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Rusia-Europa: diálogo energético o fricciones verbales

Igor Tomberg
Redacción
lunes, 8 de mayo de 2006, 21:48 h (CET)
Durante las consultas ruso-alemanas, en presencia del presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, y la canciller de Alemania, Ángela Merkel, efectuadas en Tomsk, el consorcio Gazprom y el BASF firmaron un acuerdo sobre el intercambio de activos. Conforme a este documento, el consorcio ruso aumentará su parte en la empresa ruso-alemana Wingas GmbH del 35% al 50% menos una acción. A la par con ello, el Gazprom participará en el capital de una compañía del grupo Wintershall AG (filial del BASF) que tiene activos en Libia.

A su vez, BASF/Wintershall recibirá el 25% menos una acción con derecho a voto y el 10% de acciones sin derecho a voto en la Severneftegazprom S.L. que posee la licencia para efectuar prospecciones geológicas y explotar el yacimiento de Rusia del Sur. Por consiguiente, BASF contará con el 35% de acciones menos una de este yacimiento.

Es significativo que estos acuerdos hayan sido logrados sobre el telón de fondo de la inesperada agravación de las divergencias entre el Gazprom ruso y el establishment europeo respecto al papel y a los propósitos del monopolio gasífero ruso en el mercado europeo. Rusia no vio muy positivamente los recientes intentos de presión por parte de la UE acompañados de las acusaciones dirigidas a Moscú de haber utilizado el “arma gasífera” con los fines políticos. En resumidas cuentas, el Gazprom fue apoyado por el presidente ruso, Vladímir Putin, quien durante la visita a Tomsk declaró: “Oímos hablar sin cesar de cierto peligro de dependencia de Rusia, de que es necesario limitar el acceso de las compañías rusas a los mercados europeos. Pero procuren entendernos, pónganse en nuestro lugar. ¿Qué hemos de hacer escuchando a diario lo de siempre? Comenzamos a buscar otros mercados”.

Se ponen en evidencia también dobles estándares que caracterizan la postura de los funcionarios europeos hacia el empresariado ruso, ante todo, con motivo de la situación creada en torno a la compañía británica Centrica. Las evasiones en la prensa de que el Gazprom se propone adquirirla, suscitaron en la Gran Bretaña exigencias de elaborar una ley especial limitando la expansión de las compañías energéticas rusas a los mercados europeos. “La afluencia a nuestro país es calificada de beneficiosas inversiones y globalización, pero cuando el movimiento es inverso, no se considera de otro modo que expansión de las compañías rusas. Hemos de acordar las reglas comunes del juego”, dijo el mandatario ruso.

Al mismo tiempo, la visión rusa de estas reglas fue descifrada en París por el asesor del presidente, Igor Shuválov, quien rechazó tajantemente la tesis sobre el afán del Gazprom de monopolizar la producción de gas a escala mundial.- “El Gazprom jamás intentaba absorber el gas de Argelia, de Qatar o algún otro país, ni convertirse en monopolista universal”, dijo. “Nuestra ideología no se basa en cierta asociación de productores de gas, sino que es un sistema entrelazado y mixto de posesión de activos, cuando en el negocio participarán consumidores y productores, manifestó Shuválov.- Si esto no sucede, no habrá seguridad energética alguna. Existirán intereses distintos, y los países-productores jamás se entrevistarán con los países-consumidores”.

Entretanto, los recientes acuerdos logrados por el Gazprom con sus consocios alemanes, tanto como las perspectivas plenamente reales de su participación en los activos energéticos de Italia, Países Bajos, Gran Bretaña, Hungría, etc. fortalecen a fondo las posiciones negociadoras del consorcio en lucha por el lugar en el mercado de gas europeo en el contexto de su liberalización.

A este respecto, desempeñó su papel el pujante apoyo prestado al Gazprom por el mercado. Por más que intente Bruselas recalcar el carácter monopolista de esta compañía y la necesidad de diversificar a más brevedad los suministros de gas, el mercado mundial de valores reafirmó por enésima vez su confianza e interés hacia ella. En el transcurso de la semana que duraron estos debates con la UE, el costo de mercado del consorcio de gas arrojó un aumento del 12%. Durante cinco sesiones comerciales el Gazprom ascendió del sexto lugar en la lista de los consorcios mundiales más grandes por la capitalización al tercero, habiendo dejado atrás a Citigroup, British Petroleum y Microsoft.
El brusco crecimiento de las acciones del consorcio gasífero obedeció, por lo demás, a la decisión del banco de inversiones Morgan Stanley Capital International de aumentar parte de sus acciones en los índices MSCI, uno de los principales puntos de referencia para grandes inversionistas internacionales e indicador ponderable de la confianza del mercado. También desempeñó su papel el intercambio de activos con BASF. Para el 27 de abril, la capitalización del Gazprom se expresó en 266,3 mil millones de dólares.

Como era de suponer, la polémica rígida entre el Gazprom y la Unión Europea surtió efecto a la compañía rusa. En la carta abierta dirigida al gobierno de Rusia por el Comisario de la UE para Cuestiones de Energía, Andris Piebalgs y el ministro de Economía de Austria, Martin Bartenstein, se reconoce la posibilidad de la compañía de firmar contratos a largo plazo con suministradores. De tal modo, la UE hizo concesiones al Gazprom, habiendo insistido antes en que el gas fuera transportado hacia las fronteras de la UE donde lo venderían los intermediarios.

Además, en la carta se hace constar que Rusia y el Gazprom han sido y siguen siendo suministradores seguros de gas a Europa. Al mismo tiempo, en una declaración especial la Comisión Europea recalcó que el Gazprom es exportador exclusivo de gas ruso a la UE”; de tal modo, se reconoce como justo el principio de “canal de exportación único” que postula el consorcio ruso de gas. Hoy este último controla todos los suministros de gas de la CEI a Europa. Aunque la UE insistía hasta hace poco en el derecho de Turkmenistán y Kazajstán a suministrar por cuenta propia su gas a Occidente utilizando gasoductos del Gazprom.

En cambio, la UE sigue exigiendo firmar la Carta Energética de Europa. Pero el Gazprom se niega resueltamente a firmar la carta en su redacción actual. Por consiguiente, las partes tendrán que superar aún muchas contradicciones. Hoy, se logró encarrillar por el cauce diplomático el intercambio público de declaraciones poco decorosas. El quid del problema estriba en que sean aprobadas las condiciones recíprocamente provechosas de regulación multilateral del mercado energético de Europa. El convenio relativo a la Carta Energética no es más que la base para crear tal sistema. Se precisan esfuerzos de todas las partes para que esa base se convierta en paquete de documentos jurídicos aceptado por todos.

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Igor Tomberg es colaborador del Centro de Estudios Energéticos (Academia de Ciencias de Rusia) – RIA “Novosti”.

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