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¿Sionismo político?

Jabier López de Armentia
Opinión
lunes, 8 de mayo de 2006, 21:48 h (CET)
El sionismo político es un mar de dudas, un océano sin nombre o quizás con nombre pero, en todo caso, no el adecuado. Hablar de sionismo me genera cierta incertidumbre. Muchas son las preguntas que se me pasan por la cabeza cuando menciono esta palabra. ¿Qué es realmente el sionismo político? ¿Una religión, un movimiento social, una ideología?

Históricamente, por todos es sabido que los judíos son un pueblo que ha tenido que emigrar a diferentes países, regiones, continentes, debido en parte a un antisemitismo que pobló las conciencias de muchas personas, desde personas de a pie hasta las más altas esferas de la sociedad. Esta aclaración histórica quedaría coja si no mencionamos el carácter comercial que ha tenido siempre este pueblo, lo que le ha llevado a buscar nuevos mercados por todo el mundo en su afán por aumentar sus beneficios y acaparar más poder.

Sionismo como tal es una palabra que viene derivada de Sión, nombre de la fortaleza – roca que defendía Jerusalén –. El sionismo es el movimiento político e ideológico que establece un nexo entre el pueblo judío, disperso en diversos lugares del mundo, estableciendo como símbolo de unión de ese pueblo a Sión.

El sionismo es un movimiento político organizado que incorpora a su ideología los elementos que caracterizaban a los movimientos nacionalistas europeos de la época, por lo que puede considerarse indisociable de estos. Sorprendentemente el sionismo nace en la Rusia de los años 1880 y 1890, aunque rápidamente es expandido por las juderías de todo Europa.

En la actualidad, cristianos y musulmanes se enfrentan en Nazaret, pero no podemos obviar la existencia de una variada gama de etnias creyentes y no creyentes en el país. El pueblo judío se ha transformado en un pueblo discriminador con sus hermanos. Un pueblo que olvida pronto su pasado perseguido y odiado, marginado y excluido, olvidando así su historia, dedicándose ahora a escribir el libro de la venganza, haciendo sentir a los palestinos lo que ellos tuvieron que sentir con las persecuciones y linchamientos de los que eran objeto. El pueblo judío es la pescadilla que se muerde la cola. El torturado que tortura.

Me atrevo a decir que veo al sionismo político como una estructura ideológica fundamentada en una religión y en la ambición imperialista de un pueblo torturado por el III Reich, amparado en la actualidad bajo la tutela de Estados Unidos. Veo cómo el pueblo judío puede hacer y deshacer a su gusto, simple y llanamente por dos razones: la primera, el apoyo inconmensurable de Estados Unidos; podríamos hablar mucho al respecto de este apoyo, sólo hace falta recordar los 5.600.000 judíos que viven en Estados Unidos, más si cabe cuando hablamos de gente adinerada y que su bienestar va ligado a muchos intereses norteamericanos. La segunda razón es la evocación al pasado: los judíos evocan que la tierra que hoy habitan en su día fue suya, que Yahve les prometió la tierra y que por eso les pertenece. Un argumento muy pobre para defender la invasión de una zona donde llevaban viviendo más de siete siglos los palestinos.
No veo solamente al sionismo político como un movimiento político, como una ideología bien estructurada, sino que también veo en él un componente autoritario y dictatorial, una mala copia de un Estados Unidos en el corazón de Oriente Medio.

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