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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Dilemas de los lectores

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 8 de mayo de 2006, 05:09 h (CET)
Hoy en día todo viene tabulado por las estadísticas, cualquier actividad que se precie expondrá sus porcentajes y gráficos como la máxima expresión, como sus mejores signos de grandeza. No obstante, estas mediciones, como tantas otras, entrañan una AMBIGÜEDAD INQUIETANTE. Que si el enfoque, las muestras utilizadas, género o clase social de los entrevistados, duración del estudio, o cuantos condicionamientos vayamos a tener en cuenta. Estos matices y recovecos nos conducirán a otra realidad, existen estadísticas con resultados para contentar a todas las tendencias. Unas demuestran que se lee más, otras que menos, confirmarán que la gente interpreta cada vez peor los textos, el buen nivel alcanzado por los escritos, o bien recalcan la intrascendencia de los mismos. Para cada opinión se fabrica una estadística apropiada. Hay explicaciones para cada cosa...y también para la contraria.

Por muy novedosas que sean las pretensiones de unos escritores modernísimos, es cuestionable su acierto o desbarajuste. Me apunto a la interpretación de E. M. Forster sobre el hecho literario: "La literatura muestra el zumbido, el murmullo de una época". Es como una reverberación, un eco, de las vivencias, de las vicisitudes de los ciudadanos. La genialidad de los autores será muy meritoria o no pasará de mediocre, descubrirá matices o elaborará fantásticas aventuras; pero se asienta en un tiempo social al que sirve de reflejo. ¿O acaso podremos pensar en una literatura ajena a sus vetas sociales como fuentes de inspiración? A lo sumo, las creaciones literarias contribuirán al murmullo, aunque conviene bajarles los humos, su riqueza no consiste en suplantar a las gentes, sino en redescubrir los MATICES ARTÍSTICOS, por eso mismo estimulantes.

En esta dirección, José Tono Martínez profundiza en el último número de Revista de Occidente sobre la contracultura y un renovado protagonismo de los lectores. No se trataría de un deleite pasivo sugún los dicterios más a la moda. A partir del hecho literario, como de los sucesos vitales, es sugestiva la idea de entrar en unos tiempos de PROVOCACIÓN para unos lectores potenciales. En ellos reside la vivencia literaria de la recepción e interpretación. Sólo como colofón se sumarán las experiencias de cada lector. Escribe el mencionado Tono: "La verdad, -lo que llamemos verdad-, se consolida en efecto como dificultad, rastreo y reconocimiento de las distintas pistas que a su paso han dejado intérpretes anteriores".

Cuando no tomamos el mando de nuestras experiencias lectoras o vitales, no le demos más vueltas, las demás orientaciones no podrán sustituirnos en esas presencias. Dimitimos y desaparecemos de la escena, serán otras entidades o voceros quienes adquieran las cartas de representación. Ahí tenemos un PRIMER DILEMA, crucial para las siguientes actuaciones. O cada uno se posiciona con energía, o permanece pasivo. En este último supuesto florecerán las imposiciones o dogmatismos ajenos. Hasta los mayores libertarios se tornan intolerantes con otras opciones, ya no admiten otras valoraciones. ¿Ya todo ha de tener el mismo valor? ¿Seremos capaces de calibrar los argumentos esgrimidos de manera racional?

Por supuesto, el hecho artístico, literario en este caso, no tiene limitaciones extrañas; únicamente las propias de la capacidad humana. Podremos encontrarnos con géneros de pura diversión, pasatiempos, históricos, fantasía, humor, etc. Con verdaderas bazofias, creaciones espontáneas, realidades teledirigidas y algunos chispazos de genialidad, Ya tenemos OTRA VERSIÓN DEL DILEMA. ¿Nuestro interés coincide con el de los autores? Si ya no creemos en autoridades profesorales ¿Por qué hemos de confiar en un autor determinado? ¿Quién miente o quién se expresa con sinceridad? ¿Cuáles son sus pretensiones al frontar a los posibles lectores? Quizá no existan verdaderos lectores, pero son insustituibles como tales. ¿Cómo acercarnos al hecho literario tan diversificado?

Existe un dilema al que pudiéramos denominar el de las TENTACIONES, las de aquellos que pretenden la institución de estrictos cánones culturales, o la de los libertarios más furibundos; todos acaban en tendencias dirigistas, ellos pretenden la representación de una iluminación que nadie posee. Vean sino a los que se definen como muy cientifistas, a los contraculturales, los portadores de la esencia de los pueblos, etc. Se impone una titánica labor para desvelar esas tentaciones y liberarnos de ellas en lo que sea posible. Se trata de una labor nunca acabada porque las tentaciones son humanas y camaleónicas, capaces de múltiples disfraces. ¿Qué interés tienen en hacernos creer las falsedades más notorias?

¡Conviene recalcar la importancia del dilema de los SILENCIOS! Podemos comenzar por esa tenaz descatalogación de libros, con la excepción de aquellos libros estimados por la industria como oráculos. ¿Cómo se le ocurre buscar ese libro editado hace ya varios años? Su búsqueda se convierte en una odisea con final poco propicio. Usted descubra el libro en su momento o deje de molestar. Y luego se quejan de que uno pueda disponer de textos por Internet. Están los silencios ideológicos o políticos. Tendemos a un seguidismo pasivo de las propagandas, si no es a través de ellas dejaremos pasar muchos textos, independientemente de su valor. ¿Qué podremos medrar entre los silencios?

Finalmente, está el dilema de la URDIMBRE. Urdimbre del lector o espectador activo. Por fortuna, no somos entes de un sólo polo. Que algunos no pasen de de 3 ó 4, los cuadriculados, ya será triste, con tantas posibilidades y tan maravillosas, y ellos sota y caballo sin más horizontes. Lo fascinante radica en esa multiplicidad de orientaciones, de ahí la importancia de las raíces de cada persona, de sus cualidades, de sus instintos o apetencias. Repele el simplismo artificioso, cuando predomina excesivamente el polo del instinto, sólo se ejerce con la espontaneidad, o se abusa de las raíces. Somos complejos, con un entramado insustituible, de ahí los variados matices de los que puede echar mano cada persona.

Como lector o como espectador, no queda más remedio, hemos de sentirnos provocados por todo lo circundante. Es la manera de apoderarnos de las respuestas, nuestras RESPUESTAS INDELEGABLES. Eso es posible, únicamente, alejandose de los extremos ligados a códigos férreos, escapando de las contraculturas empedernidas. La respuesta se relacionará con todos, no cabe una posición de aislamiento total. Mas, ¡Nadie pude alcanzar nuestras interpretaciones!

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