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Etiquetas:   Pensatientos de un hombre o medio   -   Sección:   Opinión

El día 'D'

Sandra García Nieto

martes, 9 de mayo de 2006, 23:54 h (CET)
No soporto a la gente que no se interesa por nada. De verdad, ¡qué gente menos comprometida! Sin ir más lejos, tengo un vecino que pertenece a la “Asociación pro defensa de las células madre”. ¿No es increíble? Yo me pregunto, ¿eso para qué sirve? Y eso no es todo… tengo entendido, que en sus ratos libres da conferencias sobre “el efecto invernadero” y “cómo salvar a las ballenas”. ¡Las ballenas! ¿Se dan cuenta? Esos animales enormes que viven muy lejos de nosotros y que en definitiva ni nos van ni nos vienen. ¿A quién le importa las ballenas, si no es un animal de compañía al que puedes tener metido en una jaula y hacerle carantoñas de vez en cuando? ¡Será simple mi vecino! Con la de cosas importantes que se pueden hacer en la vida. Pero en fin, son gente sin metas, sin nada por lo que luchar. Mi familia y yo sin embargo, sí que estamos comprometidos con la sociedad. Alguien tiene que hacerlo, si no, este mundo se va al garete. Y lo cumplimos a rajatabla y con entusiasmo, porque es nuestra labor y lo que deberían hacer todos… ¡las ballenas!… ¡Qué estupidez!

Yo por mi parte y sin ánimo ninguno de dármelas de nada, soy de esas personas que considero que tenemos un compromiso social y aprovecho cualquier oportunidad para demostrarlo. Además creo que nuestro ayuntamiento, pese a las críticas de muchos nos da esa oportunidad. Por eso mi familia y yo participamos absolutamente en todo, en todos los días “D”, como yo los llamo..., que es lo mejor que tiene Madrid, además de las obras, claro.

Sin ir más lejos hace dos semanas era el “día nacional de la bici”. Pues bien, acudimos todos al centro con nuestras bicis. Yo no tenía bici, pero me agencié una de segunda mano. ¡Lo que sea por el bien común! Daba igual que no tuviera frenos y que acabara empotrado contra un cartel de: ¡Madrid limpio, es capital! Incluso que luego la policía me hiciera pagar los daños del cartel y que me rompiera un brazo. E incluso que luego el dueño me hiciera pagar la bici como si fuera nueva. Participé, que era lo importante.

O el día “sin coche”. ¡Qué buena idea! ¿Cómo perderse algo así? Allí que nos fuimos. Lo malo es que como no podíamos ir con el coche intentamos coger el metro, pero había huelga. Los autobuses no llegaban hasta el centro porque estaba cortado y los taxis decían que como era el día sin coche su tarifa era del doble. Así y todo fuimos. Y lo asumimos con alegría. No hay causa que no cueste. Aunque nos costó 50 €. Pero mereció la pena. Echamos en falta al alcalde en un día para nosotros tan importante, pero lo entendimos, al fin y al cabo los coches oficiales tampoco podían circular. ¡Qué bien lo pasamos! Todos gritando: ¡Por un
Madrid sin coches! Mientras nos escoltaban los coches de policía, seguratas, bomberos, limpieza, etc…

Pero lo mejor fue el día de “la maratón popular”. Allí vino hasta la abuela. Aunque en el kilómetro cinco flaqueaba un poco, todo hay que decirlo. Y mis niños gritando: ¡venga abuela, que sólo quedan 15 km! Yo le decía: ¡venga, mujer, no les haga el feo a los niños, que es por un bien común! ¿Qué van a pensar?. ¡Menudo ejemplo! Aguantó hasta el kilómetro siete. Luego sufrió un pequeño desvanecimiento…¡Qué susto! ¡Pensábamos que la perdíamos! Pero sólo era una paraplejia. Algo sin importancia. Hoy es el día que desde su silla de ruedas se acuerda de aquél día con ilusión. Y aunque no puede hablar, debido al shock cuando yo le recuerdo ese día se dirige a mi con el puño levantado como dándome las gracias. ¡Qué tierno!

Y por no hablar de todos esos días que hacen que la vida valga la pena: “el día de la madre”, “el día del padre”, “el día de los enamorados”… ¿qué sería de todos nosotros sin ellos. Y sobre todo..¿Qué sería de “El Corte Inglés?

