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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Si tú me dices ven

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
martes, 9 de mayo de 2006, 23:54 h (CET)
En esto de las legalizaciones de inmigrantes, una de las lagunas es la de la asimilación e integración de éstos en nuestras costumbres y leyes. No es necesario que juren bandera y la Constitución, para después no cumplirla al igual que hacen muchos que además viven de ella. Según Ana Pastor como secretaria de Políticas Sociales del PP, denuncia que ahora hay 1,3 millones de ciudadanos en condición irregular, por lo que considera la "ley Caldera" como papel mojado. Este dato viene a certificar el efecto llamada de la ley, que en vez de normalizar lo que hace es aumentar los efectos del fenómeno.

Si se anuncia a bombo y platillo papeles para todos, está claro que surtirá efecto en el sueño del inmigrante por una mejora de vida. El crecimiento económico globalizado, el euro, alta inversión y motor inmobiliario hacen que nuestra economía absorba la inmigración por necesidades laborales. Otro problema es que los beneficios añadidos de ocupar puestos de trabajo en condiciones inferiores, no se ven compensados con la previsión, resolución y socialización por la no integración de los inmigrantes. Si tú le dices ven dejándolo todo, lo que no dejan son sus formas de ser y costumbres. La fricción de sus hábitos con nuestro modus vivendi no debe ni puede tener como reacción actos xenófobos. Cómo tampoco ni puede ni debe dejarse al albur del libre albedrío, sin políticas de análisis y respuestas efectivas a la integración de los que de fuera vienen. Las estadísticas cantan en cuanto a fenómenos no deseables que deberían tener respuesta pormenorizada y selectiva, por supuesto sin penalizaciones ad hominen. Otros fenómenos incluso enriquecedores llaman menos la atención por no ser noticia. La historia de la colonización de América mostró como la española integraba a los pueblos fundiéndose con ellos, enseñando nuestra cultura y religión. Seamos pedagogos enseñando todo aquello que funciona, permaneciendo impermeables a todo aquello que nuestro recorrido en el tiempo dio por desechado.

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