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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

¿Debe sorprendernos?

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 6 de mayo de 2006, 04:15 h (CET)
Si desde hace meses se viene denunciando la persecución por parte del gobierno nacional socialista de Cataluña contra los comerciantes que osan rotular sus comercios en castellano o la imposibilidad que tienen los estudiantes de Cataluña para estudiar en castellano, ahora el Consejero de Turismo de la Generalidad se ha superado a sí mismo y a toda su totalitaria pandilla.

Huguet pretende obligar, por vía sancionadora, a los comerciantes de Las Ramblas y a los que se encuentran ubicados en los alrededores de la Sagrada Familia a retirar de sus establecimientos las típicas muñecas vestidas de flamenca que todo visitante hortera compra para colocar encima de su televisor. También los toros – de juguete - se van a ver afectados por esta medida. La razón aducida por el Consejero sería que dichos recuerdos para turistas no son estrictamente catalanes y que se pretende fomentar la artesanía catalana. Cosa que, naturalmente, impiden los malvados comerciantes, empeñados en vender aquello que los consumidores demandan.

Alberto Fernández ha acusado a Huguet de “ser el brazo armado del nacionalismo”. Y se ha quedado corto. Hasta el habitualmente condescendiente Josep Piqué se ha escandalizado y ha tildado al gobierno de totalitario e ignorante –debe ser que Peret o Carmen Amaya no son catalanes-. Como si la rumba catalana fuera de Mozambique o como si en Barcelona no hubiera corridas de toros ni tradición taurina. ¡De locos! Claro que hay que tener en cuenta que Awali ya atiende órdenes en catalán. Ya saben, el gorila del Zoo de Barcelona al que tienen enjaulado los defensores de los derechos humanos para los primates.

Los fabricantes de estos souvenirs ya han advertido, y con razón, que esta medida nacional-socialista sería la equivalente a prohibir la venta de camisetas del Barcelona F.C. en Valencia o Madrid. Claro, que Huguet juega con ventaja: ni en Madrid ni en Valencia hay un gobierno nacional socialista.

Además de la locura nacionalista a la que apesta esta decisión –empeñados como están los nacionalistas en borrar cualquier rastro que pueda identificar a Cataluña con España- es ésta una medida intervencionista típicamente socialista. Porque los socialistas, sean o no nacionalistas, que odian el libre mercado hasta extremos neuróticos, se creen con pleno derecho para intervenir hasta los productos que los pequeños comerciantes venden en sus establecimientos. Vida y hacienda. Todo es susceptible de ser invadido por el poder gubernamental, que es quién debe de determinar incluso la vida privada de las personas. Es el gobierno el que debe planificar qué productos pueden ser puestos a disposición del público y cuáles no. Es decir, por este lado, tampoco hay nada nuevo bajo el sol. Es el socialismo de siempre.

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