Pero ante todas las cosas, está uno de esos días por los que es imprescindible luchar…el día de la mujer trabajadora. Se me ponen los pelos como escarpias solo de pensarlo. Tanta gente que ha luchado por esa igualdad. Evidentemente, ese día mi mujer, no cumple con ninguna de sus tareas cotidianas. ¡Faltaría más! Para eso estoy yo. Ese es mi día. Y por eso, me pongo en el papel del “amo de casa”, me remango y le digo a mi mujer: “cariño, hoy tú no haces nada. Deja todo acumulado y mañana si acaso te levantas un poco antes y lo haces, pero hoy, nada de nada, que para eso es tu día”

Sí, sí. Eso es contribuir con la sociedad. Y si no ¿para qué están esas fechas? ¿Cómo iban a gastar las autoridades tanto esfuerzo y tanto dinero, por qué no decirlo si no sirviera para algo? Como el día de la Hispanidad. ¡Por favor! ¡Ese despliegue de medios, medias, uniformes y deformes. El rey diciendo: “Es que me llena de orgullo y satisfacción”… Todos con la banderita ¡España, España!… los aviones volando, con antorchas de colores… los colores de la bandera, por supuesto, las tropas desfilando, la cabra de la legión… se me pone la carne de gallina, ¡qué bonito! Mis niños me preguntan… ¡papá… ¿para qué son esos tanques? A lo que yo respondo sin parpadear…¡pues… son como los tuyos del playmobil! ¿Para qué sirven los tuyos, hijo? ¡Yo con ellos mato gente!, a lo que yo, serio, muy en mi papel, y sin perder nunca mi faceta de educador contesto: ¡Pues igual, hijo, pues igual, solo que estos encima son prestados! ¡Mira ese hombre que nos apunta con esa metralleta tan grande! Mi hijo sonríe. ¡Qué bonito!

Y es que ante todo uno es padre, por eso me molesta que mi vecino, que no tiene ni idea de cómo educar a sus hijos me venga con la milonga esa de: ¡Me llevo a los niños a compartir juegos con niños gitanos sin hogar”. ¡Qué desfachatez! ¿Dónde aprendió ese tío lecciones de paternidad? ¡Cómo se nota que no fue a un buen colegio de curas subvencionado con el dinero público“…!

Pero es verdad que luchar contra corriente no es fácil. Se lo digo yo. Sin ir más lejos, el día nacional sin humo. Pues en mi casa no se cocinó. No, señor. Comimos latas de boquerones en escabeche durante todo el día. Y yo, que soy fumador ¿qué hice? Pues no fumé. Claro que no. Hay que ser consecuente. Esperé a que dieran las doce y entonces sí, acabado ya el día “D” me fumé todo lo que pillé. Hasta unos puros caducados de la boda de mi tío Augusto.

O el día nacional sin ruído. Porque miren, vivimos en un mundo lleno de contaminación acústica. Pero la gente no se da ni cuenta. Ese día iba yo en mi coche, silenciosamente, claro, y se para en un semáforo un chaval joven con la música a todo trapo. ¿Qué hice yo? Bajé la ventanilla intentando aleccionarle de que era el día sin ruido y de que bajara la música, Pero no me hizo caso. Así que toqué el claxon sin parar. Pi… pi…pi… Todo el mundo miraba, pero no quité la mano, hasta que por fin parece que se dio por aludido. El tío jodido. Bajó la ventanilla y me dijo de muy malas formas: ¿Qué coño quieres? ¡Qué poca educación, ¿verdad? La juventud… Uno que va de buena fe… y entonces le digo: ¿es que no sabes que hoy es el día “sin ruído”? Y me hizo un gesto muy feo con la mano. Prefiero no reproducirlo, que soy una persona de bien. Aceleró. Yo le volví a pitar una y otra vez, por maleducado y él subió la música. ¡Qué poca solidaridad! Todo esto en el día sin ruido.

Pero que le vamos a hacer. No todo el mundo es igual. Mira mi vecino, un insolidario. Sí, señor. Si hasta veranean en un campamento saharahui. ¡Para ayudar! Sí, sí. Será más bien para ahorrar, que lo sé yo. Que la estancia les cuesta tres duros. El caso es decir que han estado en el extranjero.

Hay que ayudar aquí, que aquí también hay necesidades. Pero claro no todo el mundo quiere mojarse. Menos mal que queda gente como yo. Que se moja, pese a todo. Sí, porque yo, debido a esa devoción a los días “D”, pues convencí a mi mujer y a mis hijos de que debíamos ir al “día del orgullo gay”. Mi mujer al principio estaba reacia, pero yo le dije: ¿estamos o no estamos? Y la convencí. Y hasta compré unas plataformas y unos pelucones para la ocasión. Y nos fuimos todos, salvo la abuela, claro, que desde la maratón no estaba para pelucones… Y la cosa no fue mal. Mis hijos se divertían, mi mujer menos, todo hay que decirlo… hasta que un travestido quiso acostarse conmigo. Y yo claro, llevado por ese sentido del bien común y de las buenas causas y de ayudar …pues…en fin… le eché una mano… a lo mejor le eché algo más. No lo sé. ¿Cómo me iba a negar? Ya les he dicho que soy una persona a la que los días “D” le vuelven muy solidaria.

Mi mujer no lo entendió. Pero las cosas como son, siempre he sospechado que mi mujer no era muy participativa en mis ideas. Siempre ha sido más alocada, egoísta, insolidaria. Incluso tengo la sospecha de que tenía algo que ver con mi vecino. Siempre le gustaron las ballenas.

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