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El programa nuclear de Irán y el G-8

Piotr Goncharov
Redacción
martes, 9 de mayo de 2006, 23:54 h (CET)
No se descarta la posibilidad de que el G-8 también se ocupe en el problema del programa nuclear iraní. La seguridad energética será el tema principal a tratar en la próxima cumbre del G-8 que se celebrará en San Petersburgo. En opinión general de los asistentes a la conferencia internacional “Seguridad global y el G-8: retos e intereses”, recién celebrada en Moscú, dentro del contexto de la seguridad energética global se examinará en el foro de San Petersburgo su problema fundamental: el de no proliferación de tecnologías nucleares en estrecha correlación con el programa nuclear iraní.

Hoy día el Consejo de Administradores del OIEA no puede dar una respuesta unívoca si el programa nuclear iraní se sale o no del marco del Tratado de No Proliferación Nuclear. El OIEA carece de pruebas directas de si el componente militar forma parte del programa nuclear de Irán. Mas, por otra parte, tampoco hay garantías de que Teherán nunca tenga la llamada “voluntad política” de hacerse con su propia arma nuclear, aprovechando las tecnologías nucleares adquiridas. En ello está el peligro del problema iraní (en una perspectiva lejana, no sólo el iraní). Es una paradoja que amenaza con degenerar en un conflicto armado con consecuencias imprevisibles.

No es sabe si la cumbre del G-8 encuentra una fórmula aceptable de resolver dicho problema: por una parte, es necesario mantener el régimen de no proliferación, como lo exige el Tratado de No Proliferación Nuclear, y por la otra, asegurar el acceso de los países en desarrollo a las tecnologías nucleares civiles, como lo exige también el mismo documento. De lo importante de este hecho se puede juzgar por Irán.

Los expertos consideran que la solución de este problema es posible en el marco de la realización práctica de la iniciativa promovida por Rusia y expresada por Vladimir Putin: crear centros internacionales que presten servicios en materia de los ciclos nucleares energéticos. Estos centros podrían eliminar la contradicción que el Tratado de No Proliferación Nuclear contiene, garantizando los suministros de combustible nuclear a los usuarios. Irán, por cierto, fue en su día la primera víctima de estas garantías lo que lo determinó, como ahora lo explica Teherán, a crear su propio ciclo con vistas a lograr el enriquecimiento de uranio.

La validez de la iniciativa promovida por el presidente de Rusia no ha despertado dudas en los asistentes a la conferencia de Moscú, sólo que han surgido problemas jurídicos en su interpretación que, en opinión general, son fácilmente superables. Lo que más importa es otro.

EE.UU. también cree que el programa nuclear de Irán debe figurar como uno de los temas centrales de la cumbre del G-8. Más aún, a fin de dar un mayor desarrollo a la iniciativa rusa, Washington promueve la propuesta de crear “reservas gubernamentales de uranio enriquecido” bajo el control del OIEA, lo que serviría de una mayor garantía para los suministros de combustible nuclear a sus consumidores. Todo parecería indicar que el interés de todos los Estados es evidente, todos están a favor y por fin ha surgido la esperanza de resolver el problema iraní sin sanciones de ningún tipo, sin hablar ya de acciones de carácter militar. Pero el problema está en que Washington no admite la moratoria provisional de Irán al enriquecimiento de uranio, exigiendo una moratoria total y sine die a lo que Teherán se opone categóricamente. ¿Hay una salida de este atolladero?

A juzgar por la manera en que Washington y Teherán siguen manteniéndose con terquedad en sus actitudes, las esperanzas de que se halle una fórmula de compromiso parecen ilusorias. Teherán sigue hablando sobre su derecho a enriquecer uranio, a sabiendas de que ahora no se trata de ningún derecho sino de la necesidad de restablecer la confianza de la comunidad internacional (en la persona del OIEA) por el programa nuclear iraní. Washington se propone redactar un proyecto de documento para el Consejo de Seguridad de la ONU que obligue a Irán a cesar la ejecución de su programa nuclear. John Bolton, embajador de EE.UU. ante la ONU, ya ha manifestado que el Consejo de Seguridad va a tomar decisiones respecto a Irán “paso por paso”.

Mucho dependerá, por supuesto, del informe del Director del OIEA sobre el programa nuclear iraní, informe que será presentado al Consejo de Seguridad de la ONU antes del 28 de abril. Todo parece indicar que esta vez el informe de El Baradei no contendrá pruebas directas de que el programa nuclear de Irán tenga componente militar, igual que pruebas de su ausencia. Es dudoso que el “viejo zorro” asuma responsabilidad personal de pronunciar un fallo categórico al programa nuclear iraní, sin antes discutirlo en una reunión del Consejo de Administradores del OIEA. Es más probable que El Baradei se queje del carácter urgente de la preparación del informe y de la escasez de tiempo, proponga redactar su variante definitiva para la reunión ordinaria del Consejo del OIEA fijada para junio próximo. Este informe vendría muy al caso como nunca: justamente en vísperas de la cumbre del G-8. Esta variante convendría a muchos: tanto a Teherán como Moscú y Pekín y hasta al “trío europeo” (Francia, Alemania y Gran Bretaña) que sostiene negociaciones con Irán. A excepción de Washington, por supuesto.

Pero eso será ya la última concesión por parte del OIEA a Teherán, lo que el G-8 posiblemente tenga que declarar.

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Piotr Goncharov, para RIA Novosti.
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