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Milicias antisistema en marcha

Ángel Padilla
viernes, 19 de abril de 2019, 09:37 h (CET)

Ahora o nunca.


Porque no queda tiempo. Porque era para ayer.


Ver cómo tus vecinos, tu familia, están todos sectarizados. Despertar y Ver cómo todos siguen cual actores entregados a la gran farsa de un día a día en un sistema hediondo de falsedad y muerte.


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Contemplar, como en la novela “1984” de Orwell, de cuando en cuando, algún destello en algún otro u otra, una mirada furtiva que parece decir algo pero la cabeza gira la cara, manos que se levantan en una entonación nueva pero se paralizan, por el miedo, y caen, adentro de los bolsillos. Alineaciones, agrupaciones de estatuas por toda la ciudad. A veces se mueven más los querubines que mean en las fuentes que la gente que pasea por los parques, esta primavera.


Y decir: esto no es un mal sueño. Ni una realidad inamovible.


No creo en el No de todos. Hoy diré Sí.


Encontrar la forma de comenzar a resistir, a avanzar distinto, y en el recorrido camino encontrar a pares, que piensan como tú, que saben que todos hemos sido engañados, desde la primera a la última palabra en nuestra cultura.


Iguales corazones ígneos de pasión e ira de amor, dispuestos a morir por la vida. A matar lo que siempre estuvo muerto en favor de lo vivo que nunca pudo vivir de verdad.


¿De qúé hablo? Del día.


Y todos vivimos en una noche iluminada por focos que parten de nuestras propias mentes... engañadas. Un teatro con guionistas, todos títeres, todos actores. Fuera del teatro está la verdad, lo real. Y entre el público de la obra que todos representamos se rumorea que el exterior va a ser inminentemente incediado, y con ello el teatro mismo.

Este circo, donde hay malos payasos y crudelísimos domadores, funambulistas y animales enjaulados.


Hemos visto esos ojos tras esas rejas, y muestran la misma desazón e incomprensión por tanta estupidez y condena injusta en este lugar, que nosotros.


No nos iremos sin ellos. Sin nuestros hermanos animales, a lo verde que evitaremos que hagan arder.


No nos iremos sin otras que tras muros gritan, antes de morir, o callan estruendosamente, mujeres del mundo, porque este mundo lo domina el animal denominado hombre. Vendrán con las milicias.


Niños que vemos trabajar, desde muy pequeños y otros que se les ven los huesitos abultando una piel de cuerpos esqueléticos, serán cogidos de las manitas por las milicias de la manzana de luz azul.

Y avanzaremos.


¿Quiénes somos? Tú si no tuvieras miedo.


¿Hacia dónde vamos? No importa. Por ahora sólo queremos salir. Verbo salir. Verbo escapar. De esta trampa, de esta cárcel. De este No donde cada individuo vive encajonado desde el nacer hasta el morir.


Abultaremos la palabra, el párrafo, agrietamos el papel donde todo está escrito y saldremos de los libros, pues todo son libros en todas las épocas, lo que queda, y nosotros no permitiremos que nuestra sangre latiente luego quede como geranio seco entre las tapas de libros.


¿A quién le importa el fuego en Notre Dame? Lloramos, y mucho, por las abejas que murieron en el horrible incendio.


Si somos conscientes de que el agua arrastra, todo lo arrastra. El fuego limpia, todo lo acaba limpiando. Y que más "iglesias" y mezquitas deberán caer, eso se entrevé en el lenguaje de los espadazos del pólen y en el mirar del gato.


Suciedad de siglos, ese barro que se pisaba en la pútrida Edad Media lo seguimos pisando, las casas llenas de mierda, de hedor a muerte, panteones.


Salid, muertos, que bajo la luz del sol que enunciaremos ahora quizá sabremos entre todos de la vida que nos ha sido negada. Veremos el grano blanco de luz que siempre tuvieron los ricos en el sótano, sin saber qué era ni qué hacer con ello, ese grano primero que elevará todo lo que no queremos morir sin ver, y es lo que nos ama y nos quiere cantar, por eso nos llamó.


Pararemos entre todas y todos las grúas en el Amazonas, detendremos con ira los motores de las petroleras.


Dejaremos a oscuras todos los Parlamentos.


Y cada vez más, nosotras, será como entrar un río de luz por ciudades y países, un mar que todo lo recorre, como si se hubiera desbordado un alba a ras de tierra.


Recuerda, las flores no nacen para nada.


Recuerda, el mar siempre nos llama y cada vez menos acudimos a conversar con él.


Pero ya no habla y queremos acercarnos a miles a las playas, a hacerle el boca a boca, está listo para morir, ahogándose entre plásticos.


El boca a boca desde nuestro pecho airado en lluvias hacia su deseo de vivir, la boca de sus olas, que expulse al infinito toda la suciedad que la humanidad ha vertido sobre su misma madre, sepultureros todos, militares, mercaderes, esclavos condenados a vivir, aquí...


Lucharemos desde las calles. No, no será desde las calles.

Combatiremos este falso vivir desde terrazas, todos desde ellas accionando. No, desde más alto.


Desde montañas nos veréis descender. No, desde los mismos cielos.


Como aves caídas por el disparo de un cazador, que de pronto se levantan del suelo de la muerte y le picotean la cara y le dan muerte, al cazador. Y entre miles levantan el rifle, que sube mediante cientos de aleteos y viene. Vibran en la noche, pues, las paredes de los dormitorios, sonido de barco antiguo llegando, o de alquien que se conocía y se le falló, y nos amaba.


A cañonazos.


Así nacen las rosas y las flores nuevas.


Pintadas de sangre enamorada en las paredes aparecerán las palabras TE AMO y NUEVO MUNDO.

Lograremos que los almendros sigan dando por muchos siglos flor en marzo.


Mientras los niños juegan, sin interrogarse.


Y cada animal está en su lugar. Hierbas, aguas o aires.


Cuando el miedo cambie de lugar y manos seremos vencedores.


Cuando el miedo cambie de lugar y manos seremos vencedores. (Ese es el rumor del encabritado río que lavará duramente la cara de la Verdad, de toda mentira. Olvida todo lo leído. Te llamaremos en sueños.).

Comentarios
Verónica 19/abr/19    14:39 h.
Aurora Marcos 19/abr/19    12:15 h.
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