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Tod@s somos iguales, salvo nuestras (s)electas señorías
Pelayo López
Ahora que estamos llegando al final de la liga de fútbol en nuestro país, y que dos de nuestros representantes están en las finales de las dos competiciones continentales más importantes –algo que nos llena de orgullo y satisfacción, como diría aquel otro-, he vuelto a rescatar del subconsciente un pensamiento que resurge con fuerza cada vez que veo en los medios de comunicación las imágenes de seguidores, eufóricos o decepcionados según el resultado final acompañe o no, apoyando al equipo de su amores en sus desplazamientos por cualquier rincón del mundo.
Uno se pregunta, en el caso de que no sean jubilados, estudiantes o parados, que suelen ser minoría por diferentes causas, si estas personas han pedido un día de vacaciones, un día de “asuntos propios”, o si se han escaqueado argumentando una “fiebre temporal” o cualquier otra dolencia que, obviamente, remitirá tras el partido. En definitiva, en estas circunstancias, cada uno se las apaña como puede, pero lo que es evidente es que apañárselas se las apañan. Y aquí entramos en el meollo de la cuestión, el apaño es a cada cual el suyo. Curiosamente, ¡qué coincidencia!, el día en que se disputaba el Barcelona-Milán en el Senado se celebraba la votación por la Ley de Reproducción Asistida, y la comparecencia por parte de sus señorías a la misma no fue que digamos, aprovechando el guiño de la cámara, “pleno”, ni mucho menos, puesto que hubo ausencias de representantes de casi todas las formaciones políticas.
No es la primera vez que eso sucede con las obligaciones de nuestros representantes, ni tampoco será la última. Unos días después, en la sesión inicial, también en el Senado, del debate de la Comisión General sobre la Reforma del Estatuto de Cataluña, la situación fue prácticamente la misma. Aunque deberían habernos representado todos nuestros presidentes autonómicos, únicamente se personaron el interesado, el presidente de Cataluña Pascual Maragall, y el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Parece ser que “otras actividades políticas y parlamentarias” les impiden estar presentes.
Mientras, en la otra cara de la moneda, o en la misma mejor dicho si tenemos en cuenta su valoración respecto al resto de nosotros, es el infinito mundo de posibilidades que a nuestros representantes, en este caso nuestros diputados, se les abre en la conciliación de la vida laboral/pública y personal, algo que a los demás nos es más bien imposible. Una guardería para sus hij@s de 0 a 3 años de cara al próximo curso, una tarjeta-monedero con 200 €/mes para sus desplazamientos en Taxi por Madrid –a entender, por los mismos problemas de tráfico que tod@s podemos padecer, como la macro M-30 o la nueva T4 de Barajas- y la ampliación del servicio de vehículos de atención protocolaria son solamente algunas de sus comodidades, para que luego fomenten, por ejemplo, el uso de los transportes públicos colectivos. ¡Eso es dar ejemplo!. Como se puede comprobar, intereses y contrapartidas que aún no alcanzan al resto de la sociedad y que nos recuerdan cada día que tod@s somos iguales, salvo nuestras (s)electas señorías.
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