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Etiquetas:   Los leones y los días   -   Sección:   Opinión

Blair se enfrenta a su sucesión

Sergio González

viernes, 12 de mayo de 2006, 00:11 h (CET)
La sublime derrota cosechada por el laborismo británico en las elecciones municipales celebradas en una gran parte del Reino Unido provocó un cisma de considerables dimensiones en el seno del Gobierno encabezado por el abogado Tony Blair. Ante las fuertes críticas de muchos diputados, no sólo de los tories o liberales sino de su propia formación política, éste se vio obligado a remodelar de pies a cabeza su Ejecutivo, que hasta ahora tenía en el ex titular de Asuntos Exteriores, Jack Straw, como cabeza pensante y mano derecha en las decisiones tomadas por el premier inglés. Los relevos en los ministerios fuertes del gabinete no sólo se centro en el cambio del propio Straw por una superviviente de los años crudos del thatcherismo, Margaret Beckett, quien en círculos confidenciales pasa por ser una de las más fervientes seguidoras de la política desarrollada por Blair. El actual viceprimer ministro, John Prescott, es otro de los caídos en desgracia una vez que se descubrieran sus líos de falta perdiéndose su fama de hombre cuidadoso y fiel, y, limitándose considerablemente las funciones de las que hasta ahora disponía.

Asimismo, en la cartera de Interior es Charles Clarke quien sale tras el escándalo de la finalización del tiempo de residencia de los inmigrantes ilegales que quedarían deambulando por las calles del país y es sustituido por el hasta ahora titular de Defensa y ex primer ministro para Irlanda del Norte y Escocia, John Reid. Para desempeñar las funciones titulares vacantes tanto en Medio Ambiente como Defensa se buscaron a dos personas de un perfil menos conocido, pero igualmente efectista, Des Browne y David Miliband. Las últimas modificaciones fueron en campos menos relevantes para la labor realizada hasta ahora por el partido del ´puño y la rosa´ pues se ubicaron en Educación, con la bienvenida de Alan Johnson, Transporte, con Douglas Alexander, Política Local, visible en la figura de Ruth Kelly, y Asuntos Europeos, con el hasta ahora líder de la Cámara de los Comunes, Geoff Hoon, como cabeza pensante.

Todo esto se produce una vez que los resultados electorales fueran catastróficos para los progresistas pues sólo pudieron mantener la sangría de votos en veinticuatro consistorios con una pérdida considerable de dieciocho ayuntamientos y más de doscientos cincuenta concejales. En el otro lado de la balanza se situó el Partido Conservador que se adueñó de la merma laborista para alcanzar sesenta y siete gobiernos locales y más de mil quinientos concejales. En una posición intermedia se situaron los liberal-demócratas que han unido un consistorio a la lista de logros que tenía y han despuntado hasta los setecientos cincuenta ediles. No obstante, los actuales dirigentes del país creen que aún tienen tiempo para enmendar la plana ya que los tories no han conseguido penetrar en las villas más decisivas como Manchester, Liverpool o Birmingham.

La reforma laboral emprendida por el Gobierno junto con los agentes sindicales y la patronal del trabajo ha culminado con la firma de protocolo en los jardines de la Moncloa, ante el protagonismo del presidente del Ejecutivo central, José Luis Rodríguez Zapatero. Tras más de catorce meses de duras negociaciones se llegó a un acuerdo beneficioso para todas las partes puesto que se suavizan las condiciones del despido como contraprestación a la supresión del mayor trabajo temporal posible para transformarlo en un puesto de trabajo de carácter indefinido. En la firma del nuevo pacto, que sustituye al firmado en 1997 por el gobierno de José María Aznar, estuvieron presentes no sólo el jefe del Gobierno y el Ministro de Trabajo, Jesús Caldera, sino que también se dejaron ver como máximos representantes de los implicados los secretarios generales de UGT y CC.OO., Cándido Méndez y José María Fidalgo, y los presidentes de CEOE y CEPYME, José María Cuevas y Jesús Bárcenas, respectivamente.

Entre las principales aportaciones que engloba el nuevo texto destacan las bonificaciones económicas de ochocientos euros que tendrán todas las empresas que apuesten por la indefinidad como fórmula de contratación, el encadenamiento de los contratos de trabajo de tal modo que aquéllos que dispongan de un número de éstos que alcancen los treinta meses de duración se verán “agraciados” con uno de carácter fijo-indefinido, la apuesta por la contratación de los sectores más desfavorecidos como las mujeres o los jóvenes con aportaciones económicas estatales por medio de subvenciones. Además, se permitirá despedir a los trabajadores con treinta y tres días de indemnización y por último se ampliará el subsidio por desempleo a los mayores de cuarenta y cinco años sin responsabilidades familiares.

En el otro lado del Atlántico las aguas andan algo revueltas desde que se conoció la destitución del hasta ahora jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Porter Goss, por uno de los ´halcones´ militares más importantes dentro del aparato estadounidense. Quien desempeñaba las funciones en el órgano de espionaje sólo ha podido estar en el cargo durante veinte meses en los que se visto obligado a lidiar con las críticas por la mala consecución de la Guerra de Irak y las fuerte polvareda en el seno de la propia CIA que contaba con una vetusta organización que le llevaba a no realizar como debía su propio trabajo.

El nuevo alto cargo era hasta hace varios días el número dos del ex embajador de Estados Unidos en la ONU y actual responsable de la inteligencia nacional norteamericana, John Negroponte. Su formación militar, pues es general de la Fuerza Aérea estadounidense, le ha llevado a realizar propuestas claramente violentas para lo que la diplomacia debería considerarse apropiado. Entre los muchos cargos que ha desempeñado destacan los de director de Inteligencia del comando central de EE.UU. en Europa, sus ascendientes “sillones” en el Pentágono, sobre todo el de jefe de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), y su efímero paso por el Consejo de Seguridad Nacional. Es en su última etapa, en la propia NSA donde tuvo una mayor polémica pues era partidario de llevar a cabo las escuchas telefónicas aun sabiendo que era una práctica prohibida en este país desde 1978. De cualquier forma las críticas tanto de los demócratas como de algunos republicanos no han hecho más que arreciar y aún se está a la espera de que el Senado apruebe su nombramiento, no sin antes haber dado algo más que hablar.

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