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Opinión
Etiquetas:   Suicidio   Presidente   Perú  

​Alan y Allende

García se convirtió en el segundo presidente socialdemócrata en la historia americana en tirarse un tiro
Isaac Bigio
viernes, 19 de abril de 2019, 09:33 h (CET)

El 17 de abril, dos días antes que el mundo vaya a celebrar Viernes Santo y que el Partido Socialista de Chile (PSCH) vaya a conmemorar el 86 aniversario de su fundación, se suicidó Alan García, quien fuese el presidente peruano que erigiera el Gran Cristo de Lima y quien también fuera el único en militar en la misma Internacional Socialista que el PSCH.




García se convirtió en el segundo presidente socialdemócrata en la historia americana en tirarse un tiro. El anterior fue Salvador Allende, quien el 11 de septiembre de 1973, prefirió quitarse la vida antes que ser apresado y torturado por el golpe militar de Augusto Pinochet que había estado bombardeando su palacio de gobierno.



PSCH Y APRA



El PSCH de Allende se fundó en 1933 muy inspirado en la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) que nueve años antes había creado el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, de la cual copió tener como símbolo una bandera roja con un círculo en el que está el mapa del continente y parte de la letra de la marsellesa aprista como su himno partidario.



Allende y García fueron los primeros en llevar al gobierno a estos antiguos partidos que se gestaron con raíces y fraseología marxistas y que postularon hacer una revolución antiimperialista para unir a Latinoamérica en un solo Estado.



El APRA sufrió muchas persecuciones en su primer tercio de vida, mientras que el PSCH se desarrolló en una democracia relativamente estable. A fin de que se le permitiese llegar al gobierno el APRA fue girando a la derecha para aliarse con los ex presidentes Manuel Prado (1956-62) y luego hasta con el general Manuel Odría quien en sus 8 años de dictadura (1948-56) les reprimió duramente.



Mientras el APRA, quien tuvo iniciales lazos con la Internacional Comunista, ya en los años treintas consideraba al comunismo como uno de sus grandes enemigos, Allende decidió que iba a llegar al gobierno por la izquierda y en alianza con el importante Partido Comunista de Chile. En 1952, 1958, 1964 y 1970 él fue la cabeza de frentes de izquierda, el cual recién en su cuarto intento logró llegar al palacio de la Moneda.



ALLENDE



Allende gobernó en 1970-73 liderando a la Unidad Popular, una coalición de 7 partidos que tenía un programa bastante radical de nacionalizaciones. Cuando él hace su debut en palacio, entonces por primera y única vez Bolivia y Perú tienen gobiernos militares que se proclaman socialistas, aunque a la postre ninguno de estos tres ha de durar mucho.



En 1973 un cuartelazo organizado por la CIA acaba derrocando a Allende y anulando una de las democracias más antiguas del continente. A pesar que hoy se tiende a creer que Allende si se mató, su caso es tratado como una suerte de homicidio inducido pues él fue forzado a hacer ello en el fragor de una batalla en la que ilegalmente una fuerza armada atacaba el orden constitucional.



Desde entonces hasta hoy Allende es un símbolo para millones de personas en todo el mundo. Su retrato se ve por doquier en numerosas marchas en numerosos países. Cuando en el 2023 se ha de conmemorar el 50 aniversario de su muerte es probable, incluso, que su memoria sea honrada, si Jeremy Corbyn llega al premierato británico, por el primer gobernante europeo abiertamente allendista quien tuvo hijos con una exiliada allendista chilena.



GARCÍA



Cuando García llevó por primera vez al APRA al gobierno en 1985-90, él no lo hizo en alianza con la izquierda, sino rivalizando con ésta. Alfonso Barrantes, quien fuese el primer alcalde “marxista-leninista” de Lima, quedó segundo liderando a la “Izquierda Unida”, una alianza que mantuvo una oposición moderada ante él. Mientras en Chile la izquierda militarista (MIR) llamaba a defender pero radicalizando al proceso liderado por Allende, en el Perú las dos guerrillas “marxistas” (PCP-Sendero Luminoso y MRTA) se enfrentaron contra García y los senderistas nunca le perdonaron que en su primer año de gobierno haya matado a unos 300 presos suyos amotinados (muchos de ellos tras rendirse).



