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La próxima cumbre energética agudiza los debates en torno al tratado

Igor Tomberg
Redacción
sábado, 6 de mayo de 2006, 20:38 h (CET)
En su discurso en el Foro Económico Ruso de Londres, el vicepresidente del Directorio de la empresa “Gasprom”, Alexander Medvedev, se opuso enérgicamente a la Carta Energética, calificándola de documento absolutamente inviable.

“Durante los acontecimientos ucranianos no oímos ni un solo comentarios de estos hechos por parte del Secretariado de la Carta Energética -, hizo recordar Medvedev -. Ello evidencia que el documento es inviable por no reflejar en la mayoría de sus cláusulas las condiciones de un mercado real”. Esta mención de la Carta Energética se hizo como respuesta al llamado hecho por el ministro de Comercio e Industria de Gran Bretaña, Alan Johnson, quien, al pronunciar su discurso en el Foro antes de Medvedev, llamó a Rusia a ratificar el Protocolo de Tránsito que forma parte de la Carta Energética.

Los debates que surgieron en el Foro marcaron un giro más en el tema que versa sobre la creación de un mecanismo de regulación multilateral del mercado energético global, sin el cual difícilmente se logrará conciliar los intereses opuestos de los participantes en este mercado: productores, consumidores, transitistas y despachadores. Sin ese mecanismo apenas será posible hablar de un sistema más o menos garantizado de seguridad energética global.

El problema de la seguridad energética representa el tema central de la presidencia de Rusia en el G-8 en 2006. En este contexto, el problema de la ratificación por Rusia del Tratado de la Carta Energética (TCE) se considera por los socios occidentales en el G-8 como obligación directa de Moscú que ambiciona el liderazgo energético global. Esta tesis es ahora poco evidente. En la propia Rusia hoy día predominan los opositores a la ratificación, si bien a nivel del Gobierno las posiciones no son tan negativas. El ministro de Finanzas de Rusia, Alexei Kudrin, confiesa que en principio Rusia está dispuesta a dar este paso. Víctor Jristenko, ministro de Industrias y Energía, estima necesario introducir modificaciones en el Protocolo de Tránsito que, a juicio de Rusia, es una de las partes más importantes del Tratado.

Hoy por hoy, la Carta Energética Europea firmada en 1991 sirve de hecho como único instrumento que establece la actitud común hacia la garantía de la seguridad energética, instrumento aprobado por todos los Estados del G-8, incluidos tanto los grandes extractores de energía (Canadá, Rusia y Gran Bretaña) como sus importadores (Francia, Alemania, Italia, Japón). EE.UU. no se ha adherido a la Carta.

El Tratado de la Carta Energética suscrito en 1994 por 51 Estados, ratificado por 45 de ellos y que entró en vigor (o sea, se hizo parte inalienable del Derecho Internacional) en 1998, sirve de instrumento jurídico principal que rige este proceso. Las cláusulas del TCE tienen carácter vinculante para los países que lo han ratificado. Todo parece indicar que la plataforma que sirve para mantener la cooperación internacional en materia de la energía, en que nada hace falta inventar, existe desde hace ya 15 años. Pero también es cierto que en este período la Carta no ha llegado a ser base del sistema global de regulación multilateral, pese a lo perfecto de las disposiciones de la parte tanto política como jurídica.

Como ya se ha comentado, Rusia insiste en que antes de ser ratificada, la Carta Energética debe ponerse a punto. Así, en opinión de Alexei Kudrin, la Carta adolece aún de una serie de defectos. “La Carta vigente tiene suspendidos varios artículos relacionados con la protección de las inversiones. La Carta no tiene elaboradas definitivamente las cláusulas relativos al tránsito pues este problema se ha agravado con la incorporación de nuevos países a la Unión Europea porque el estatuto del tránsito para ellos ha cambiado” -, piensa el ministro.

En lo que se refiere al problema del tránsito, la postura de Rusia (y la de la “Gasprom”) fue aclarada hace poco en términos bien claros por Valeri Yazev, titular del comité de energía, transporte y comunicaciones en la Duma de Estado: “El objetivo principal del Protocolo de Tránsito existente está en abrir acceso de los productores de gas de otros países de la CEI al sistema de gasoductos maestros de la “Gasprom”. El objetivo de nuestros socios de la Carta Energética está en dejar entrar en nuestros gasoductos a los productores y exportadores de Azerbaiyán, Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán a un precio de tránsito bajo – equivalente al que rige dentro de Rusia – de 35 centavos de dólar por 1000 metros cúbicos. En tal caso su gas en la frontera con Alemania costará mucho menos que el ruso y simplemente desplazará nuestro gas del mercado”.

Es evidente que con los actuales precios mundiales del gas resulta absolutamente imposible lograr que Moscú y “Gasprom” acepten aprobar el Protocolo de Tránsito sin introducir en éste el concepto de “instalaciones de tránsito disponibles”. Este concepto defiende los lógicos intereses de la parte rusa porque refleja las realidades de los mercados energéticos actuales en los que una serie de empresas extraen recursos energéticos y, a la vez, son propietarios de sistemas de su transporte. La obtención de ciertas ventajas en caso de que Rusia firme el protocolo, por ejemplo, la garantía de que no habrá robo de gas en el territorio de los países transitistas, después del conflicto con Ucrania a comienzos de año, provoca cierto escepticismo.

Al propio tiempo, parece irracional rechazar de entrada el enorme cúmulo de ideas más avanzadas, normas y técnicas jurídicas e inversionistas tan perfectas que contienen la Carta Energética y su Tratado. Muchos analistas opinan que, en cuanto a asegurar la regulación multilateral correcta y eficaz del mercado energético, la Carta Energética parece ser un documento mucho más moderno y lógico que muchas disposiciones de la Organización Mundial del Comercio concernientes a otras esferas del comercio internacional. Por eso ahora que Rusia prácticamente está por ingresar en la OMC vale la pena pensar en su papel como miembro de esta asociación. Dada la posición privilegiada del país dentro del sistema energético mundial, parecen bien fundadas, por ejemplo, las iniciativas que prevén utilizar el sistema de la OMC para organizar la regulación multilateral del sistema energético mundial. Este planteamiento, por cierto, puede sacudir e infundir fuerzas a esta organización que hoy día necesita ideas frescas.

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Igor Tomberg, Máster en Economía, científico del Centro de Estudios Energéticos, para RIA Novosti.

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