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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

A Zapatero se le tuercen las cosas

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
lunes, 8 de mayo de 2006, 21:48 h (CET)
A mí no me gusta nada que a Zapatero se le vayan torciendo las cosas, porque de paso se nos tuercen a todos. Y en este punto medio de la legislatura, aunque el PSOE se dedique a la complacencia y al autobombo, se le han torcido unas cuantas.

Por ejemplo: se le ha torcido la OPA de Gas Natural sobre Endesa, en la que tanto se ha comprometido su gobierno: él personalmente, y no digamos ya el amontillado ministro de Industria. Tanto se han implicado en la jugada y tan sucio han jugado que en Europa nos han sacado una tarjeta amarilla. Además, lo han hecho tan mal que, gracias a sus incompetentes regates, se ha abierto una puerta en las autopistas de la luz y se nos va a colar por los cables una empresa extranjera, E.ON, aunque sea con vitola de país comunitario. Como siempre, quedaremos en cuartos de final y con cara de haber hecho el pardillo.

También se le ha torcido a Zapatero su apuesta por el Presidente electo de Bolivia, don Evo Morales, ese “indígena con jersey” (Ibarra dixit), a quien, con el anunciado decreto de nacionalización, no se le ha ocurrido otra cosa que invadir las instalaciones de las empresas petroleras afectadas, tipo Repsol RIP, con numerosos efectivos del ejército, no sé si todos suyos o algunos prestados por Fidel y tal vez por sugerencia de éste y de Chávez. Tan sólo para dar espectáculo y así llamar la atención, porque, la verdad, no hacían falta esos gestos. Con lo pacífico, pacifista y apaciguador que es Zapatero, que sacó a las tropas de Irak a la velocidad de ese rayo que no cesa, que no es precisamente el vallecano, aunque fuera para meterlas después en Afganistán, donde ahora se caen los helicópteros de dos en dos para desgracia de Bono, ex-ministro vocinglero que también se le ha acabado torciendo al Presidente. No, hombre, no, Evo, “deja ya de joder con la pelota, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca”. ¿Es que no has oído nunca a Serrat?

Otro que se le ha torcido a Zapatero es su socio preferencial, Esquerra Republicana de Cataluña. Su antes admirado Carod estaba haciendo verdaderos encajes de bolillos, llamados también equilibrios incomprensibles, para no votando sí, no votar no, sino todo lo contrario y justamente al revés, en el sufrido referéndum sobre el Estatut: ese que empezó con el 90, siguió con el 54 y ya veremos si para de nuevo en el 90 para alcanzar unas buenas medidas. Finalmente, las bases de ERC, que funcionan asambleariamente, lo que no le debiera disgustar a Zapatero, han dicho a todo que no. Que no y que no y que no. No a sus propios y nulos dirigentes, a los que han obligado a rectificar. No al Estatuto, del que fueron promotores y protagonistas hasta que les pusieron los cuernos con CIU, a ellos, que no pueden ver a los toros ni en los escaparates. No a Zapatero, al que consideran responsable del engaño, tal vez de la traición. Y no a España, de la que odian hasta las flamencas de trapo que los comerciantes catalanes venden en las Ramblas a los turistas.

Al Molt Honorable President, Pascual Maragall, amigo personal del carótida Pérez Rovira, con el que ha compartido Rosas en Cataluña y espinas en Israel, no le va a quedar más remedio que convocar elecciones. Eso, o tirar al susodicho Carod por el agujero del water, haciendo caso omiso de aquella lejana advertencia de La codorniz: “Señora, si tiene usted un aborto, no lo eche al water, puede llegar a ser rey”. Claro que de Maragall se puede esperar cualquier cosa, incluso que se niegue a convocar elecciones y decida mantener a su amigo en el gobierno de Cataluña, ese que no ha hecho otra cosa que esconder porcentajes de corrupción bajo de las ricas alfombras del Palau de la Generalitat. Porque Maragall, como es notorio y público, es otra de las torceduras de pata que ha sufrido en su cuerpo el Presidente español. Nada raro, por cierto, con tanta asimetría federal, tanta corona de Aragón y tanta leche bendita cuya marca es Pascual. Y por si algo faltaba, el señor Carod Rovira les ha dicho a los socios del tripartito, PSC e ICV, que si no se sienten a gusto, se vayan tranquilamente a su casa. Lo que quiere decir que él se queda, porque él se basta y se sobra para gobernar Cataluña ¿Tendrá tan pillado a Maragall que este no se atreva a arrojarlo por el derrumbadero de las amortizaciones y los desperdicios? ¡Cuánta basura hay en el mundo, Señor! “Eso, eso, y todo por culpa del partido popular. Piqué, vaya tela”.

Claro que Zapatero siempre puede decir aquello de que Dios escribe derecho aunque lo haga con renglones torcidos. Pero es que la “torcida” (que en este caso no es la selección brasileña de fútbol) es tan general y tan grande que también alcanza al Clero ese de las narices, con el que Zapatero está realmente a parir. Ya sabéis: matrimonio gay, enseñanza de la religión, colegios concertados, futura financiación… Es decir, la hostia. Porque viniendo la cosa de donde viene y yendo por donde va, es muy justo a decir: “con la Iglesia hemos topado”, como dijo ya don Quijote hace tropecientos y tantos años. Sólo en Gibraltar encontraremos un hueso tan duro.

Lo único que le falta a Zapatero es que Otegui, personaje esquizofrénico que se debate entre la mediación y el presidio, aprovechando la imperiosa necesidad que tiene el Presidente de tapar sus fracasos con un rotundo éxito, se le suba a unas barbas debilitadas y voluntariosas y le someta a un engaño morrocotudo del que no pueda levantarse jamás. Porque eso trascendería con creces al propio Zapatero, ya que él caería de su pedestal mágico de plaitex, lo que tiene una importancia relativa, pero nosotros, los erectos, quedaríamos todos doblados. Y eso sí que es política, social y humanamente importante. A estas alturas de la democracia, deberíamos saber que Zapatero no es Zapatero, sino el Presidente de todos los españoles, incluidos los que no se sientan representados. Y él, Zapatero, no puede confundir sus deseos con su responsabilidad. Y mucho menos si son deseos de gloria. Así, pues, tendrá que hilar muy fino para no aceptar jamás una paz tutelada por los terroristas, los amigos de los terroristas y los que recogen obscenamente las nueces. Las víctimas, que han aguantado lo inaguantable, y en general los españoles en su conjunto, se merecen que el terrorismo se acabe de verdad y que la libertad, sin tapujos ni condiciones, se instale definitivamente en el País Vasco. Sólo de esta forma la paz será auténtica y duradera.

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