García nunca quiso correr la suerte de Allende y por ello, si bien su primer gobierno fue el más “izquierdizante” del continente, nunca quiso ser tan radical como el de sus antiguos compañeros chilenos. Luego García retorna al gobierno en 2006-11 pero esta vez adoptando el programa de sus antiguos adversarios de la derecha y manteniendo el modelo neo-liberal impuesto por el decenio de Alberto Fujimori (1990-2000).



El PSCH nunca tuvo de por sí solo una votación que siquiera llegase al 20% de los sufragios, y todos sus avances los hizo en alianza con los comunistas u otras fuerzas. El aprismo, en cambio, siempre mantuvo un sólido tercio electoral. Cuando el joven García candidateó por primera vez a la presidencia en 1985, el APRA sacó el 53% de los votos. Esta mayoría absoluta la había conseguido andando solo como partido y sin alianzas, mientras que el PSCH ni haciendo frentes con otras fuerzas pudo acercarse al 40% de los votos en unas presidenciales.

 



García llegó a ser uno de los oradores más populares y brillantes que haya tenido el Perú. Sin embargo, su primer gobierno fue atacado por una derecha que le cuestionaba nacionalizar la banca y por una izquierda que le acusaba de haber cometido muchas matanzas, y por una población agotada por la hiperinflación y la escasez que generó.



En la segunda vez en que García postuló a la presidencia lo hizo en 2001 obteniendo apenas el 25.77% en primera vuelta y el 46.92% en segunda perdiendo ante Alejandro Toledo, quien hoy se halla prófugo en EE.UU.



En su tercera postulación García llega de segundo a la segunda vuelta con apenas un 24.32%, pero en el balotaje logra duplicar su votación uniendo a toda la derecha tras de sí bajo la amenaza que su rival Ollanta Humala, quién ganó la ronda inicial, era un chavista que podía llevar al país a la izquierda (cosa que no pasó cuando él finalmente llegó a palacio en 2001-16). Al final García logra la hazaña de tramontar desde menos de un cuarto de los votos hasta más de la mitad de éstos y gana con el 52.62%.

 



García había ganado ajustadamente gracias a los votos de Lima y de sus bastiones en el norte, pero teniendo a la inmensa mayoría de las provincias apoyando a su rival nacionalista. García realizó su segundo quinquenio queriendo demostrar a todos esos empresarios y multinacionales que antes le habían atacado que él ahora defendía sus intereses. En el 2011 le dejó la posta a Humala quien, al igual que él, siguió administrando el país manteniendo el modelo económico y la constitución heredada del fujimorismo.



DECLIVE



En el 2016 García decidió presentarse por cuarta vez a la presidencia. Esta vez decidió tener como su vicepresidenta a la socialcristiana Lourdes Flores a quien él, en las dos anteriores presidenciales que había competido, le había quitado la posibilidad de que llegase al segundo turno aventajando por pocos votos. Los porcentajes sumados que García y Flores habían sacado en el 2001 y 2006 se acercaban combinadamente a casi la mitad de los votos. Sin embargo, la plancha socialdemócrata-socialcristiana apenas llegó al 5.8% de los votos, quedando en el quinto lugar y sin ganar en ninguno de los departamentos del país.



Tanto Allende como García participaron en 4 elecciones presidenciales, pero mientras el primero tendía a ir creciendo a medida que pasaba el tiempo hasta que en el intento final llegó a palacio, el segundo que debutó con una espectacular votación tendía ir cayendo en cada primera vuelta hasta que al final casi hace perder a su partido su registro legal.

