EE UU fue redactado de modo que le permite eliminar todo lo que pueda sobrar en el texto y rectificarlo en general, lo que no representa dificultad alguna. Los autores sabían de antemano que no recibirían permiso internacional para recurrir al uso de la fuerza ni para aplicar sanciones de largo alcance después de Iraq.

Pero de ser aprobada la resolución corregida del Consejo de Seguridad, deberá ser interpretada sólo como un nuevo paso –y, además, no principal- por camino de arreglo del problema nuclear iraní. El O.I.E.A. debe seguir siendo instrumento principal encargado de estudiar los antecedentes históricos y objetivos reales del programa iraní. La citada Agencia tendrá que obtener un período considerablemente mayor de tiempo para poder presentar informes importantes sobre la situación, ya que los informes mensuales no permiten realizar inspecciones a fondo para reunir datos necesarios para el análisis. Ante todo, el retorno de Teherán a la suspensión temporal del trabajo de enriquecimiento y el cumplimiento de las exigencias del Protocolo Complementario devendrán “papel de tornasol” que permita comprender la actitud de la dirección de Irán hacia la opinión de la comunidad mundial expresada en la resolución-advertencia del Consejo de Seguridad.

Pero, por supuesto, el Protocolo no es una panacea, y la comunidad mundial tendrá que hallar la manera de reforzar, sobre una base acordada, las funciones de control con respecto a los programas nucleares que suscitan evaluaciones controvertidas de los programas nucleares.

Naturalmente, los briosos mozos norteamericanos del Pentágono y el “halcón” John Bolton, embajador norteamericano ante la ONU, quedarán descontentos, pero la comunidad mundial deberá asumir una actitud más responsable hacia las cuestiones de guerra y paz que el enfoque egoísta mostrado por los representantes de ánimos extremistas de la élite gobernante de EE UU. Pero también en Irán existen las fuerzas políticas sensatas, y no sólo Ahmadinejad quien, hasta cierto punto, es reflejo especulativo de sus críticos de allende el océano.

Sin embargo, por paradójico que sea, ahora que, al trasladar el caso a Nueva York, EE UU casi reasumió la postura de “arquitecto” principal de las condiciones del compromiso, podremos esperar aceleración de la confabulación entre bastidores Washington - Teherán. Los protagonistas de la actual Administración republicana saben hacerlo, por ejemplo, el secretario de Defensa Donald Ramsfield. Los días 19-20 de diciembre de 1983 el señor Ramsfield, como emisario especial del presidente Reagan, visitó Iraq, con el cual ya durante 6 años EE UU no mantenía relaciones diplomáticas, y se entrevistó con Saddam Husein habiéndole prometido impedir suministros de armas a Irán. Lo más curioso es que el caso tuvo lugar en pleno apogeo de la guerra iraquí-iraní, cuando durante casi un año se empleaban armas de destrucción masiva en forma de arma química. Ramsfield cantaba loas a Saddam (cosa que podrá ayudar a los abogados de este último a ampliar la lista de referencias positivas sobre el dictador).

Así que no será difícil ahora obviar la horrible retórica belicosa entre ambos países, máxime que EE UU precisamente dio luz verde a Irán a crear capacidades de enriquecer uranio en común. Naturalmente, esto sucedió bajo el Shá. Procede recordar la directiva No 292 del 22.04.1975, ya hecha pública, del Consejo Nacional de Seguridad de EE UU firmada por Henry Kissinger, cuyo punto 1 reza sin rodeos: “permitir el uso de materiales norteamericanos para elaborar combustible en Irán con el fin de utilizarlo en reactores iranios y para entregarlo a terceros países con los que tenemos acuerdos”. Lo sucedió también bajo la Administración republicana. Especialistas de Irán recuerdan aquellos buenos tiempos y seguramente muchos de ellos preguntan: ¿por qué no podrán volver esos tiempos?

Debemos estar preparados para virajes completamente inesperados en la confrontación norteamericano-iraní.

____________________

Guennadi Yevstáfiev, teniente general del Servicio de Inteligencia Externa, para RIA Novosti.

Noticias relacionadas

Borrell en retirada o táctica del PSOE

Pátina de sensatez capaz de equilibrar unos nombramientos en su momento tomados como extravagancias

Plagscan desmiente a la Moncloa y R.Mª.Mateo censura la TV1

Un gobierno enfocado únicamente a conseguir mantenerse en el poder

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida

Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris