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Opinión
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​Los corderos y los cabritos de la Pascua política española

Ni debate electoral ni preguntas incómodas para que, Sánchez, pueda obviar lo evidente: su falta de un proyecto viable capaz de solucionar el futuro de España
Miguel Massanet
miércoles, 10 de abril de 2019, 15:12 h (CET)

Sin que parezca que exista medio para evitarlo, sin que quienes en España estarían en condiciones de, con su voto, salvar al país, algo que ya nos parece un milagro que se logre conseguir y sin que el tiempo, que ya se nos echa encima, permita alentar esperanzas de una reacción de la sensatez, el pragmatismo y el sentido común de la ciudadanía, adormecida por los efectos tóxicos de quienes se valen del engaño, las promesas que no están en condiciones de cumplir, los regalos que saben que no van a poder mantener y, lo que quizá sea lo peor, el empeño en desprestigiar a la derecha con falsas acusaciones, con fáciles y rebuscadas descalificaciones y, lo más imperdonable, mintiendo y falseando todo cuanto consideran que puede ser un medio de deshacerse del adversario, aunque no sea más que una burda martingala para indisponerlo con los votantes, pretendiendo hacer creer al pueblo que, si gobernaran los partidos de derechas, todas las ventajas sociales que se ha hecho creer a la gente que la izquierda estaba en condición de darles, les serían negadas y, aún más, reducidas, si los partidos que han sido capaces de sacar a España de la situación de quiebra en la que la dejaron los socialistas de Rodríguez Zapatero, consiguieran formar un nuevo gobierno.

Por desgracia, lo que fue el PSOE del señor Felipe Gonzáles, se ha convertido en una pieza de museo y cualquier similitud de aquel partido constitucionalista con esta formación de resentidos en la que se ha convertido aquel viejo socialismo, nacido en Suresmes, ha desaparecido para ser sustituida por un grupo de agitadores, rencorosos, guerra-civilistas, nostálgicos de la II República, fanáticos y sectarios, que solamente aspiran a ocupar el poder, sin que sea obstáculo para ello el tener que apelar a cualquier método por infame, poco ortodoxo, vergonzante y rastrero que fuere, si con ello consiguen sus espurios objetivos. La circunstancia de que, dentro del partido del señor Pablo Iglesias (no el meterete este que preside Podemos, sino el fundador del PSOE) todavía queden algunas personas con sentido común y que, con toda seguridad, no están de acuerdo con el sistema utilizado por su jefe de filas, no basta para contrarrestar al equipo de ministros, especialmente ministras, que apoyan en todo a P.Sánchez, cualquiera que fueran las ocurrencias de dicho señor, utilizando de forma torticera la falta de una ley en la que se concretaran, como debería ser, las limitaciones de la Audiencia Permanente, un órgano que, una vez disueltas las Cortes, es absurdo que, reducido a una mínima expresión y con el sólo objetivo de ir solucionando los asuntos de mero trámite, los socialistas lo hayan convertido en un medio de ir aprobando todas aquellas leyes que saben que les van a beneficiar para conseguir votos, aún a sabiendas de que, si ellos no ganaran las elecciones y no pudieran gobernar, los que consiguieran hacerlo se verían coartados por semejante exceso de decretos-ley aprobados por sus antecesores. Resulta incomprensible que, la Junta Electoral, no haya visto, en semejante hiperactividad legislativa, un motivo para llamar al orden al actual gobierno provisional de la nación española, por utilizar la ventaja que les permite, no olvidemos que sólo para casos excepcionales y de gran urgencia, el sistema legal del decreto-ley.

Pero es evidente que, estas elecciones, están afectadas por una serie de circunstancias que hacen que el ambiente necesario de calma, tranquilidad, sosiego, contexto de seguridad jurídica y de normalidad social no formen parte de la realidad española, afectada por otras variables que hoy en día están influyendo de forma evidentemente perturbadora, sobre el pueblo español. En primer lugar existe un contencioso que hace que, la unidad de la nación española, esté puesta en cuestión. Los políticos catalanes, debido fundamentalmente a la falta de cohesión necesaria entre los partidos que pudiéramos considerar como defensores de la Constitución y, en especial, por la evidente falta de coherencia del señor P.Sánchez en cuanto a su forma de tratar a los separatistas catalanes y sus declaraciones públicas en las que, sorprendentemente, ha vuelto a utilizar aquella expresión que ya utilizó en sus relaciones con Rajoy, demostrando el grado de obstinación y falta de sentido de Estado de este individuo, cuando eran momentos en los que era preciso que existiera un acuerdo entre los dos principales partidos españoles para sacar adelante al país, cuando estuvimos al borde de tener que ser rescatados por Europa; han aprovechado la falta de entendimiento entre los políticos llamados constitucionalistas para ir profundizando en la gran brecha que han abierto entre la autonomía catalana y el resto de España. Pero, por mucho que ahora el señor Sánchez insista con su “no es no”, cuando le preguntan por las posibilidades de que se les hagan cesiones a los separatistas catalanes para que éstos le apoyen, si necesitara sus escaños en la nueva legislatura; la forma en la que por parte de este actual Gobierno está tratando los temas, preocupantes y desestabilizadores, relativos a las actividades de los soberanistas durante estos tiempos pre-electorales, no permiten a cualquier observador medianamente avispado, pensar que las relaciones Gobierno-Generalitat están rotas, por mucho que todos los miembros del ejecutivo socialistas intenten demostrar que ya no existe relación alguna entre ambas instituciones.

Es evidente que, si algo pudiera perjudicar la carrera imparable del señor Pedro Sánchez hacia la Moncloa, sin duda sería el sentimiento de rechazo que muchos españoles sienten ante el hecho de que, Cataluña, se haya constituido en un problema insoluble y que España, en estos momentos, se encuentre en una situación incómoda ante Europa por culpa de la propaganda catalana, falaz y tendenciosa, que están difundiendo desde la Generalitat, gracias a sus famosas “embajadas”, que tanto dinero cuestan a los catalanes ( 40 millones de euros al año) y que, el actual gobierno dirigido por los socialistas, haya permitido que después de un 155 que las eliminó por completo, la Generalitat, con toda la cara dura, las haya vuelto a abrir para, desde ellas, seguir minando, dentro lo que está a su alcance, la honra de la nación española, intentando desacreditar sus instituciones y, la primera de ellas, nuestra Justicia.

Si Sánchez tiene algo de qué preocuparse que le pueda amargar este camino de rosas que se le presenta para acceder a la Moncloa, es la posibilidad de que los votantes empiecen a sospechar de que, en todo este tema de las relaciones con Cataluña, hay gato encerrado. Y ello se demuestra si observamos la forma airada y precipitada con la que reacciona el Presidente del gobierno cuando, desde la oposición, se hace hincapié en sus concesiones y su falta de reacción inmediata ante los casos en los que el independentismo catalán, los famosos CDR, o los mismos de la CUP, sin olvidarnos de este sujeto impresentable en lo que se ha convertido el señor Torra que, si hubiera otro gobierno en España que no estuviera vendido al voto de los catalanes, ya haría tiempo que hubiera pedido a la fiscalía que lo llevasen ante la Justicia, por todas las injurias que lleva vertidas contra la nación española y sus ciudadanos.

Vista la situación actual y lo que las sucesivas encuestas (siempre teniendo en cuenta lo que se suelen equivocar en sus pronósticos) parecen indicar, sería conveniente que el señor Rivera, de Ciudadanos, dejara lo suficientemente explicitado algo que sería fundamental para apartar de sí cualquier duda respecto a la credibilidad de sus afirmaciones, Es preciso que despeje las dudas motivadas por su comportamiento en otras ocasiones en las que afirmó lo mismo y luego lo ignoró. Se le debe exigir que se comprometa, desde ahora mismo, si fuera preciso bajo juramento, a dejar claro el hecho de que no tiene intención de gobernar con el PSOE por mucho que se lo pidan. Y es que este señor ya han sido varias las ocasiones en las que se había manifestado su intención de no pactar nunca con los socialistas y, sin embargo, lo hizo en Andalucía y, anteriormente, con el propio Sánchez. Y decimos que convendría que dejara suficientemente diáfana su posición de no pactar en ningún caso con el PSOE, si se diera la circunstancia de que, celebrados los próximos comicios y se diera la posibilidad de que los resultados permitieran que la suma de escaños de uno y otro partidos fuera suficiente para tener mayoría para gobernar. Creemos que los presuntos electores de Ciudadanos tienen derecho a tener debidamente asegurado que, en el caso mencionado de que la suma permitiera un gobierno de coalición o cualquier tipo de acuerdo de apoyo mutuo, entre las dos formaciones de izquierda y centro izquierda, no van a recibir la desagradable sorpresa de que, el señor Albert Rivera, acabara desdiciéndose de sus promesas y cediera a la tentación de recibir unos cuantos ministerios para sí mismo y para su partido, Ciudadanos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, visto lo visto, y curados de espanto ante la cantidad de cambios que se están produciendo, desde hace un tiempo, en cuanto a la política de nuestra nación, una política errante motivada por los vaivenes bruscos de gobiernos que, en lugar de servir para que, en lo fundamental, en todo lo referente a la economía, las relaciones financieras, la política exterior y el tema catalán existiera un cierto continuismo, que no pusiera en peligro todo lo conseguido en cuanto a sacar a España del peligro de ser rescatada y en lo relativo a las medidas que fueron precisas tomar para poner en marcha nuestra economía, recuperar el empleo y conseguir que, el resto de Europa reconociera el gran esfuerzo y el éxito de los sacrificios que se tuvieron que hacer para conseguir entrar en fase de recuperación. Mucho nos tememos que esta ola de relativismo que nos han traído las nuevas generaciones; su ignorancia supina respecto a los acontecimientos que dieron lugar a nuestra Guerra Civil y el haber nacido en épocas en las que todo se les ha dado; sean unos factores que les lleven a tomar decisiones que, lo único a lo que lleven a nuestra nación, sea el volver al punto de partida que podríamos situar en el mes de noviembre del 2011. La fecha en la que España se jugó a una sola carta su porvenir cuando el PSOE se rindió y el PP aceptó el reto y…acertó.

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