 



García, a su vez, veía que su influencia se desinfla mientras que se agigantan los procesos en contra suyo por cargos de corrupción y violaciones a los derechos humanos.

 



Cuando en 1985-90 García realizó su primer mandato en Uruguay estuvo en ese mismo quinquenio el presidente Julio María Sanguinetti del Partido Colorado. Luego en 1995-2000 Sanguinetti volvió a ese mismo cargo y terminó siendo, junto con García, el único sudamericano en haber presidido a su república por dos lustros no consecutivos. Sin embargo, mientras Sanguinetti después de dejar palacio fue electo senador, se ha mantenido como una personalidad que mantiene prestigio interno e internacional, escribe libros y acaba de lanzar su precandidatura presidencial (pese a sus 73 años de edad), García venía yendo de fracaso en fracaso viendo como su reputación y partido cada vez más perdían peso.



Cuando la socialista chilena Michelle Bachelet se convirtió en el 2018 en la segunda ex presidente socialdemócrata suramericana viva después de él en haber culminado dos mandatos presidenciales discontinuos, ella llegó a ser electa como la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas. García, en cambio, no lograba ninguna posición internacional de renombre.



COMPARACIONES



Allende buscó una vía constitucional y electoral para desarrollar el programa original del PSCH y del APRA que consistía en un Estado popular y antiimperialista que vaya nacionalizando a las grandes empresas, y cayó en ese intento. García desde sus primeros días en palacio nunca quiso tal cosa. Lo más radical que hizo fue subsidiar alimentos, elevar el poder adquisitivo de muchos para aumentar el mercado interno, limitar el pago de la deuda externa y luego nacionalizar bancos privados. Empero, hizo todo ello mientras que fue duramente acusado por reprimir huelgas, organizar varias matanzas y haber formado sus propios escuadrones de la muerte (el Comando Rodrigo Franco). Después de ello García hizo un segundo mandato como si fuera un presidente de la derecha tradicional y en alianza con ésta.



Tanto el socialismo chileno como el aprismo peruano han terminado renegando de sus iniciales programas revolucionarios y antiimperialistas, han llegado incluso a rechazar por la derecha al “socialismo” de Venezuela, Bolivia, Cuba o Nicaragua, y han terminado preservando el modelo económico y la constitución creada por la anterior dictadura neo-liberal (Pinochet en Chile y Fujimori en Perú).

 



Mientras el PSCH se ha cuidado de estar siempre en la izquierda del espectro político en su cerca de 9 décadas de vida, el APRA se ha demarcado de la izquierda y ha ido en las más diversas direcciones. Con García el aprismo pasó de ser una “izquierda moderada” social-democratizante a un movimiento que se aliaba con lo más derechista del espectro político peruano (el PPC de Flores y el fujimorismo). La izquierda que se ha ido reorganizando le fue superando en votos e influencia y la derecha tradicional ya no necesitaba de su oratoria y populismo, por lo que su estrella, al igual que la del APRA, fue cayendo.



Hasta los enemigos de Allende reconocen que él siempre fue consecuente en sus ideas y posición política y que murió defendiendo sus principios, por lo que él ya ha quedado inmortalizado y suele aparecer en el panteón de las izquierdas latinoamericanas junto al Ché Guevara o Fidel Castro.



En cambio, García, quien nunca fue consecuente con ninguna orientación política, difícilmente termine siendo el símbolo de algún movimiento, incluyendo el de la socialdemocracia. Hoy hay mucha gente que lamenta su suicidio, algunos por humanismo y otros porque hubiesen querido haberlo visto a él juzgado y sentenciado.



No obstante, es improbable que su imagen sea recordada asociada a la de alguien que hizo una acción o un sacrificio de carácter heroico. Lo más probable es que se le recuerde como el primer ex presidente andino en la historia que prefirió quitarse la vida antes que responder por serios cargos de corrupción en un proceso judicial.   


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