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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Confederaciones federadas

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
lunes, 8 de mayo de 2006, 21:48 h (CET)
En todo esto de buscar problemas sectorizando poderes, se conoce el principio pero no el fin. Pregonándose a bombo y platillo las bonhomías del independentismo estatutario, cada acción se orquesta primero en las avanzadillas mediáticas de bombos y timbales, donde después los distintos tenores van acomodando la opinión pública. Hace unos días la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, anunciaba su deseo para que en unos meses estuviera el Anteproyecto de Ley de reforma de Confederaciones Hidrográficas. Dicho y hecho, el creador de la realidad nacional andaluza, el presidente andaluz Chaves, declara en su órgano de propaganda que ve "irrenunciable la reivindicación de la gestión de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir".

Todo sea por el poder como realidad visible, que la gestión de los cauces entendidas como unitarias y al servicio de la península ibérica, se puedan trocear de manera invisible por líneas administrativas territoriales. Desde luego no me incluyo, entre en ese "nadie entendería que un río tan simbólico para Andalucía como es el Guadalquivir no sea gestionado por la Junta", que manifiesta el inquilino de San Telmo. Todavía recuerdo las palabras de Juan Pablo II al esbozar sobre el agua como un bien moral pertenece a todos. La Federación de naciones españolas prevista en la mente de los actuales dirigentes, no casa con las Confederaciones dentro de la Federación, que bien podrían llamarse Confederaciones federadas. Si bien de los más de 57.000 kilómetros cuadrados de la cuenca del Guadalquivir el 90% se encuentra en territorio andaluz, el 10% restante se encuentra en Murcia, Castilla La Mancha y Extremadura. No resulta ocioso que ese carácter simbólico que con el nuevo estatuto, Chaves quiere darle a esta cuenca, su nacimiento no le corresponde a esta Autonomía. Se empiezan por las taifas dentro del territorio y se continúa con la de todo lo que pasa por allí, incluido el agua. Y en cuestión de agua y de cauces, me viene a la memoria el recuerdo de un río cuya batalla inmortalizó la historia de España y su conquista por el Islam: el Guadalete.

Cuando hasta el agua se pretende convertir en realidad nacional, que tengan cuidado los americanos con que les nacionalicen la Coca-Cola.

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